Afganistán es sinónimo de guerra. Da igual en qué aspecto del país te centres, la guerra está omnipresente. No hay niño que no sepa improvisar una bomba con un clip, un chicle usado y una bufanda. De todo eso ya os contamos bastantes cosas en nuestra Vice Guide To Travel, pero es que contínuamente surgen nuevos detalles acerca de su obsesión bélica que nos dejan boquiabiertos. Como estas alfombras. Olvidad por un momento que los muyahidines adultos lleven la guerra en la sangre, meen balas y caguen obuses: ¡aprovechemos que aún faltan unas semanas para el inicio del curso escolar y tomémonos un refresco cómodamente sentaditos en una de estas bellas alfombras bélicas!
La historia de las alfombras con motivos bélicos se remonta hasta los años 70, aunque esto no es seguro: es difícil asegurarlo con certeza tratándose de un país en el que la mayoría de la gente ni siquiera sabe cuántos años tiene. Lo más probable es que la cosa empezara poco después de que los hippies, tras apurar unas últimas caladas de hachís, se escaparan a Goa para hacer sitio a los soviéticos, que en atención a su deferencia procedieron a devastar Afganistán con todas las armas a su alcance.
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Según parece, existía entonces en el país algo llamado «Escena Artística Afgana», cuya figura central era Amanullah Haiderzad, quien actuamente detenta el cargo de «Consejero Artístico» para Hamid Karsai. Desconocemos qué se supone que significa exactamente ese título en un país cuyas infraestructuras y sistema educativo no pasan, como mucho, de rudimentarias. En 1980 el escultor huyó a Peshawar (Pakistán) a través del paso de Khyber, con un grupo de sus estudiantes de la Escuela de Arte de Kabul, animándoles a ayudar a otros refugiados a canalizar sus frustraciones a través del arte.
Con el paso del tiempo, y tras atravesar varias guerras más, esta forma de terapia se consolidó, creándose un pequeño negocio alrededor y convirtiendo las obras resultantes en piezas de arte perfectamente aceptadas. Aunque las alfombras bélicas existen desde hace sólo un cuarto de siglo, pueden distinguirse ya tres etapas diferentes.
Las primeras alfombras se tejieron durante la era de la ocupación soviética. Tras abandonar los Soviets el país en 1989, aparecieron un buen montón de alfombras con motivos de mártires, lo cual puede asociarse con las luchas por el poder de los muyahidines y su posterior reinado. La gente no tejió muchas alfombras bajo la ley talibán: el simple hecho de gozar visualmente con un conjunto armonioso de colores ya te hacía merecedor de una lapidación.
La tercera etapa de las alfombras bélicas se inició con el 9/11, los bombardeos de la OTAN y la llegada al poder de Karzai. Desde entonces, estas alfombras se han convertido en un importante producto de exportación afgano (por supuesto, un millón de veces por debajo del opio). ¿La razón? Que los soldados de las fuerzas de seguridad internacionales las compran a montones para llevárselas a sus países y después venderlas en eBay. Os mostramos a continuación algunas de nuestras favoritas:
Ésta vendría a ser la Carta Magna de la guerra Hindu Kush. Se trata de una de las alfombras bélicas más antiguas y muestra el ataque al castillo durante el golpe de estado de 1978 en Kabul.
Un verdadero clásico que muestra el arsenal ruso de los 80, de los BMT’s a los lanzagranadas y los populares rifles AK. Colócala al lado de la chimenea y fijo que te chuscas a esa alemana buenorra que sólo lee libros sobre la Facción del Ejército Rojo.
Esta alfombra luce un AK con cargador anaranjado que sólo utilizaban las Fuerzas Especiales rusas. Una pieza cara y difícil de encontrar.
Guerra, alfombras artesanales y arte postmoderno. ¿Quién da más?
El portaaviones situado abajo quizá implique que los americanos son culpables no sólo de la guerra, sino también de los ataques del 9/11. Pero resulta todo un poco confuso, y no capto la conexión que pueda haber entre el misil que hay a la derecha y la paloma de la paz del centro. ¿Alguien tiene alguna idea?
Ahmad Shah Massoud. Vaya una filigrana, ¿eh? Puede apreciarse la belleza de todos y cada uno de los píxeles que componían la foto digital original.
FELIX NICKLAS
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