¿Qué hiciste tú el día de San Valentín? Yo no podía permitirme comer en un restaurante, rodeado de parejas intentando recordar una época en que sus conversaciones no trataban siempre sobre decoración, ni tenía ganas de presenciar el crisol de soledad y desesperación que es un cóctel-bar en un día como ése. En vez de eso, me follé a mi novia en público.
Aquí, en Inglaterra, follamos mucho en público. Tanto, de hecho, que hasta tenemos un nombre para este acto: dogging. He de aclarar que no soy un pornófilo hipersexualizado con un deseo insaciable de encontrar nuevas formas de correrme. Sólo soy un idiota con unas cuantas rosas, unas tarjetas de felicitación y una bolsa llena de chocolatinas Lindt a quien le gusta conducir por estrechas carreteras secundarias en busca de hombres con la picha fuera en el interior de sus coches.
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Con la asistencia de una fotógrafa y de mi colega Sam –armado con un bate, por si acaso–nos metimos en el coche y nos dirigimos a Milton Keynes.
Hallamos nuestra primera localización a las afueras de un campo de golf a unas diez millas de Milton Keynes. Este sitio es bien conocido en los muchos foros de internet dedicados al cancaneo. De camino nos encontramos al sonrisas éste. La Inglaterra moderna cuenta con muchos Cupidos, pero ninguno es tan efectivo como este hombre. Puede que respire como un perro viejo con leucemia, hable un inglés rudimentario y obtenga la mitad de sus ingresos haciendo trapicheos en los cruces de tráfico, pero ya me gustaría a mí ver a Patti Stanger, a Mr. Jonathan Walker y demás casamenteros en un carril central cerca de la Circular Norte en una gélida noche de febrero.
Estas son las tarjetas que llevamos. Nunca, al menos que yo sepa, he estado cerca de unos cancaneadores, así que ignoro si son lo bastante genios como para descifrar chistes visuales tan sofisticados como este.
O este otro. ¿Cómo se escribe una tarjeta de San Valentín a alguien a quien no conoces de nada y cuya única intención es eyacular en tu parabrisas antes de irse a pata a casa para volver a pelársela pensando en la experiencia? A veces, “Feliz Día de San Valentín” no es suficiente.
Nos decidimos por un tema musical.
Llegamos al lugar e inmediatamente vimos a esta pareja, apartadita es una sitio a distancia. ¿Podéis distinguir la silueta de mis jeans? En este momento me sentí un poco como un “gaviotero”: en el argot del cancaneo, un voyeur al que le gusta encaramarse sobre el capó del automóvil y correrse en el parabrisas. A pesar del crash económico, los negocios de lavado de coches se están forrando gracias a estos valerosos pervertidos. George Osborne haría bien en hojear su libro de estilo; es decir, si consiguiera abrirlo sin que las páginas se quedaran pegadas unas con otras.
Ver a dos personas montándoselo en un aparcamiento cerca de Milton Keynes no iba a ser obstáculo para que nuestra fotógrafa, Holly, perdiera la oportunidad de ponerse un poco “artística”. No está mal, ¿eh? Como la portada de una novela inacabada de JG Ballard o algo así. A estas alturas ya se habían dado cuenta de nuestra presencia y de la cámara, pero, al mejor estilo ballardiano, no pareció importarles lo más mínimo.
Inmutables, siguieron a lo suyo.
De vez en cuando, el tío sacaba la cabeza de las tetas de su compañera y nos miraba como diciendo “venid aquí”. Bajó la ventanilla, les dimos una rosa y una chocolatina con forma de conejo y hablamos un rato. Nos dijeron que podíamos usar las fotos que les habíamos hecho con la condición de que ocultáramos sus caras y la matrícula del coche. Todo un detalle por su parte. ¡Gracias, colegas!
Yo diría que disfrutaron teniendo atención.
¡Fijaos en el color de sus piernas! Si puede conseguir una erección en esas condiciones, es que un jefazo entre todos los jefazos. En este punto se puso a gritarnos “sacad la polla”.
El hombre #1 se vistió y se marchó, y la mujer #1 nos invitó a compartir la calidez de sus ropas/coche. Declinamos lo primero, aceptamos lo segundo y conversamos de forma casual acerca de cómo hacer encajar el cancaneo con la rutina del día a día. La banda sonora a nuestra interacción la ponía ese grupo tan popular, los Black Eyed Peas. Entonces, de entre la oscuridad, surgió este tío. Muchos magníficos escritores de ficción se han pasado capítulos enteros tratando de capturar el aspecto que tienen dos amantes cuando se encuentran por primera vez. Sospecho que ninguno de ellos, y eso incluye a Will.I.Am, ha logrado conjurar esa imagen de forma adecuada. Parece que este tío “tiene la sensación” de que “esta noche va a ser una gran noche”. Nosotros no, así que “salimos del coche”.
El segundo follódromo al que fuimos estaba a unos 8 kilómetros de distancia, en un aparcamiento en la A421 en dirección a Buckingham. Bueno, creo que en realidad no hay forma posible de camuflar que se trata del Brogborough Camping Site. La policía sabe desde hace tiempo que en este sitio se practica el cancaneo, y la pareja que nos encontramos antes nos había prometido “mucha diversión” si íbamos allí, incluso en una fría noche de un lunes de mediados de febrero. Apagamos las luces y nos quedamos sentados un rato en la oscuridad escuchando a Chet Baker. Al poco rato ya nos habíamos cansado, así que sacamos la linterna y descubrimos toneladas de cajetillas de cigarrillos vacías…
…y este Post-it…
Y entonces apareció este tío.
Como no podía vernos encender y apagar nuestras luces de freno (lo cual, en el sutil código cancanero, significa “Soy gay”), optamos por hacer parpadear durante un rato las luces interiores. Antes de que nos diéramos cuenta nos habíamos embarcado en un absurdo juego de códigos Morse con nuestas linternas. Nos lanzó unos destellos pero no se decidió a salir de su coche, ni siquiera cuando simulamos estar follando con Holly sobre la mesa de picnic. Finalmente decidimos romper el proverbial hielo: nos acercamos y le dimos una tarjeta y un conejo de chocolate. Nos dijo que estaba esperando a alguien. Diez minutos más tarde arrancó el coche. ¡El muy bastardo nos había mentido! Fuimos tras él.
Adelantó a un semi-remolque en un cruce con poca visibilidad y le perdimos. Lo único que quedó fue nuestra tarjeta, tirada en el asfalto.
Tristes y con la amarga sensación de haber sido rechazados pusimos dirección a Londres. Habíamos oído que había un “carril de los amantes” que transcurría a lo largo del río en Chiswick. Aquí tenéis una vista. Bastante bonito. “Algún día me gustaría follarme a alguien en un coche aquí”, pensé.
Para ser sinceros, lo cierto es que estaba todo quieto allí en Chiswick. Al cabo de un rato, este ciclista, al que habíamos visto pedaleando en el camino, se nos acercó a la altura de la entrada al Chiswick Rugby Club. Hicimos lo de las luces del interior del vehículo y él se paró a nuestro lado. En las siguientes tres fotos podéis apreciar su reacción al flashazo de nuestra cámara de fotos. ¡Menuda imagen!
Nos dijo que nos íbamos “a meter en problemas” con un melodioso acento de Europa del este, después de quedó mirando nuestra matrícula durante una eternidad y, finalmente, desapareció en la noche dándose muchos aires. ¡Esperamos que hayas encontrado el amor, solitario ciclista comunista!
Dulwich era el sitio que más inquietaba, y en consecuencia también el más entretenido. A estas alturas nos habíamos quedado ya sin conejos de chocolate, así que tuvimos que parar en una estación de servicio y comprar unos cuantos Ferrero Rocher. Resultó que eso fue un verdadero golpe de suerte, porque me parece que este tío es el embajador del cancaneo.
También era bastante modesto y no deseaba atraer ninguna publicidad. Cuando le seguimos a las faldas de la colina, había un coche de la policía esperándonos. Nos hicieron parar porque, en sus propias palabras, nuestro coche parecía “una fiesta ambulante”. Los polis nos dejaron marchar, nos fuimos a casa, nos lavamos la vergüenza de las manos y nos dejamos caer en la cama, demasiado derrengados para follar.
TEXTO: KEV KHARAS & SAMUEL BREEN
FOTOS: HOLLY LUCAS
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