Tinkle Tweakers

TEXTO Y FOTO DEL DR. NEPHROS OURON




Una interpretación artística de un laboratorio de metanfetamina urinaria.

En 1669, el alquimista alemán Hennig Brandt calentó en una retorta el extracto de 1.453 galones de orina putrefacta (alquímicamente cifrado “□”), y observó su transformación en una serie de sales, aceites y vapores que precedieron a una curiosa sustancia resplandeciente que derramó de la retorta a un recipiente con agua.

Brandt había producido fósforo blanco, un elemento químico hasta entonces desconocido presente en (casi) todos los organismos vivos. A partir del líquido dorado se hizo un hallazgo que catalizaría el desarrollo de la química moderna; sin embargo, los alquimistas que hoy se dedican a extraer esencias psicoestimulantes de su orina están sujetos a desprecio y a ser encarcelados. ¿En qué momento nos perdimos?

La orina humana contiene aminoácidos, urea, creatinina y muchos otros compuestos, pero el cuerpo también la utiliza para excretar los subproductos metabólicos de estupefacientes que biosintetizamos de forma diaria. La aspirina, la cafeína, la cocaína y la metanfetamina se encuentran en nuestra orina, a veces sin alterar, otras veces conjugadas e inservibles, y en ocasiones biotransformadas en unas entidades farmacológicas diferentes llamadas metabolitos activos.

Aunque los alquimistas creían que la máxima proeza química era obtener oro a partir de la orina, compañías farmacéuticas han desarrollado una técnica para aislar la gonadotropina coriónica humana, una hormona 3.000 veces más valiosa que el oro, de la orina de las mujeres embarazadas. De media, una mujer embarazada genera cada día un valor de más de 15.000 dólares de una sustancia que Organon y otras empresas recaudan y purifican para comercializarla bajo nombres como Pregnyl. Ha sido aclamada como fármaco maravilla por personas que hacen dieta y por consumidores de anabolizantes que desean evitar los rigores de la atrofia testicular. Los fármacos como Pregnyl no se consideran repugnantes sino grandes avances; por tanto, ¿por qué la doble moral avergüenza a esos que extraen metanfetamina de su orina?

La huella colectiva de los metabolitos en nuestra orina es tan grande que ha empezado a alterar la hidrosfera global. En 2005, un estudio confirmó la presencia de benzoilecgonina, el metabolito principal de la cocaína, en el río Po de Italia, y dicha concentración se utilizó para estimar el número de consumidores en las cercanías de la cuenca del río. En años posteriores, metabolitos urinarios de estimulantes, esteroides, drogas psicodélicas y opioides han sido detectados a nivel internacional en sedimentos de ríos y redes de abastecimiento de agua potable: morfina en el Ebro, bromazepam en el Rin, grandes ríos de ciprofloxacina en la Índia. Los niveles de fármacos contaminantes en nuestro entorno son tan elevados que en un futuro los arqueólogos examinarán capas sedimentarias de piedra farmacéutica, ordenadas cronológicamente según las épocas de la química medicinal. Las cantidades de ácido ritalínico, anfetaminas y paroxetina excretadas en los lavabos de una biblioteca durante una semana de exámenes son suficientes para estimular a un pueblo pequeño y extremadamente cansado; sin embargo, estos subproductos metabólicos son desperdiciados debido al miedo y la ignorancia.

Esto nos lleva a los humildes “tinkle tweakers”, discípulos modernos de Hennig Brandt que reconsumen sus esencias cristalinas en un ciclo ourobórico teñido de amor por el planeta Tierra. Deberíamos aprender de ellos. En 2005, Daniel Zeiszler, un empleado de una planta de reciclaje, se inmoló en un acto de compasión ecológica tras derramar disolvente en sus brazos y prenderse fuego de forma accidental al encender un cigarrillo mientras extraía metanfetamina de su orina en la habitación de un hotel de San Francisco. Un desliz que debería haberse aceptado con risas irónicas y gel de aloe vera fue recibido con una sentencia de cinco meses de prisión: Galileo ante la inquisición romana.

En 2007, la policía de Minnesota halló en un almacén varios recipientes de casi 200 litros de capacidad llenos de orina para extraer metanfetamina, o eso dijeron (los polis estaban demasiado asqueados como para recoger muestras para el análisis forense). La técnica se ha vuelto lo bastante popular como para que el Proyecto de Prevención y Conocimiento de la Metanfetamina de Dakota del Sur advierta, “Quien vea recipientes con líquido amarillo en un garaje, nevera, o propiedad, deberá tener cuidado de riesgos biológicos y químicos, así como del peligro de tratar con tweakers”. Y el Departamento de Salud de Colorado informa: “Hemos llevado a cabo actividades en residencias en las que se han encontrado decenas de botellas de refrescos de dos litros conteniendo orina. En estos laboratorios no resulta extraño encontrar hasta 100 litros de orina”. Estas cuentas son testamento de la tenacidad del espíritu humano.

Llamé a un joven prodigio de la química para que me explicara la experiencia de ser pillado extrayendo metanfetamina de sus residuos líquidos:

“No tenía un laboratorio especializado en orina ni nada así, mi interés era científico, pero años atrás me hospitalizaron por sobredosis de barbitúricos y un sanitario chivato hijo de puta me acusó de posesión. Hubo un registro de mi laboratorio y mi proyecto de extracción de orina se abortó antes de conseguir la reacción y pudiera hidrolizar los bienes. La cara de los cerdos cuando encontraron jarras llenas de litros y litros de morfina de orina compensó el trauma de ser obligado a explicar a un montón de cabrones sin cerebro qué es un conjugado de glucurónico. Para seguir con la injusticia, me habían sido prescritos opiáceos, de manera que simplemente estaba regenerando una droga que había obtenido de forma legal. Estaban tan confundidos por mi laboratorio que pensaron que fabricaba armas químicas. La brigada antiexplosivos hizo volar por los aires las jarras de orina. No es broma”.

Aunque la extracción de drogas se considera una práctica ruín y propia de desesperados, la extracción de los químicos arriba mencionados (muy en concreto la metanfetamina) de la orina humana es bastante eficiente. Una dosis de anfetas se elimina en el transcurso de 48 horas, y cantidades de enantiopuros S-isomer sin alterar (que se produce en forma de pseudoefedrina en los medicamentos para el resfriado) se han encontrado hasta en un 43%, con el 6.4% metabolizado en anfetamina, y una fracción del porcentaje convertido en p-hidroximetanfetamina. Con las corrientes actuales provocando un aumento de la supervisión de remedios que contienen pseudoefedrina y agentes reductores como el fósforo rojo, la necesidad de laboratorios de orina es más grande que nunca. ¿Y nos atrevemos a avergonzar a aquellos que conservan los limitados recursos de nuestro planeta?

Para volver al punto de partida: la próxima vez que extraigas metanfetamina de tu orina, ¿por qué no la aíslas con un poco de fósforo blanco, seguido de una rápida conversión de alótropos, y lo usas en tu próxima reducción de pseudoefedrina?

Ten confianza en ti mismo, tinkle tweaker. Hennig Brandt se sentiría orgulloso de ti.

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