

Ilustraciones de Tara Tavi
Hay ciertos tipos de gira que a duras penas llegan a arrancar. Y cuando lo consigues, un sucio sofá en el que dormir constituye una dulce bendición. En otoño de 2009, Elijah Forrest salió de Los Ángeles con otros dos músicos en una furgoneta Ford de 1989 que alguien había abandonado en el terreno de un amigo suyo. Dos horas después estaban asándose de calor en una autopista con el tráfico parado a causa de un autobús Greyhound que se había incendiado. Para cuando pudieron ponerse de nuevo en marcha, el autobús era un amasijo de hierro calcinado y cenizas y ellos se habían perdido el primer concierto de la gira. El segundo concierto estaba previsto que tuviera lugar en el interior de una furgoneta biodiesel, en un parque al aire libre con suelo de asfalto conocido como Toxic Beach, en San Francisco. La policía interrumpió el acto incluso antes de que tuvie-ran posibilidad de tocar. Además, los músicos habían llevado con ellos una mascota, un perro chihuahua llamado Joaquín; durante el día alguien le dio en el morro con una vara, dejándolo sangrando y traumatizado. Vaya forma de empezar una gira: problemas de transporte, policías y luego alguien le pega al puto perro.
Con el nombre de Terrors, Elijah da en solitario conciertos cuya base es su guitarra fuertemente reverberada. Mi antiguo grupo, Gowns, tocó con él en Toxic Beach, y yo me lo encontré de nuevo en Baltimore, durante el último concierto de su gira. Parece que aquellos primeros días marcaron perfectamente el tono de lo que aún les tendría que suceder. La furgoneta, sobrecalentada, se averió en Wyoming. Después de un concierto, un desconocido golpeó en la cabeza a una amiga llamándola “puta ruidosa”. Otro de los músicos sufrió una intoxicación alimentaria tras comerse una pizza que alguien había tirado a un contenedor, y todos ellos fueron arrestados en Iowa por beber en público. Para colmo, en algún momento Elijah rompió relaciones con su novia, que también participaba en la gira con el nombre de Pussy Control.
Aunque lo expuesto pueda parecer una simple letanía de incidentes chungos, en conjunto es lo habitual, el pan nuestro de cada día en una moderna gira en su modalidad noise/performance/atonal/no-pop/no-rock. Furgoneta averiada, sangría económica, conciertos perdidos, tocar sin cobrar, comer basura… No es fácil decidir si estas condiciones son consecuencia de la falta de recursos, de una pobre planificación o de alguna especie de extremismo nihilista post-Black Flag. También es posible que semejante estilo de vida sea, de algún modo, parte integral de esta forma artística, como si la única forma posible de levantarse cada día y hacer un concierto de auténtico ruidaco fuese dormir la noche anterior encima de un radiador. Tal vez la triste verdad sea que las giras-tragedia son hoy en día una realidad inevitable, sin importar lo mucho que la hayas planeado y los cabos que hayas atado previamente; girar en 2010 es una apuesta a ciegas en la que lo más probable es que lo peor acabe por suceder: a cualquiera y en cualquier circunstancia.
Pese a que semejantes condiciones de gira son la antítesis del sueño que la mayoría de chavales americanos tienen sobre el estrellato rock, hay personas a las que incluso parecen atraerles. En mi opinión, nadie ha encarnado este ideal mejor que el Scum Crew, un grupo de artistas y músicos noise que vivían de forma cochambrosa en cuchitriles de todo el país. Elijah los describe como “un grupo de chicos y algunas chicas que empezaron en 2005 y durante unos años tocaron música y se emborracharon juntos desde el sur de California hasta Oakland. La pertenencia a este grupo era algo absolutamente informal y giraba en torno a un léxico compartido, basado en acrónimos y alusiones a depravaciones sexuales no correspondidas. Chistes malos y apodos aún peores”.
Hice amistad con la facción de Scum Crew en Los Ángeles hace unos años, cuando di un concierto en Seattle junto a dos de sus miembros, Deep Jew y Gator Surprise. Desde el primer momento me di cuenta de que se trataba de un grupo bastante variopinto. Tenían su propia forma de vestir, una especie de cruce entre Green River y Mad Max, y su propio vocabulario, en el cual la palabra Bleak [“lóbrego”] ocupaba un lugar preferencial. Aquella era la primera gira a nivel nacional del grupo, que el bajista Jeff Witscher describe como “un desastre autoinfligido” con “muchas risas y muchas gansadas”.
Al finalizar la gira, Kyle Parker (aka Gator Surprise, aka Infinite Body) utilizó las filmaciones que hicieron durante la misma para confeccionar un documental titulado Destiny Is Stupid. Hay un trailer en YouTube en el que, con el hit de Del Amitri “Roll To Me” de fondo, pueden verse imágenes de los feroces conciertos del Scum Crew y de sus encantadores, pueriles comportamientos típicamente masculinos (balanceándose en un tiovivo, destruyendo unos bafles, etc.), con las palabras “FUN” y “BLEAK” alternándose sobre fondo negro. Al parecer gana “BLEAK”, ya que al final del trailer las palabras cambian a “JUST FUCKING KILL ME”, “KILL ME NOW” y, como colofón, “I’M SICK OF THIS SHIT”. La línea que separa la ironía de la honestidad es difícil de apreciar, pero cuando le pregunté si, de poder, cambiaría las condiciones de sus giras, Witscher contestó que “no hay forma de cambiar nada” y que sería “como intentar controlar tus sueños o un programa de televisión, no hay opción posible”.
Las condiciones de las giras del Scum Crew, aunque extremas, no se salen de lo habitual. Tras escuchar innumerables historias de terror de grupos quedándose sin gasolina y/o con la furgoneta ardiendo, empecé a preguntarme si, tal vez, el espectáculo no era tal. La experiencia daba impresión de ser inmersiva, no tanto una gira de un grupo de rock como un proyecto artístico o performance de un mes de duración, con las penurias y privaciones como eje temático. Hay quien diría que el amor por la música debería ser motivación suficiente para seguir adelante, dormir en el suelo y enfrentarse al frío y la hostilidad. Pero, admitámoslo: la mayoría de estos artistas están más interesados en el sonido y la performance que en la música, y sus conciertos duran entre cinco y diez minutos dentro de un velada compartida con otros seis o siete grupos. Además, ¿puede la música importar mucho cuando hay tantas posibilidades de que tu equipo funcione como de que deje de hacerlo en plena actuación? Como Witscher explica, “A nadie le importaba nada con relación a los conciertos. Ninguna preocupación seria sobre las condiciones de la actuación ni el transporte, ni sobre cuestiones financieras o fallos del equipo”. Y en cuanto al estilo de vida: “Cuando te sientes fuerte a causa precisamente de las penurias, esa fortaleza se traslada a tu actuación. Subes al escenario con una gran confianza en ti mismo. Vives una situación en la que nadie te concede nada y, de igual manera, subes al escenario dispuesto a no hacer concesión de ningún tipo”.

¿Y qué hay de esa vieja pregunta que hacían papá y mamá?: “¿De esto se puede vivir?”. He oído a más de un músico independiente de nivel medio decir que estar de gira constantemente es mejor que pintar casas, que es lo que de lo contrario estarían haciendo. Bueno, sí, me lo creo. ¿Pero mejor que ser médico? ¿Mejor que tener un sofá? ¿Y qué hay de un hogar propio? Para la mayoría de nosotros, poder hacer frente al alquiler de un cuchitril en un barrio medio chungo ya es de por sí un triunfo financiero.
La verdad es que ser “estrella del rock” sólo fue una opción laboral viable durante 30 años, el período que va desde el debut de los Beatles en el programa de Ed Sullivan (1964) hasta el suicidio de Kurt Cobain (1994). Ahora, básicamente, es como ser fotógrafo de actividades paranormales o reparador de fonógrafos. Si estás en esto por el dinero, entonces déjalo cuanto antes. Si lo haces por la fama, sólo deseo que te llegue en proporciones similares a las de Winehouse/Lohan.
A pesar de las penurias que conlleva su estilo de vida, tanto Elijah como Witscher dedican cuerpo y alma a las giras. Witscher las considera “un fenómeno eterno” que “nunca llegará a agotarse”, y Elijah remacha: “Mi buena disposición a poner en práctica cosas que abochornarían u horrorizarían a otros es consecuencia directa de mi particular visión del mundo y, desde el punto de vista de aquellos que se horrorizan, tal vez un indicio de algún problema mental”. A decir verdad, algunas de las experiencias vividas podrían servir para poner sobre aviso a músicos más exitosos transitando caminos similares. ¿Y cuál es la otra cara de la moneda? ¿Qué pasaría si la lógica del Scum Crew permeara a todos los niveles y su filosofía sobre las privaciones y la desolación hubiera sido codificada en secreto en las vidas de todo músico de directo, en todas y cada una de las subculturas modernas? Los componentes del Scum Crew no serían entonces los músicos itinerantes más masoquistas de la escena. Serían, simplemente, los más honestos.

EL ESCALAFÓN DE LAS GIRAS Y LA TV
Cuando oyen mencionar que el estilo de vida de las giras incluye viajes, arte y no tener ni un puto duro, nuestros amigos con empleos de verdad suelen preguntar, “¿Pero cómo puedes ponerle un precio a la creatividad? ¿A la libertad artística?”. Lo cierto es que es una pregunta que todos debemos hacernos cada vez que percibimos 50 dólares tras haber conducido 8 horas para tocar delante de 20 personas. Y, se admite, es difícil determinar el valor artístico de un novedoso, rompedor, pero difícil nuevo sonido en comparación con el último éxito pop, remedo de otro anterior. De hecho, he comprobado que la gente se siente mucho más cómoda decodificando por pura intuición la jerarquía del éxito entre las estrellas de la televisión. Por tanto, y para trazar una analogía, aquí va un desglose de la escala de pagos en la esfera musical y sus contrapartidas televisivas.
NIVEL I: Los músicos por amor al arte, esos que no ganan pasta y muy a menudo la pierden. Estos músicos no sólo carecen de seguro médico sino que cada larga gira durmiendo en el suelo, alimentándose de comida rápida y bebiendo cerveza barata probablemente les reste años de vida. Su equivalente televisivo más cercano sería un documental absolutamente fascinante filmado en un país sin electricidad ni agua potable y que se emite en el Sundance Channel de madrugada y una sola vez.
NIVEL II: Los grupos independientes raros-pero-buenos cuyos miembros tienen trabajos con sueldos de mierda pero que les permiten salir de giras en las que no ganan una mierda. Es muy posible que vivan con sus padres (que nadie se avergüence; según parece, Kim Deal y J. Mascis también lo hacen) o que subarrienden sus pisos cuando están en la carretera. Pueden tener seguro médico o no, dependiendo de cuánto se enrollen en el bar/cafetería/sandwitchería en la que curren a media jornada. Equivalente televisivo: las cortinillas de Adult Swim. Molan, pero, ¿acaso alguien enciende la TV para verlas?
NIVEL III: Mierdosas bar-bands que, inexplicablemente, tienen seguidores a nivel nacional. Debido a mi (premeditada) ignorancia sobre el tema, opté por elegir un grupo al azar de entre los primeros 20 en el MySpace de Nickelback. Con el confuso nombre de On Tracy Lane (¿es geografía o porno?), su biografía más o menos ya lo dice todo: “Tras haber vivido en tres ciudades, publicado 3 EP’s, rodado 4 vídeos, teloneado a grupos de talla nacional, licenciado su música a varios programas de televisión y teniendo su MySpace 2.5 millones de visitas y casi 200.000 amigos; tras aparecer el grupo en la revista Radio & Records y actuar ante las tropas americanas en Groenlandia, etc, etc… On Tracy Lane finalmente lo han conseguido”. ¿Pero qué coño…? ¿¡¿Hay tropas americanas en Groenlandia?!? Equivalente TV: las lamentables estrellas de reality shows.
NIVEL IV: A los que por ahora les va bien. Grupos con entrevistas de dos páginas en las revistas y que tocan en una carpa de tamaño medio en Coachella. Probablemente ganan lo suficiente como para pagar el alquiler mientras están fuera y no necesitan un empleo normal a su regreso. Sin embargo, es difícil asegurar cuánto tiempo les durará el chollo y si serán capaces de hacer la transición de este grupo a otro con similar nivel de éxito. Equivalente TV: Buffy la Cazavampiros. A mucha gente le gusta Buffy, pero seis premios Teen Choice no garantizan un buen plan de jubilación.
NIVEL V: Estrella del rock temporal. Tu estrafalaria banda universitaria debuta con un número 1 en las listas de éxitos. Es un sueño hecho realidad, pero probablemente fugaz. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que el revival Ibiza-mezclado-con-Margaritaville desaparezca de las listas de Urban Outfitters? Después de todo, la mayoría de episodios de Behind The Music no concluyen con una jubilación anticipada y las clases particulares de los niños pagadas. Equivalente TV: Perdidos.
NIVEL VI: Estrella del rock permanente. Una apuesta contra pronóstico, estilo Las Vegas. ¿No es revelador que la mayoría de artistas en esta categoría empezaran en los 60 ó 70? De hecho, ninguno de los artistas que han protagonizado las giras más lucrativas de la historia han tenido un número uno en listas en lo que llevamos de década, a excepción de Madonna, que llegó al primer puesto en 2000 con su tema “Music” tras filtrarse éste en internet. El hecho de que los Rolling Stones hayan hecho cuatro de las diez giras con mayor rendimiento económico ya dice a las claras que la profesión de músico megamillonario es algo de la generación del baby-boom. Equivalente televisivo: Dinastía.