PINCHE VIEJA

Los hombres al volante son lo peor. No solamente pretenden
que la calle es suya si no que van como pendejos viendo a las mujeres que
cruzan la calle,  a la que baja del
camión,  a la del auto vecino, a la del
puesto de quesadillas y toda aquella pobre que su vista de cerdos pueda abarcar
mientras manejan, sumado esto a su 
irritante lenguaje corporal  (¿o
lenguaje automotriz?).

Los hombres tienen la capacidad de hacerte sentir agredida
todo el tiempo:  cómo le echan el  auto a los demás, cómo aceleran cuando no hay
dónde acelerar,  cómo chingan. Por eso mi
mamá me decía cuando me enseñó a manejar «que no te importe si te empiezan a
chingar esos estúpidos, no dejes que te chinguen la psique, mijita, esos
asquerosos sólo quieren asomarse a tu blusa a la primer oportunidad, te quieren
JODER cuando caminas por la calle, te quieren JODER cuando andas en bicicleta y
también cuando manejas tu auto,  ellos
juegan a ser omnipotentes y así se la pasan». Siempre creí que me lo decía porque
ella es un verdadero cafre y  crecí
pensando que se merecía todas las mentadas de madre que se ha llevado. Pero
después de años de convivir al volante con estos estúpidos ¡vaya que sí la
entiendo!  Compartir el pavimento con
ellos es la cereza del pastel en el que celebro odiar a todos los cabrones de
esta ciudad.

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-Pinche vieja- me gritó un 
pendejo hoy en la mañana, porque me detuve para dejar pasar a un ciclista
que, por intentar ganar terreno para cruzar la calle, provocaba un hilera de
coches que se desviaban para esquivarlo, haciendo un tráfico fatal. -Pinche
PENDEJO- le contesté al enfurecido conductor. Lo peor fue que el ciclista, otro
PENDEJAZO, no quiso pasar para que no le mentaran la madre a él también y se
quedo ahí paradito en la esquina el muy puto con cara de «no tuve nada que
ver», pero bien que primero andaba ahí, «echando lámina».  A ese pinche ciclista que se la cobre el karma
que carga el hijo de puta, llegué a pensar en que ojalá alguien lo atropellara,
pero después me arrepentí; yo no soy como ellos.

 «Pinche vieja» cuando
te estacionas en la calle, «pinche vieja» cuando te frenas para ver el letrero
de una calle, «pinche vieja» cuando no avanzas, «pinche vieja» cuando dejas o
cuando no dejas pasar, para todo, simplemente «pinche vieja» y una asomada a
tus tetas.

Así  que un saludo a
todas los machos, un saludo a todas esas bestias que sólo saben manejar con el
pito y la mentada de madre en la punta de la lengua, para todos ustedes: HUEVOS.

por Dennise Abush

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