Jugar a un Final Fantasy es sumergirse en un mundo junto a un grupo de personajes que, para el final de la historia, sentirás como viejos conocidos. Acercarte al final del juego siempre es algo hasta cierto punto triste, ya que no volverás a ver a ese grupo de vale-vergas que, después de muchas horas de matar pendejadas y subir de niveles, te ayudaron a salvar al mundo.
Esta entrega no es la excepción: una producción impresionante que no deja fuera el mínimo detalle. Las gráficas son sorpendentes, ya sea que estés en un airship, explorando una caverna o viendo como un chocobo puede vivir en el pelo de un Harlem Globetrotter. El sistema de combate es novedoso, controlas directamente a uno de los miembros de tu partida, y controlas que tipo de «rol» juegan tus compañeros (médico, commando, saboteador, etc.). Esto le da una fluidez muy agradable a las secuencias de combate y te obliga a estar atento al estado de tu grupo: estar picando una y otra vez «ATTACK» no te lleva muy lejos ya entrado el juego.
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Por otro lado, uno de los principales atractivos de los Final Fantasy era la libertad que te otorgaban para hacer lo que te diera tu pinche gana en el juego. Llegabas a un punto y podías explorar, regresar a lugares para seguir peleando contra enemigos y así subir de nivel, disfrutar de minijuegos y en general, hacer una pausa de la historia principal del juego para divertirte con sidequests. Todos estos elementos se encuentran ausentes. Este es el Final Fantasy más lineal que se ha hecho: solo caminas hacia enfrente, la mayoría del tiempo por un pasillo que no te da la opción de tomar otro camino y solo puedes seguir la historia principal del juego. En ocasiones, llegas a sentir que estás viendo una novela, más que jugando un RPG.
El punto más bajo de este Final Fantasy, es Vanille, uno de los pinches personajes más odioso en la historia de los videojuegos. La tipa que hace su voz debería de ser sacrificada. Vanille va en el estante de «NO MAMES», junto a Jar Jar Binks.
Aún con esos dos grandes defectos, Final Fantasy XIII es toda una experiencia: cualquier gamer con un poco de respeto a su persona sabe que es un «A HUEVO» en su colección, que implicará un chingo de horas. Si te vas a quedar valiendo verga en tu casa esta semana santa, este juego es una muy buena opción para invetir tu tiempo, en lugar de masturbarte viendo versiones dobladas de The Ten Commandments, Ben-Hur o el gore de The Passion of Christ.
MARCO TULIO VALENCIA
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