Flavio Cesar

Anoche llegué
agotado de la calle. Me acosté igual que siempre sin ninguna hora límite para
terminar mi descanso. Poco sabía que descanso es lo que menos habría.

Soñé que estaba
en una estación del metro. No había gente en el lugar, estaba todo en silencio.
De pronto un idiota llega y me empuja hacia las vías del tren subterráneo. Me
jodo los putos pies al caer y no me puedo reincorporar.

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Flavio Cesar, el
pendejo que salía en Agujetas de Color de Rosa y en todas las putas portadas de
su disco tirando abs de six-pack, había sido el que me había empujado.

Le grité, lo
llamé puto (nada contra los putos), lo llamé un pedazo de mierda (nada contra
la mierda) y le juré que si salía de la situación, iba a dedicar mi vida a
hacerlo pedazos.

Flavio César, en
un arranque de no-se-que-chingados me dio la mano y me sacó de las vías del
tren. Me pidió disculpas por haberme empujado, me pidió disculpas por haber
contaminado mi vida con novelas mierda y con todavía peor música.

Tratando de ser
una buena persona, le dije «No hay pedo Flavio César, a todos nos entra el
chamuco a veces» lo regañé. Me dio las gracias por ser tan comprensivo. Me
prometió que buscaría a Jesús en su vida. Me dijo que haría un come-back con
otro disco, que había estado visitando regularmente el gym y que tenía en su
closet unos pantalones de cuero sin estrenar.

Solo lo empujé a
las vías sin voltear para atrás.

Algunas personas
nomas no merecen una segunda oportunidad.

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