
Un escritor, Stendhal, para ser más exactos, dijo alguna vez: «El transcurso del tiempo sucede de manera diferente, para mí, los domingos, en lo que generalmente me aburro y todo me parece mal». Esto es cierto, y su estragos pueden ser tan profundos que pueden llegar a durar más de 24 horas. Me refiero a lo repugante de los lunes, un día que podría ser maravilloso para olvidar la pesadilla del día anterior, despertándose uno tarde y saliendo a caminar bajo el sol -porque hoy hay sol- pero no, al contrario, al momento de abrir los ojos la marea de responsablidades y obligaciones obnubilan la mente y lo introducen a uno en un ritmo que no hace más que llevarnos a nuestra propia muerte. Dicho esto quedan claras mis razones para no haber ido a trabajar hoy y estar en cama, con un toque y un café, escribiendo este blog.
Me gusta escribir estos blogs, me gusta platicar con ustedes, y me gusta que en la revista vean que, aunque no fui, he hecho algunas de mis labores. Si ustedes, queridos amigos, no leen un blog mañana será quizá que me hayan despedido, espero que no. Qué rico lunes, habrá valido la pena todo. En serio.
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