Hace un par de fines de semana tuvieron lugar las últimas ediciones del Faraday y el PopArb, dos festivales paradisíacos situados el primero al lado de la playa de Vilanova i la Geltrú y el segundo repartido entre el pueblo de Arbúcies y los bosques que lo rodean. Fueron dos días de tranquilidad durante el día y desmadre por la noche, de barbas de hippies de verdad y de modernos que lo pretenden parecer, de aspirantes a MILF haciendo masajes corporales junto a sus hijas en el VIP del Faraday, de estampados hawaianos, de discusiones con los Herman Düne, de mesas redondas dirigidas por Martí Sales de los Surfin’ Sirles, de narices sangrantes en el concierto de Mujeres, de fans del pop català en el mejor y el peor sentido del término, de napolitanas de chocolate bañadas en gintonic y de cámaras desechables.



