La mejor canción para despedir la semana y prepararte para el finde es, sin duda, «On the Beach», de Chris Rea. Es puro OxyContin musical y aquí en la oficina llevamos un año administrándonoslo cada viernes por la tarde. El viernes pasado, sin embargo, nuestro redactor y ex-jevi Jess Burton se puso a pinchar unos temas technopop que aumentaron más nuestras ganas de instigar el alcoholismo. Y por eso le pedimos que nos hiciera un mixtape.
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RHEINGOLD – Stahlherz (1982)
Neue Deutschen Welle, así llamaban los alemanes a su escena new wave local. Pues vale. Rheingold eran de Düsseldorf, encajaban como anillo al dedo en dicha escena, tuvieron su cuota de éxito en las listas y sacaron, según a quién preguntes, tres discos o cuatro. Poperos, bailonguillos y tal, van muy bien para levantarte por las mañanas de buen ánimo y prepararte el café meneando el bullarengue. Pero no todas las mañanas. Y no cualquier clase de café.
E.M.A.K. – Filmmusik (1982)
Mientras los anteriores salían en televisión y recibían aplausos, los E.M.A.K. (Elektronische Musik aus Köln) casi no salían de su estudiete en Colonia y, cuando lo hacían, recibían los aplausos de sus convecinos, pero en la cara, y entre gritos de «con un grupo raro en la ciudad ya tenemos suficiente». Así y todo se las arreglaron para guisarse (y comerse) tres elepés. Este tema tuvo cierto predicamento entre la chavalería local, mayormente cuando iban encebollaos.
TELEX – Moscow Diskow (1979)
Que te califiquen de «grupo de culto» es jodido, porque es sinónimo de que en su día no te comiste una rosca. También positivo, porque abre la puerta a que dos o tres décadas después vuelvas a los escenarios, más cascado y desubicado, a seguir suscitando indiferencias. Telex, al menos, tuvieron un éxito con esta canción, que aún hoy sigue escuchando la policía belga mientras busca gente encerrada en sótanos e interroga a tipos padres de sus propios nietos.
YELLOW MAGIC ORCHESTRA – Pure Jam (1981)
La YMO causó un acceso de fiebre (amarilla) en Japón a lo largo de su carrera, durante la cual se permitieron pitorrearse -con elegancia- de Martin Denny, patentar una electrocharanga que crearía escuela y abrir su álbum de 1981 con una especie de Tomorrow Never Knows sintético que dejó perplejos a los papás y mamás de los futuros niños de Neo-Tokyo. No es para menos: «Este debe ser el más feo trozo de pan / que yo jamás haya comido». Un mensaje universal, sí.
MOUSE ON MARS – Stereomission (1995)
Otra vez en Düsseldorf. Allí, como en todas partes, también tienen su lado dislocado, y cuando quieren saben divertirse; sólo hay que fijarse en esas raras películas porno que rodaban en los años 70. Puede que un grupo al que se etiquetó de post-rock con su primer disco no pinte como para descojonarse con el segundo, pero me juego algo a que estos dos se mondaron de risa metiéndole niponerías a bases rítmicas así como prtsz-blglg-plink-plonk-prtszz. Digo, no sé.
THE DROIDS – The Force (1977)
En Francia, un país capaz de elevar a la categoría de estrella a un tipo con un bigote como el de Cerrone, se les fue la pinza cosa mala con Star Wars. Por si no tuvieran poco con Space y su disco-cósmico-electrónico-espacial y sus atavíos de astronautas, ahí estaban The Droids, dos gabachos robotizados y empurpurinados que en su hit The Force se acompañaban de una chica que bailaba una mezcla entre la danza de la seducción de Cleopatra y un aurresku. ¿Eh?
CABARET VOLTAIRE – The Crackdown (1983)
Bueno, ¡se acabaron las risas! En Sheffield, la capital de la industria siderúrgica británica, no estaban para gaitas de la segunda mitad de los 70 p’acá. Recesión, clima chungo, el equipo de fútbol que no asciende… De ahí grupos como Clock DVA o Cabaret Voltaire. Pioneros del rollo industrial, entrados los 80 se compraron equipo nuevo, estilizaron su sonido a un mekano-funk en los huesos y hubo quien no tardó en decir que sonaban más comerciales. Puede. ¿Y qué?
EDGAR FROESE – Krismopompas (1982)
Si en 1972 le dices a un tardohippie alemán que, en diez años, los Tangerine Dream de Zeit harán música bailable y el director de Las amargas lágrimas de Petra von Kant interpretará a un detective en un thriller futurista, fijo que responde, «Nein, ni de koñen». Pero jawohl, vaya que ja. Y revueltos, además. Froese, cuya talla oso grizzly no sugería maña para el baile, se marcó una banda sonora en el que un corte, éste, se adelanta varios lustros al minimal house.
FAD GADGET – Swallow It (1981)
Algo tendría Frank Tovey para que Daniel Miller, capo del sello Mute y hombre que de música electrónica sabe lo suyo, le tuviera como su artista favorito y le aplicara apósitos y vendas cada vez que Frank, aficionado a hacer el cabra en el escenario, se rompía la crisma. Y mira que el tío pinchaba más que un clavo: «Trágatelo / como un buen chico, como una buena chica / que estáis tontos». ¡Oye! Pero lo dice con tan monocorde salero que uno va y abre la boca. Paentro.
FRED MYROW & MALCOLM SEAGRAVE – Spacegate To Infinity (1979)
Qué miedo daba la película Phantasma, ¿os acordáis? La esfera voladora con pinchos que se clavaba en la frente, el siniestro hombre alto, aquellos enanos encapuchados que eran como miembros de Sunn 0)) pero trabajando, haciendo algo… La música la ponían Fred Myrow, un veterano con los huevos pelaos en la música sinfónica, y el tal Seagrave, del que nada sé. El de aquí es el fragmento en el que un pórtico se abre al infinito, a otra dimensión y al espeluzne.
BARRY DE VORZON – The Warriors Theme (1979)
¿Cuál es el nexo entre Walter Hill y Nadia Comaneci? Vaya, todos lo habéis adivinado: Barry de Vorzon. Estaba cantado que Los amos de la noche acabarían la noche en casa, cual Ulises en la suya zumbándose a Penélope: tenían de su parte un tema disco-rock que quiebra las cervicales al primer guitarrazo. Los Baseball Furies se muerden los puños, los Gramercy Riffs se mosquean: Barry ha preferido a los Warriors para crear uno de sus temas más propulsivos.
M. LINDSAY & W. MICHAEL LEWIS – Lone Wolf’s Theme (1980)
Atención, pregunta: ¿qué pasa cuando unos americanos descubren dos películas de samurais y creen que por su nivel de violencia podrían hacerles tilín a sus compatriotas? Fácil: fundirlas en una sola, abreviadas, y pedirle a alguien que haga una banda sonora disco acorde con los tiempos, que el koto y shakuhachi no venden. Raro como sea un ronin cortando cuellos sobre un secuenciador a lo Giorgio Moroder, el tema mola (mucho) y la sangre corre. Yo no pido más.
CHRIS & COSEY – Synaesthesia (1991)
Es un suponer, pero me da a mí el pálpito de que, tras el óbito de Peter Christopherson (RIP), los Sonny & Cher del techno-pop kinky van a pasar mucho de Thee Reinona ov La Vida Loca, la Jennysis P-Orridge, y se dedicarán a lo suyo, a transitar entre las dos aguas del electropop y la electrónica rara de huevos, haciendo Cosey escapaditas para montarse sus performancias unipersonales y esperando él en casa a que vuelva ella y le diga cuatro palabritas bien dichas.
CONRAD SCHNITZLER – Ballet Statique (1978)
El hombre que abrió el berlinés Zodiak Club y fundó Tangerine Dream y Kluster, el mismo que se autocalifica «intermedialista» y que cuando le da por ahí saca discos en los que toca el piano con la punta’l pijo, ese hombre, es un puto campeón de la música experimental y un personal favorito por cuyo honor me batiré en duelo si hace falta. Venga, a ver quién es el guapo que te hace un ballet con una simple caja de ritmos y un modulador en anillo. ¡A ver, quién!
TERRE THAEMLITZ – Tour De France (1997)
Cuando no está deambulando por los parques en medio de la noche, Thaemlitz se dedica a elucubrar sobre lo humano, lo socioeconómico y lo julapa y a convertir sus reflexiones en impulsos sonoros vía ordenador, con el que conecta mediante un bluetooth que tiene instalado en una sien (todo a). Luego se relaja interpretando bellas, impresionistas versiones al piano de Kraftwerk, Devo y Gary Numan, que graba y después cuelga en el foro de la web bakala.org.
JESS BURTON
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