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Kurt Hollander

Aunque Kurt nació en Nueva York, la mayor parte de su trabajo fotográfico tiene que ver con la Ciudad de México, en donde ha vivido por más de 20 años. Ha editado revistas como The Portable Lower East Side y Poliester, ha curado exposiciones y ha publicado los fotolibros El Super (RM, 2006) y Sonora: el mercado de la magia (RM, 2008). Recientemente publicó en Estados Unidos una autobiografía llamada Several Ways to Die in Mexico City, la cual mezcla textos y fotos sobre su vida y sobre el DF y pronto se publicará también en España y México. Esta semana se inaugura una exposición de su trabajo en el Museo de la Ciudad, en Querétaro, y a finales de febrero impartirá unas clínicas como parte del proyecto Efecto Doppler en el DF.

VICE: ¿Cómo llegaste al DF y por qué decidiste quedarte?
Kurt Hollander: Soy originario de la ciudad de Nueva York, del Lower East Side, que en aquel entonces era un barrio puertorriqueño y dominicano. Quería aprender a hablar español con mis vecinos, leer literatura de América Latina en su idioma original, y poder traducir textos de escritores latinos para mi revista literaria, The Portable Lower East Side. Así que vine al DF con la idea de estudiar español en la UNAM en el verano de 1989, pero me topé con una ciudad increíble, con miles de años de historia y con una cultura popular propia, algo que ya se estaba perdiendo en NYC, y decidí quedarme aquí.

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Tu libro Several Ways to Die in Mexico City es en parte una autobiografía, tiene fotos y texto también. Pero también es una exploración sobre la muerte en esta ciudad vista desde diferentes perspectivas. 
En una viaje a Perú me enfermé de salmonella, y entre la enfermedad y los tratamientos equivocados, me dejaron con problemas crónicos de mi intestino grueso y sin defensas. Empecé a perder peso y parecía que me iba a morir. Lo único bueno de eso es que me puse a investigar y empecé a aprender mucho acerca de mi cuerpo, de las instituciones médicas y los tratamientos, y del origen de los tóxicos y bichos en el aire, agua, comida y alcohol, pero también de las estrategias que los defeños han inventado para sobrevivir en la ciudad. El libro es un acercamiento a la muerte, de la ciencia de los microorganismos, de la antropología y historia de cómo se ha muerto la gente y qué se ha hecho con sus cuerpos desde antes de los aztecas hasta hoy en día. También habla de las industrias y hasta la piratería que existen alrededor de la muerte (la iglesia, los servicios funerarios, los seguros, etcétera).


De la serie WC DF, Cantina El Frontón.

¿Cómo surge este proyecto? ¿Empezaste con una serie en particular y de ahí empezaste a ampliarlo?
Como estaba yo corriendo al baño muchas veces al día durante muchos años por mis problemas intestinales, empecé a llevar mi cámara e hice una serie sobre los baños públicos en la ciudad que se llama WC DF. Es una serie autobiográfica pero también sirve para presentar una parte de la arquitectura que normalmente se esconde, la arquitectura y plomería informal. También me metí un poco en el mundo de la fe, que sirve para sobrevivir en la ciudad. Los últimos cuatro años he ido a Tepito para la misa de medianoche de la Santa Muerte, donde tomo retratos de la gente con las figuras que llevan. También fui a los barrios más tradicionales para sacar fotos dentro de todas las iglesias más antiguas de la ciudad para una serie que se llama Holy Gore (Santa Sangre en inglés). En ese serie retrato a las figuras más madreadas y sangrientas de Cristo y de los otros santos y mártires, una exuberancia de sangre y heridas impresionante. (Los indígenas llamaban a las iglesias católicas “la casa de la muerte” por todos los difuntos enterrados dentro de los edificios y también por estas figuras gore). Además, llevo años yendo al Panteón de Dolores para sacar fotos de las tumbas hechas por los familiares, todo lo informal y vernáculo de la arquitectura de la muerte, lo mismo con las cruces que la gente pone en la calle donde sus seres queridos han muerto violentamente.

En tu opinión, ¿cuál es la relación que tiene esta ciudad y los que aquí vivimos con la muerte?
Lo que descubrí haciendo mi libro es que hoy en día la ciudad es una maquina de la muerte, es decir, es la que más mata a sus habitantes. Por miles de años los humanos aquí en el Valle de México se morían principalmente por causas naturales (es decir, por parásitos), pero ahora las causas principales de la muerte en la ciudad (cáncer, diabetes, problemas del corazón y de la circulación) vienen de los elementos tóxicos en el aire, el agua, la comida y el alcohol. El hecho que la mitad de la comida, bebida y alcohol esta importado de Estados Unidos, y que la contaminación viene de coches importados y gasolina hecha allá también, hace que gran parte de la muerte en México ya no es mexicana sino se ha convertido en una muerte gringa.


De la serie Holy Gore.

¿Crees que esta relación ha cambiado durante los últimos años con tanta violencia?
En el DF la violencia no es una de las causas más importantes de la muerte. De hecho, yo no veo a la violencia como algo totalmente malo ya que sirve para que la población no crezca más allá de lo que se pueda sostener (la sobrepoblación mata mucha más gente). La violencia también sirve como defensa contra el turismo y la globalización (a las transnacionales no les gusta invertir y los turistas no les gusta ir donde hay violencia), que son dos cosas que me parecen muy nocivas para una ciudad. Yo diría que es la falta de violencia en la ciudad de México que ha permitido la globalización de la ciudad en los últimos años y, consecuentemente, la muerte de mucho de la cultura popular (de los mercados tradicionales, de los grandes cines de antes, de las pulquerías, etcétera), y eso es un crimen.

¿Cómo crees que el público que ve y lee tu libro lo entiende, fuera del contexto del DF?
Normalmente la primera cosa que sorprende a los gringos es que mi libro de la muerte no tiene nada que ver con los narcos mexicanos. Los narcos han sido el motor de la economía cultural del país, ya que muchos escritores, cineastas e intelectuales, tanto mexicanos que extranjeros, ganan su dinero hablando exclusivamente de narcos, pero no tienen mucho que ver con el DF (donde el crimen sigue siendo controlando y organizado desde arriba). La mayoría de los gringos y europeos nunca ha entendido muy bien la diferencia entre México y la ciudad de México (una de las ciudades más grandes e importantes del planeta por más de mil años), y por eso incluyo un capítulo de la historia de la ciudad visto a través de la muerte, que es una muerte particular. También utilizo mi historia personal, mi llegada a la ciudad, mis primeros años viviendo aquí, los buenos y los malos tiempos que he tenido acá, para ayudar a orientar a la gente en el viaje por la ciudad, que es el libro.

¿En qué proyectos estás trabajando últimamente?
En cuanto a la foto, tengo una exposición individual en febrero en el Museo de la Ciudad, de Querétaro. Es una serie de fotos que tomé de varios moteles en República Dominicana. Ahora estoy buscando la manera de seguir con esa serie, de recorrer la ciudad de México y algunos estados en búsqueda de moteles, y de ir a Colombia donde sé que hay un motel increíble, con cuartos temáticos, y una cultura de moteles de amor que se ha vuelto como plaga urbana. Después de tanta muerte, creo que un poco de sexo (o al menos la arquitectura del sexo) no me caería nada mal.

¿De qué se trata la clínica que darás en Efecto Doppler?
El taller se llama El “yo” y la ciudad. La idea es tomar los intereses y obsesiones personales de los participantes como base para documentar la ciudad de una manera individual (algo como lo que hice yo con mi serie WC DF). Yo soy rudo (es decir, no sé nada de la técnica de hacer foto), así que vamos a enfocar a las mil maneras de retratar a la ciudad con ojos nuevos, como los extranjeros que todos somos en esta planeta.

Para más información sobre el trabajo de Kurt Hollander, puedes visitar las siguientes páginas.

http://efectodoppler-ac.blogspot.mx/

http://www.facebook.com/efectodopp

kurthollander.com

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