Haber nacido en el género incorrecto es difícil, pero nacer mitad de la especie incorrecta es un chinguísimo de mala suerte. Kitty-Madison es una hombre-mujer holandés-a cuya única meta en la vida es ser lo más parecida-o a una sirena. Esta es su historia en sus propias palabras. (Violines, por favor).
Cuando tenía 15 años, vi Splash, una peli de 1984 sobre una sirena que se enamora de un hombre que vive fuera del mar. Se basa en «La sirenita», pero con gente de verdad. Bueno, ahí empezó lo que es ahora mi vida. No es que me importara mucho la historia, pero las imágenes debajo del agua son lo máximo. Madison, la sirena, es elegante, fluida y femenina. No puedo ni describir lo que siento. Todavía añoro las experiencias que tuvo Daryl Hannah. Cada vez que veo Splash, tengo que salir al agua. Ahí encuentro mi paz y mi hogar.
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Nací como niño. Es un hecho que estoy en la piel incorrecta, pero el querer convertirme en sirena sólo ha reforzado mi lado femenino. Tengo tatuajes en los brazos porque traté de vivir como hombre por mucho tiempo. La verdad es que sólo había una solución: hacerme mujer o terminar con todo.
Después de ver la película, sólo tenía un sueño: tratar de vivir mi vida como sirena. No podía sacármelo de la cabeza. A pesar de todas las personas que me criticaron y no creían ni en mi perseverancia ni en mi fuerza ni en mi amor por las sirenas, seguí. Traté de vivir el mito lo más vívidamente posible, y bucear con aire comprimido no era una opción, así que aprendí a bucear a pulmón libre. Esto quiere decir que podía quedarme bajo el agua por largos ratos sin necesidad de tanques de oxígeno. Y, claro, necesitaba una cola. La primera la hice con unos leggings viejos y unas aletas. Seguí intentando diferentes técnicas para mejorar mi cola, pero algunas se gastaron demasiado rápido y otras no resistieron el cloro. Luego de mucha experimentación, conocí a un tipo en una convención de buceo que hace trajes de buceo a la medida. Él me hizo mi primera monoaleta. Después, cuando me convertí en Kitty-Madison, compré la misma aleta que Daryl Hannah usó en la película, una color naranja con escamas hecha a mi medida. De inmediato me sentí mejor. Amo el agua, y ya me podía quedar bajo el agua por un buen rato. Sin embargo, todavía faltaba algo de mi sueño. Era una sirena hombre.
El último paso hacia mi existencia como sirena era una transición. Desde ese momento, mi nombre fue Kitty-Madison. Mi antigua vecina se llamaba Kitty, y amaba ese nombre tanto que lo tomé como mío. La sirena de Splash se llama Madison. Mi sueño casi se hacía realidad, pero las preparaciones para la cirugía conllevaron mucho dolor emocional. Como niño, a menudo sentía que mi género era incorrecto, y encima de eso quería ser sirena. Cuando era hombre, muchas veces temí no poder alcanzar mis metas, pero era algo muy difícil de aceptar. De cualquier modo, después de un tiempo, me dirigí a un equipo especializado que te ayuda en el proceso de transición a ser mujer. Después de treinta minutos, me di cuenta de que tardaría mucho y de que no por ello sería más feliz. Además, sentía como que no entenderían mi sueño de ser sirena. Mi vida estaba pendiendo de un hilo. No quería continuar así.
Después de este difícil periodo en mi vida, decidí tomar el asunto en mis manos. Encontré a mi propio sicólogo de género, y luego de sólo cuatro semanas recibí su permiso. Me puso a tomar hormonas, lo cual me hizo sentirme cansada e inquieta. Ni siquiera podía ser sirena. Nunca sentí dolor físico, pero el dolor emocional que padezco desde que era niño es todavía muy profundo. Perdí a mucha gente a mi alrededor durante esa etapa de transición. Pero me parece que no eran amigos reales. Hasta hoy, gente desconocida me deja comentarios odiosos en mis blogs.
Vivir como sirena requiere de gigantescos sacrificios económicos, pero no me molesta gastarme dinero en las cosas que verdaderamente quiero. Guardo mi cola en un cuarto a prueba de fuego. Es mi posesión más valiosa. No sólo en términos financieros, sino emocionalmente. Y tenía que comprar más cosas para hacer mi sueño realidad. Una sirena verdadera puede ver debajo del agua, además de que nunca se le mete agua por la nariz, así que necesitaba encontrar soluciones para estos problemas. Compré unos lentes especiales sin fuerza correctiva como de una pulgada de ancho para que el agua no me pudiera entrar a los ojos y tengo de esos tapones que usan quienes practican nado sincronizado: te los pones en la nariz, y nadie se da cuenta de que los traes puestos.
Ahora soy una persona feliz. Ando en mi bicicleta, nado y tomo clases de yoga para mantenerme saludable para ser una buena sirena. Estoy en la piscina como cuatro o cinco veces a la semana. La primera vez que me zambullí en la piscina con mi aleta tuve emociones encontradas. Es tu sueño, ¿no? Pero, por el otro lado, ¿y si me ahogo? Pero ahora tengo tanta experiencia que me puedes contratar para un show. No estoy ganando ningún dinero por esto, pero me queda bien. Si pudiera ganar dinero de verdad haciendo esto, abandonaría mi vida real. Me alegro de que nadie me haya hecho escoger entre mis dos vidas. Amo a mi novio, pero, si trata de hacerme abandonar mi vida como sirena, escogería la vida de Kitty-Madison la sirena.
CONTADO A CHARLOTTE BACKX
FOTOS, POR KITTY-MADISON AND GEERT VAN TOL
TRADUCCIÓN, POR GABI SIFRE
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