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A veces leemos cómics, ¿vale?

Éstos son los que más hemos disfrutado últimamente.

OPTIC NERVE #13

Adrian Tomine

Drawn & Quarterly

Después de Shortcomings, que ocupó tres números y que iba claramente dirigido a ser publicado en formato libro, Tomine decidió, en el número 12, volver a apostar por incluir varias historias cortas dentro de un mismo número y la verdad es que ya tocaba que Optic Nerve volviera a su formato clásico. En el número 13 tenemos tres historias distintas. La primera es una pequeña porción autobiográfica de un Tomine muy cercano a la mezcla perfecta entre Daniel Clowes y Kevin Huizenga donde nos narra sus dificultades para comprender la presencia de las nuevas tecnologías en nuestro día a día.

Esta página recuerda fuertemente a lo que hizo en Scenes from an Impending Marriage, algo ciertamente positivo. La historia más larga se llama Go Owls! y puede ser el intento de Tomine de alejarse de sus propias manías como autor y tratar otras temáticas, personajes e, incluso, géneros. El experimento (bueno, tampoco es una puta locura, sigue siendo 100% Tomine) fracasa considerablemente. Los personajes no tienen vida propia, son simples marionetas a las órdenes de un autor no demasiado interesado en el tema que está tratando. Curiosamente, esta historia habría necesitado varios números de Optic Nerve para ser contada debidamente, es un fragmento heredero de ese Tomine de novela gráfica. Translated, from the Japanese, el relato que cierra este número, nos lleva a ese Tomine de los primeros Optic Nerve, a esas historias como Grind, Drop, The Connecting Thread o Hazel Eyes donde el narrador recibe todo el peso dramático y las imágenes son meras ilustraciones de la historia. Si cogemos estas tiras y las trasladamos a un Tomine que ya ha pasado por Summer Blonde y Shortcomings obtendremos una pieza perfectamente balanceada entre el Tomine más sensiblero y a la vez el más frío y distante.

ALBERT CONTRA ALBERT

Arnau Sanz

Edicions de Ponent

Hace tiempo que conozco a Arnau. Nos hemos emborrachado juntos, nos hemos besado y hemos caminado juntos sobre la ardiente garganta del infierno. Nuestras vidas no han sido demasiado fáciles y hemos sobrevivido montando grupos de música y haciendo fanzines. Este cómic se sucede en una época en la que Arnau tuvo que hacerse cargo de su padre y encargarse de tomar las riendas de su familia. Recuerdo perfectamente cuando, en el Salón del Cómic de Barcelona o durante los trayectos en bici hacia el local de ensayo, Arnau me contaba pinceladas de todas estas movidas por las que estaba pasando. Somos tíos y tampoco hablamos demasiado de nuestras mierdas pero Arnau siempre ha tenido esa necesidad femenina (*ehem*) de contar sus problemas. Es por eso que me resulta extraño leerAlbert contra Albert, ya que narra una realidad de la que era totalmente consciente pero con la que nunca colisioné. Quizá me siento culpable por no haber dado un poco más de mí y haber ayudado más a mi colega, pero espero que pasar un rato juntos gritando en conciertos o vendiendo fanzines le ayudara a sobrellevar toda esa mierda. Joder, me estoy poniendo sensible, tíos.

Creo que el gran mérito de Albert contra Albert reside en que, siendo una novela autobiográfica que trata temas bastante jodidos, no dramatiza demasiado sobre el asunto ni pretende ser demasiado sentimental. Arnau trata tanto a los personajes como a los lectores con sumo respeto, sin fuegos artificiales ni trucos narrativos para intentar ganárselos. Al fin y al cabo es una obra sincera, surgida de una necesidad, por lo que no tendría ningún tipo de sentido adornar este relato con vicios comerciales.

VAMPIR

Joann Sfar

Fulgencio Pimentel

El mundo que vemos en Vampir es bastante real a pesar de que se encuentre a medio camino entre lo gótico y la fantasía. Lo es porque no importa demasiado que el protagonista sea un vampiro o que sus amigos sean unos monstruos. Importa que se comporten como adolescentes empíricos. Inseguros, pasotas, resignados y bastante promiscuos. Al igual que en otras obras de Joann Sfar abunda la aventura pero sin renunciar nunca al amor como tema fundamental. Es innegable la profundidad que ganan los personajes con el avance de las historias o la buena fortuna con que se intrincan ideas que en principio tienen poco que ver. Pero las relaciones los vuelven locos y te los encuentras en una encrucijada moral que no se molestan en resolver. Se enfadan fácilmente y se rigen por instintos primarios dando prueba de hasta qué punto tanto da Juana como su hermana, cuando no se comportan con absoluta timidez. La tensión entre lo simple y lo complejo les da argumentos para ser héroes cuando hay que serlo aunque no terminen de apañárselas con los pantalones bajados.

Así es la vida, llena de cosas irrenunciables. Como la capacidad de Sfar de crear un universo híbrido con arañazos de tinta negra. Lo suyo es el frenesí narrativo. Cualquiera de sus cómics enseña más sobre la vida que muchos del género autobiográfico. Puede que una generación acostumbrada a los monstruos esté más interesada en un elenco de personajes oscuros y mitológicos con vampiros, brujas, golems y hombres árbol. En sus aventuras cargadas de humor, sorpresa y una familiaridad formal que deslumbra. Su virtud está en expresar tanto con tan poco a nivel textual. Esta economía de palabras unida a un trabajo de dibujo traído de los clásicos del cómic francófono pero también del expresionismo alemán, rematan las historias de ese vampiro nostálgico. Un Nosferatu pendenciero, culto y discreto con un serio problema con las mujeres. Problemas cotidianos que hacen a los monstruos más humanos y demuestran que todo gira en torno al mismo motor vital: el amor y las relaciones sentimentales. Lo jodido es que en realidad los vampiros están muertos y se alimentan de vida.