Video Games Killed The Radio Star


MASS EFFECT
Compañía: Microsoft Game Studios
Plataforma: Xbox 360

El equipo que ha desarrollado Mass Effect opina que ir más rápido que la luz mola de la hostia, que todo tiene que ser espectacular y la música, de sintetizador, un crescendo apabullante que le deje a uno acojonado apenas asomar la cabeza. ¿Recordáis esas reseñas de Superman Returns en las que la gente decía salir del cine sintiéndose de nuevo con doce años? Pues a mí me pasa con Mass Effect, y sin el efecto secundario de pensar una semana después que, bien mirado, era un poco cutre. Me retrotrae a los días en que la muerte de Asimov todavía era noticia, Kubrick estaba vivo, a George Lucas no se le había ido la castaña, la serie Mundo Anillo iba por las dos novelas y los juegos de Halo no existían, aún había quien pensaba en Star Trek y la guerra fría, y el choque que supuso la explosión del Challenger no había terminado de hundir la NASA.

Mass Effect es ingenioso. Se publicita como una space opera, pero eso mueve a engaño. El término space opera trae a la cabeza La Guerra De Las Galaxias, y Mass Effect no tiene tanto de ciencia ficción como de ficción fantástica. Su entrada en la wikipedia habla de una profecía y de una cosa llamada ‘espacio oscuro’, y esto es a la vez cierto y falso: el ‘espacio oscuro’ no es sino la forma en que los personajes se refieren al espacio que hay entre las galaxias. Pero, ¡bah!, qué importa. Y los científicos hicieron una profecía en base a ciertas evidencias arqueológicas, aunque a mí nunca se me hubiera ocurrido llamarlo profecía. La propaganda explica que tu personaje, el comandante Shepard, tiene la misión de pararles los pies a las fuerzas de Saren, un agente renegado, y eso es engañoso: lo que Shepard realmente debe hacer es averiguar qué está haciendo el tal Saren y por qué diantre se convirtió en un forajido. No va el asunto de ponerse en la piel de un héroe valeroso y salvar la galaxia de las fuerzas del mal, sino de meterse a investigador militar y poner un traidor a buen recaudo. Y bueno, en fin, vale, al final te toca salvar la galaxia.

Incluso el componente mágico está libre de misticismo: mediante implantes cerebrales, los personajes interactúan con las máquinas con objeto de manipular una quinta fuerza cósmica que los científicos llaman ‘energía oscura’ porque en realidad no saben lo que es. Los mismos avances promocionales que dejaron caer lo del ‘espacio oscuro’ también mencionaban la ‘energía oscura’, pues como todos sabemos, si estás escribiendo una obra épica sobre héroes que salvan la galaxia de las fuerzas del mal ayuda mucho que le encasquetes el adjetivo ‘oscuro’ a lo que sea. No obstante, en la versión final del juego la ‘energía oscura’ sólo llega a utilizarse una o dos veces, concretamente en los pasajes en los que se narra cómo los científicos le cambian el nombre por el de Mass Effect cuando se enteran de qué se trata.

En lo que respecta a otros juegos, Mass Effect me recuerda a dos: SunDog: Frozen Legacy y Chrono Trigger. No creo necesario hablar de Chrono Trigger; si no lo conoces, aunque sólo sea por su reputación, es que eres un desgraciado. Al igual que este, Mass Effect posee un argumento atractivo, una banda sonora asombrosa y un plantel de personajes que no provocan vergüenza ajena. Y al igual que con Chrono Trigger, quise volver a jugarlo desde el principio en el mismo instante de alcanzar el final. SunDog, por su parte, es un programa al que di bastante cancha con mi Atari ST cuando tenía doce años. Data de 1984, lo que significa que es sólo un año más joven que yo. Su mecánica implicaba pasar de ‘tipo con pistola’ a ‘tipo que conduce un coche’ y de ahí a ‘tipo que pilota una nave espacial con coche dentro’. Todo eso lo tiene también Mass Effect. Más aún: cuando el jugador está en el coche o en la nave, tiene la posibilidad de explorar las interioridades del vehículo y hasta de darse un paseíllo por una galaxia con varios sistemas solares. A once años de su publicación, SunDog todavía le daba mil patadas a cualquier juego que estuviera entonces de novedad.

He fantaseado muchas veces acerca de cómo sería un remake de SunDog. Ese hipotético remake se convirtió en El Juego Que Siempre Quise. Por tanto, ahora que ha llegado Mass Effect y es una versión mejorada de SunDog con adición de los aspectos más notables de Chrono Trigger, estoy dispuesto a pasar por alto sus muchos defectos: texturas que fallan, inconsistente ratio de imágenes por segundo, modo de grabación automático de partidas inadecuado, la carencia de demos dentro del juego, el sistema de inventario, el ataque fulminante -e imposible de evitar- que algunos enemigos emplean a veces…

¡Pero al carajo todo eso! Castlevania: Symphony of the Night apareció en octubre de 1997, y eso significa que Mass Effect es el juego más divertido que he probado en toda una década.

TURBOLOVER




KANE & LYNCH: DEAD MEN
Compañía: Eidos
Plataforma: Xbox 360


Ser un hijo de puta puede ser, y es, un bálsamo. Una bendición. La liberación definitiva que uno necesita para moverse con algo de dignidad en esta sociedad. Porque, seamos realistas, cuando uno ha tenido que soportar los cuernos, se ha visto obligado a sacarse unos cuantos puñales de la espalda y ha visto cómo le traicionaba hasta su madre, pues se toma las cosas como se las debería haber tomado hace tiempo: siendo un hijo de puta. Todos los que en un momento dado nos volvimos hijoputas integrales, los que aborrecemos a la gente simpática cargada de energía positiva, todos esos bastardos podemos disfrutar de un juego con el que no tenemos ninguna obligación de transitar el camino recto, más bien todo lo contrario. Y es que en Kane & Lynch: Dead Men conoceremos a dos tipos unidos por su hijoputez camino del corredor de la muerte, dos cabronazos de pro que, tras ser rescatados de las garras de la justicia por una organización criminal secreta, deberán cumplir una serie de misiones cargadas de violencia, malos modos, machismo, bilis y muchas, muchas palabrotas. Vamos, el paraíso. Con Kane atrapado en las redes de la organización que le ha rescatado—si no cumple las misiones se ventilan a su familia, así de simple—y el psicópata de Lynch haciendo de perro guardián, arranca un juego que mezcla la acción y el desarrollo cinematográfico con un tono adulto y deliciosamente controvertido. Sí, puede ser que este juego en tercera persona no sea lo que todos esperábamos, pero al menos nos permitirá canalizar nuestras pulsiones más asesinas y salir a la calle con una sonrisa, sin peligro de que acabemos introduciéndole al cretino del charcutero una morcilla por el culo, le partamos la boca con el control pad al vecino cubano que no para de poner salsa en todo el día o le hagamos una cara nueva al quiosquero chistoso con el dominical enrollado a modo de porra. Kane & Lynch es un juego sucio, duro, sangriento, amoral, malhablado, que provocará una úlcera a los ideólogos de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, pero que en última instancia termina convirtiéndose en una terapia efectiva y necesaria. La pócima adecuada para ser un hijo de puta de puertas para dentro y no serlo cuando salimos de casa. Si todavía estáis a tiempo de convertiros en buenas personas, meteros en la piel de este asesino esquizoide y matad, descuartizad, disparad e insultad, y hacedlo antes de que sea demasiado tarde y acabéis como el resentido que firma esto.

ÓSCAR BROC




JACKASS: THE GAME
Compañía: Virgin Play
Plataforma: PS 2


Lo admito: me encanta Jackass y le patearía el culo con unas Martin’s con puntera de hierro a los que abominan de este show cafre. Jackass me recuerda que mi vida y la de los que me rodean—¿pensabais que ibais a libraros?—no es tan patética como creía. Que ahí fuera hay coeficientes intelectuales de la capacidad de una ameba que son capaces de pasarlo bien y ganar un buen parné haciendo gala de su retraso mental. Y que nadie lo tome como una crítica: reírse con Jackass es como reírse de un pedo inoportuno en un ascensor o de un borracho vomitándose encima: una risa primaria, necesaria y reconfortante… porque no te obliga a pensar. Y, digámoslo de una vez: pensar es una mierda. Pues lo mismo podemos decir del videojuego de este espacio popularizado en la MTV en el que varios gilipollas se mutilan de las formas más inimaginables. La premisa es muy fácil, el director de Jackass se ha ido al carajo y a nosotros nos toca dirigir la nueva temporada. Evidentemente, el juego consiste en superar distintas pruebas marca de la casa, es decir dándonos los hostiones padre y protagonizando las piruetas más dolorosas que una mente anormal pueda imaginar. Lo bueno es que, alineándose con la edad mental de sus protagonistas y de muchos de los que hayan comprado esta deliciosa aberración, los controles del juego son de los más primario—uno o dos botones a lo sumo—y el desarrollo es tan sencillo que hasta un cadáver lo entendería. Diablos, el juego alcanza tales niveles de estupidez—los leñazos que se dan los protagonistas son de carcajada guarra—que uno termina sintiéndose un genio superdotado, lo cual se agradece dadas las patéticas circunstancias en la que seguramente todos (incluido el lector) estamos. Y si alguien se lo pregunta, sí: podremos conducir el mítico carrito de golf con el que casi se mata Johnny Knoxville en uno de los episodios más memorables de la serie. En fin, que si no tienes lo que hay que tener para hincarte unos electrodos en la piel del escroto o lanzarte desde un trampolín sobre una tonelada de mierda de elefante, Jackass The Game te ofrece la posibilidad de hacer el mongólico sin que nadie te vea y, lo más importante, sin acabar teniendo que inventarse un cuento chino en el servicio de urgencias cuando te presentas con un huevo chamuscado o un pezón descorchado.

ÓSCAR BROC

 

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