Meneo, desnudo y de gira

Una vida en fotos

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dic. 7 2011, 12:00am

Nunca he intentado comprender lo que piensa la gente que trabaja en A&R. Una experiencia en plan Cómo ser John Malkovich pero dentro de la cabeza de un ejecutivo de EMI se acerca mucho a mi concepto del Infierno. Y me refiero a un nivel de tortura Dante/El Bosco. Dicho esto, me atrevo a aventurar que un ‘party boy’ guatemalteco que hace música dance latina usando casi exclusivamente Gameboys y que suele despelotarse en los conciertos quizá no sea exactamente lo que andan buscando los sellos. Pues ellos se lo pierden, oye. Un contrato con Subterfuge, varias apariciones en RNE y el mejor vídeo para ver a las 3 de la madrugada del último año (a mano de &sons) me llevan a pensar que todo eso está a punto de cambiar…

Rigo anda últimamente muy ocupado preparándose para una vida a base de bañeras llenas de champagne, ir de compras a bordo de un Hummer y de sexo con prostitutas de lujo, así que le hemos pedido que rememorara algunos de sus conciertos más memorables en estos últimos 5 años. En parte, se lo hemos pedido para así reflejar su exagerada ética de trabajo, el talento y la dedicación que le han hecho llegar a donde está, pero también porque yo no recuerdo apenas nada de los conciertos que le he visto.

Rigo, ¡dale papi!

La fiesta de Fashionfreax para un Bread&Butter en Berlín fue en The Villa, una casa abandonada de 3 plantas. Con el frío que hacía, habían puesto “turbinas de fuego” para calentarnos. Y, francamente, todo aquello olía a butano y era una auténtica bomba de relojería, ya que se permitía fumar. Como si de Donkey Kong se tratara, Raúl se puso a tirar las bombonas de butano vacías para concienciar a todo el mundo del peligro que corríamos y le sacó sangre al chico que había tocado antes que nosotros.

Me gusta la idea de hacer música en cualquier sitio, como en el escaparate de la tienda Serie B, en pleno casco antiguo de Bilbao. Más allá de andar desnudo delante de varios niños, recuerdo una señora que dijo por la calle: "Ya va bien ver algo de pitos, que estamos hartas de ver chicas desnudas por todos lados". 

En esta fiesta aprendí lo que es la palabra “Desnalgue”: pasártela tan bien que hasta resulta peligroso. Era el día del Bicentenario de la Revolución en Caracas y, camino del garito, nos detuvieron los militares. A pesar de todo, la fiesta que montó la gente de la Organización Nelson Garrido fue épica. ¡Más de 15 desnudos antes de que empezara el concierto!

Esta foto del Electric Picnic –un festival que se celebra cerca de Dublín que rivaliza con el Primavera Sound por ser el más guay de Europa– es alucinante. Mientras estaba yo tocando apareció este “broker” totalmente tuneado como Super Mario haciendo el limbo. Lo digo en serio: quería detener el concierto y pedirle perdón por todos las veces que he salido de festival sin customizarme. 

 Nos habían dicho que el festival Dour de Bélgica era muy grande y que el público solía desfasar de lo lindo. Tocamos después de The Presets, así que, ya puestos, trepé más de 15 metros por los trusts de luces para dedicar un saludo a las 8.000 personas que estaban en nuestro concierto. Más tarde, el escenario fue invadido por más de 100 festivaleros. A punto estuvieron de demandarnos. 

Ésta fue la primera vez que toqué en Madrid. Fue todo bastante breve y caótico, ya que me bajaron el sonido después del tercer tema: al lanzar mi ropa, una de mis bambas le dio en la cabeza al técnico de sonido. A una familia de filipinos que estaba viendo el concierto le hice gracia y me regalaron una buena bolsa con latas de cerveza, lo que explica que mis nalgas terminaran en brazos de la abuela. Aaah, no hay nada como la Plaza de la Luna… 

Tras talonear a Bomba Estéreo, la gente de Casa América se quedó como fascinada por el rollo tropical futurista que me marcaba y me dieron una carroza para la Marcha de la Hispanidad con 500.000 vatios para pasearme desde Atocha hasta Cibeles. Yo ensayé un par de días con percusionistas de candombé y la cosa sonó dura ante más de 300.000 personas que esperaban, tras de mí, a Willie Colón, el padre de la salsa. 

Pocas veces me he sentido tan aceptado como cuando toqué en el Blip Festival, en Nueva York, donde compartí escenario con 15 bandas de música chiptune. Acá estoy haciendo crowdsurfing en calcetines y mallas. ¡Del frío que hacía no osé desnudarme!

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