LA MODA DE LA MONA

Para mí, viajar de aventón es la mayor de todas las oportunidades. Me ha llevado desde mi seguro y confortable hogar en Quebec, Canadá, a una sucia y oxidada casa a punto de derrumbarse en el centro de San Luis Potosí, México, para convivir con un grupo de jóvenes (punks-hippies-vagabundos-anarquistas-malabaristas-alcohólicos) mexicanos. Pasamos un tiempo con todos, pero la mayoría se fue a otros lugares de México, mientras que yo y mi amigo viajero nos dirigimos a otro lugar junto a uno solo de ellos, Tomika (nombre ficticio). El plan era que solo viajaríamos los tres por la selva mexicana, pero mi amigo se enamoró de una potosina de dientes podridos, y me dejó solo con Tomika.

Al principio le tenía mucho respeto a Tomika, sobrio era muy inteligente para un niño de la calle. Comencé a disfrutar de su manera de ver la sociedad y a admirar su manera de vivir una vida de viajes y fiestas en México sin un peso en su bolsa. Había viajado por toda la república durante 10 años y ahora tenía 24; comenzó a los 14 y no ha parado. Su manera de vivir es muy simple e, irónicamente, todo se basa en un concepto muy capitalista de vender. Este tipo de viajeros vende su arte callejero (flores de botes de aluminio, brazaletes de cuentas, atrapa sueños, aretes, collares, anillos, etc.) para ganarse unos pesos, pero la mayoría del tiempo son muy anti capitalistas. En el caso de Tomika, es mayormente un malabarista de fuego, pero también hace flores y brazaletes. Al final del día, la mayoría del dinero recaudado se gastaba en cerveza, un buen Caguamón de Victoria; se usaban algunos centavos para la comida, pero no era prioridad. La mayoría de la comida se las regalaba gente generosa. Es sorprendente la cantidad de cosas que se pueden conseguir, si se pide de la manera correcta…

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Mis últimos días con Tomika resultaron bastante extraños, porque comenzamos a enfiestarnos con unos panalitos de $20 pesos de Tonayan, junto a otros desconocidos, sobre las calles de San Luis Potosí. Después de 3 o 4 días de fiesta contínua sin dormir, Tomika comenzó a perder el control y solo quería beber más y más.

Después de un rato el alcohol no era lo suficientemente divertido, y no había dinero. En momentos como ese, la creatividad te puede mostrar maneras asombrosas de ponerte hasta el culo, sin gastar tanto varo. Como nos estábamos quedando en el taller de un artista, había bastantes solventes, pegamentos y pinturas. Por lo mismo, cuando regresamos de una caminata en la ciudad, todo el lugar olía a taller de pintura y sabía que nadie de los conocidos pintaba con spray. Pronto pude ver las manchas plateadas en las bocas de dos tipos. Cuando le pregunté a Tomika que tenían en los labios, puso su dedo índice sobre ellos como un niño que quiere esconder un secreto, sonrió y dio un largo respiro de una bolsa de plástico.

Ponerte hasta el culo con esas sustancias es muy sencillo, se aplica pintura al interior de una bolsa o contenedor y se inhala regularmente. Pueden estar hasta el culo durante ocho horas si inhalan cada dos minutos. Parecían niños de seis años con retraso mental y dificultades de habla. Ahí desapareció toda mi admiración por Tomika. Salieron a la ciudad y regresaron todos babosos gracias unas pastillas que consiguieron por ahí, y comenzaron a inhalar pintura de nuevo. Hablé con Tomika un rato sobre su odio hacia el gobierno mexicano, y le dio la idea de tomar una foto que simbolizara su rebelión contra su gobierno. Quería orinar en la bandera mexicana. Y lo hizo.

A eso de las 3 AM, me di cuenta que habían revisado mi mochila, porque vi que faltaban cosas. Estaba cansado y algo paranoico. Comencé a gritar que sabía lo que había sucedido y que no era una situación que iba a tolerar. Entonces, uno de los tipos comenzó a empacar sus cosas para irse. Que tipo tan sutil. Tomé la decisión de solucionar el problema con una pala de metal. Me dijo que no había robado nada de mi mochila, y Tomika me dijo que revisara que era lo que me hacía falta; se habían movido algunas cosas pero nada hacía falta.

Ok, me puse paranoico y reaccioné de una manera exagerada. Así que me fui a acostar con la pala a mi lado y todos hicieron lo mismo, excepto Tomika, que fue directo al baño a pegar un cague. Cuando lo escuché vomitar, rápido tomé mi cámara para inmortalizar el momento. Estaba cagando y simultáneamente vomitándose los pantalones. Regresé a dormir pensando que dormiría sentado en su trono, pero a los 5 minutos le ganó la gravedad. Cuando regresé al asqueroso baño, estaba tirado entre la pared y el cesto de basura, semidesnudo, con pintura en los labios, rodeado de vómito, con su mierda flotando en el escusado y su dignidad volando lejos, muy lejos de toda esta miseria humana.

Fotos y texto por GABRIEL LAJOURNADE

Gabriel se encuentra viajando de aventón desde Quebec hasta Argentina. Estará escribiendo para nosotros cada vez que pueda conectarse a internet, pero por lo pronto conoce el resto de su historia aquí.

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