ENTREVISTA DE JESÚS BROTONS, RETRATOS DE SILVIA VARELA
Fotogramas y fotos de archivo cortesía de Jorge Grau

Director, guionista, pintor y ocasional actor, Jorge Grau tenía un ejemplar del ¡Indignaos! de Stéphane Hessel encima de la mesa. Lo estaba leyendo cuando fui a entrevistarle un sábado por la mañana. Rodeados de sus pinturas, que un Grau resfriado pero dicharachero explicó por encima (“Ese personaje mira a la derecha por esto, aquel está detrás por esto otro…”; nada al azar), hablando con este hombre de gran parecido con el Johnny Cash de los últimos años tuve claro que la juventud, ese divino tesoro que nos venden los publicitarios, no es una cuestión de edad.
“La fuerza de lo light: ese eslogan es para mí el símbolo del mundo actual”, dijo Grau. “Nos quieren convencer de que lo light es fuerte: sea dócil, es la forma de ser revolucionario. ¿Qué?”. Más adelante citó a Hessel: “Estamos en una democracia dirigida. Los seguidores de un partido están atentos a los principios de su partido, hay que estar a favor o en contra. La libertad no es eso. No consiste en apuntarse a un partido, sino en decidir si te apuntas o no. A mí, como persona que quiere sentirse libre, no me gusta estar sujeto a una pauta. Ni a la de los siete pecados capitales ni a la del Manifiesto Comunista. Cuando murió Franco, me llamó [Juan Antonio] Bardem y me dijo: ‘Jorge, ya estamos en democracia. Ya puedes apuntarte al Partido Comunista’. Y yo le dije, ‘Hombre, tanto como eso…’ Total, que no me apunté. A partir de entonces fui considerado por los comunistas, incluido Bardem, como un anarquista peligroso”.
Eso fue en 1975, el año en que Grau rodó La trastienda; una película que arreaba fuertes palos a la doble moral de la clase bien y a la autocensura disfrazada de norma de conducta. Ya llegaremos. Ahora toca retrotraernos un poco más, a 1957: el año en que Grau, entonces un novato con bemoles, se puso por vez primera tras una cámara y le enmendó la plana a Riccardo Freda. También el año en que el prototipo de la actual ‘caverna mediática’ le cogió una tirria que provocaría su marcha a Italia, donde se comprometería definitivamente con el cine y forjaría amistades de por vida. Vayamos por pasos.

Videos by VICE
“Mi amigo me permitió ir por las tardes a la oficina. Allí escribí mi primer guión, . Pero no tenía un duro, sólo el dinero del documental. Tuve que dejar la pensión, dormir en casas de gente… Entonces apareció una convocatoria para estudiar en el Centro Sperimentale di Cinematografia. Me presenté y gané. Con esa beca tenía la comida asegurada, así que me fui a Roma

VASCOS Y CATALANES Goliath contra los gigantes El coloso de Rodas Noche de verano: “Mi primera película. Luchada a cien para hacerla, con muchas dificultades” Después, yo no tenía ningún proyecto. Tenía la sensación de que no tenía nada que decir. Tuve la suerte de que fuera seleccionada para un festival en Argentina. A la vuelta iba con el jefe de la Asociación de Productores Españoles, que me dijo que le presentara un proyecto. En el avión, de regreso de Buenos Aires, pensé qué era lo que a mí me interesaba contar. Así hice el esquema de . “En Madrid tuve una oferta inmediata para hacer una película, con un tema determinado. No me gustó y los de la oferta me pidieron un proyecto. Yo cogí la idea de José Bergamín de que el español era como el espontáneo en los toros y, con la colaboración de otros dos guionistas, hice el esquema de El espontáneo Acteón Le habían contratado para hacer una película, él tenía ideas pero necesitaba a alguien que le ayudase. A mí trabajar con Oteiza me pareció estupendo. Me enseñó mucho sobre experimentación en lo que él conocía bien, la escultura, hablando de la expresión de sentimientos. Empezamos a escribir un guión, pero Oteiza propuso algo que me alarmó: una secuencia donde se pretendía demostrar, con elementos técnicos e históricos, que el vasco es de una raza diferente”. “En esa época Oteiza seguramente tenía una gran relación con ETA. Luego no, pero en aquel momento la tenía. Hablaba de la figura del pastor vasco, de su soledad, las estelas funerarias que son las culturas… Yo no estaba dispuesto y partimos peras. Quise dejarlo, pero el productor propuso que hiciéramos la mitad de la película Oteiza y la mitad yo. Oteiza protestaba, hacía discursos al equipo… A los dos días de empezar mi parte, me llama el productor: Oteiza le ha enviado una carta mandándonos a freír espárragos, que éramos unos mediocres que no entendíamos de arte ni de nada y que no quería unir su nombre al de gente como nosotros Acteón Una historia de amor Tuset Street Quería contar una historia que había visto en El Molino de Barcelona”, “Yo iba mucho, y las chicas que salían eran resabiadas, casi agresivas. Un día vi en el coro a una chica a la que habían puesto allí, sin maquillar, tímida, sin nada que ver. Dos o tres meses después la chica había cogido el aire de todas. El cambio me llamó la atención. Busqué un argumento para contarlo y, al mismo tiempo, hablar de la doble Barcelona: la de la Diagonal para arriba, el Paseo de Gràcia, Pedralbes… y la del Barrio Chino, cansada, sudada, medio delincuente, ese mundo duro pero atractivo… La Barcelona del puerto y de Montjuïc Hice un trato con Suevia Films, y Ricardo Muñoz Suay tuvo la idea de unir la potencia económica de Suevia con la Escuela de Barcelona y, a la vez, aprovechar un trato que tenía con Sara Montiel. Una mezcla extraña. Tuve una entrevista con Sara y se mostró como una persona arrolladora, simpática, divertida. Luego, el ambiente de la Escuela de Barcelona la echó para atrás Ella estaba acostumbrada a su corte de admiradores, y para ellos Sara era la España del olé, olé. La trataban con cortesía, pero con superioridad. Ella, que era muy hábil oliéndose las cosas, lo percibió, se sintió juzgada y ahí empezó todo a enrarecerse. Terminamos mal Llegó a nivel mundial una nueva moda de cine de terror, que volvió a levantar la productora Hammer; , con Christopher Lee y todo eso VAMPIROS Y ZOMBIS

La trastienda full frontal José Frade me contó que una noche estaba en un restaurán con su mujer y más gente del cine, todos con sus esposas, y entró con una chica joven el compositor Augusto Algueró, que entonces estaba casado con Carmen Sevilla. A pesar de ser amigo de todos, los comensales hicieron lo posible porque no se sentara con ellos, y eso que todos tenían sus amantes y sus líos. Pero esa noche estaban con sus mujeres ‘legales’. Frade me preguntó si de ahí podía salir una película, y me interesó porque reflejaba algo cada vez más presente en la sociedad: la hipocresía una ciudad lo bastante pequeña para que todos se conozcan Un día, a la entrada de un cine, antes de abrir, un señor sale de la cola y llama con los nudillos en el cristal. El portero pregunta qué pasa. Y el señor dice: ‘Oiga, ¿de verdad se ve el parrús de la Cantudo? Porque si no, pido que me devuelvan el dinero La Cantudo llegaba a casa y encontraba a una compañera de piso en la bañera, escribiendo a máquina. Lo de la máquina se inventó para que no se le vieran las tetas. ¡Je, je! La chica le decía: ‘Estás loca. Te vas a enamorar de un tío que es tu jefe. Y está casado. ¡Y además es del Opus!’. Cuando decía esto, todo el cine hacía ‘ooohhhh’ El adúltero, en mi guión, es del Opus. La censura no me lo prohibió pero no le gustó nada. Frade decía, ‘Jorge, ¿por qué no pones que es de Acción Católica?’ Pues porque Acción Católica es caspa. Pero el Opus Dei… El Opus actúa con gran hipocresía; en cuanto a moral, aceptan lo que les conviene y rechazan lo que no. Y nadie lo mencionaba. Un compañero del cineclub era del Opus y un día le pregunté: ‘¿Pero tú eres del Opus?’ Me contestó: ‘Hay una virtud que se llama discreción’. Y eso que estábamos solos Unos estuvieron en contra porque ponía en evidencia un supuesto sentimiento religioso, y a los otros les pareció que, en vez de una película de afirmación antifascista, había hecho una película erótica. Tuve en contra a la parte intelectual de derechas y la de izquierdas El secreto inconfesable de un chico bien La siesta La leyenda del tambor Coto de caza Yo era amigo de Manolo Summers, jugábamos al fútbol todos los viernes” Él tenía un guión a favor de la pena de muerte, y yo le hice una reflexión muy seria. El planteamiento estaba bien— —pero no me gustaba que defendiera la pena de muerte. Yo no la defiendo un extraño ser, muy de derechas pero muy inteligente y con ganas de ser abierto y el productor, que debía mucho a Summers por haber hecho 5 ó 6 películas de gran éxito económico, aunque a regañadientes aceptó Un empresario, Juan Bautista Soler, dueño entonces del Palacio de la Música y del Valencia C.F., me dijo: ‘si usted quita el momento en que ella duda y va directo al plano en que dispara, la película es un éxito; si no, ya veremos’. No lo hice. Eso hubiera sido una venganza visceral, y no era lo que quería Fui a un cine a verla y, cuando ella coge la escopeta, sale y dispara, había un aplauso general la gente salía defraudada. El público quería que ella se vengara abiertamente. Eso el empresario lo sabía, pero yo no podía aceptarlo Coto de caza Pero, ¿qué pasó? Que los críticos y gente de los partidos sabían que era de una productora ligada a Summers, un señor de derechas. Cristina Almeida estuvo en el estreno e hizo unas declaraciones contra mí Una de las pegas del sistema actual es que, a nivel de partidos, la democracia que tenemos es una pugna entre dictaduras posibles, que no van a actuar como Franco o Mussolini sino con hipocresía, con la democracia como espejo. Igual que el Opus Dei: hay cosas que se pueden decir y cosas que se deben callar. En ese mundo estamos Noche de verano, 1962 No profanar el sueño de los muertos, 1974 CODA: FELLINI
Corriere della sera Fellini vino un día al Centro Sperimentale para hablar con los alumnos y enseñar sus películas. Le pedí una entrevista. Él creía que yo era un chaval que había buscado la ocasión de estar con un director famoso, pero cuando la entrevista apareció en una revista, cuatro páginas enteras, le encantó. Me llevó a su casa y me pidió que le hiciera sangría. Yo no tenía ni idea de hacer sangría pero hice algo parecido… Y así se estableció una corriente de simpatía”.
“Fellini me ayudó mucho cuando yo iba a hacer . Él estaba preparando , un día se angustió mucho, le entró miedo y se encerró en su despacho conmigo, simulando que hablábamos. Ese día no se rodó. Otro día, un periodista nos hizo una foto juntos. Esa foto se publicó en una revista con el título , y sirvió para que actores importantes aceptaran leer mi guión. A raíz de esa relación, todo cambió. En años posteriores le dije alguna vez lo mucho que le debía, y él le quitaba importancia: ‘No, tú lo has conseguido porque eres valiente’. Pero no habría tenido ocasión de demostrarlo si no llega a ser por él”.
“En 1993 yo estaba en Florencia, en un congreso, y murió Fellini. Fui directamente del tren a Cinecittà. Allí su secretaria me dijo: ‘Hay algo que te gustará saber”. Le había leído mi última carta en el hospital. Fellini estaba inmóvil pero la oía. En mi carta le reñía por estar enfermo: que no tenía derecho, que aún tenía muchas cosas que hacer… Una carta de ánimo, lo más divertida que se podía en un caso así. Fellini la escuchó sonriendo y le hizo a su secretaria un gesto con la cabeza, como diciendo, ‘ah… Giorgino’ Jorge Grau con Federico Fellini