No fumar en Líbano

Puedes fumar casi en cualquier lugar en Medio Oriente. El güey que te prepara un sándwich fuma. Los gasolineros fuman. Las señora de 85 años que te cose la ropa fuma. Los niños de seis años fuman. En otoño pasado en Beirut, vi a un güey fumándose un cigarrillo mientras se subía al avión para su vuelo internacional. Así que hace poco más de un mes, cuando el gobierno de Líbano aprobó una ley que prohíbe fumar a puertas cerradas en espacios públicos, muchas personas estaban escépticas.

Pero la prohibición ha sido fuertemente vigilada. Esto es algo sorprendente, dado que Líbano sólo aparenta ser un estado funcional. La luz se va de forma regular en el país, y las zonas más pobres reciben sólo unas pocas horas de electricidad al día. Los francotiradores recorren los barrios de la segunda ciudad más grande del país, Trípoli, y las disputas entre familiares suelen resolverse con cuernos de chivo y lanzagranadas. Durante algunos enfrentamientos armados en Trípoli este verano, los guerreros y civiles dijeron que la negligencia del estado era una de la razones detrás de las crecientes tensiones en la ciudad, tanto como el sectarismo y la guerra civil en Siria.

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El periódico local, An-Nahar, publicó una caricatura de matones enmascarados con cuernos de chivo vagando libremente, mientras que la mano del gobierno señalaba con un dedo acusatorio a un hombre con una pipa de agua. Como dijera el sitio libanés Blog Baladi justo antes de que la ley entrara en efecto. “No veo cómo los cafés de Shisha podrán implementar esa ley, porque es como pedirle a los antros y bares que dejen de servir alcohol o poner música. Esta ley es una forma indirecta de pedirles que cierren sus negocios y despidan a sus empleados, lo cual suena más fácil de lo que es”.

Es difícil oponerse a una prohibición de humo en lugares públicos en un país como Líbano, donde el índice de cáncer de pulmón entre los hombres es de casi 16 por ciento por cada cien mil casos. Pero la pregunta es qué pasará con los pequeños cafés de hace décadas donde las personas se reúnen para hablar de política, jugar backgammon y fumar narguile. Hay cientos de cafés en ciudades y pueblos en todo Líbano, donde sólo sirven pipas de agua, té y café.

La prohibición dice que los establecimientos que rompan la ley serán multados con hasta 2,700 dólares. Algunos ciudadanos han comenzado a actuar como vigilantes, y patrullan sus barrios en busca de infractores.

Esta semana estuve en un pequeño café a unas cuadras de la Universidad Americana en Beirut, donde el dueño (quien me pidió que no nombrara su establecimiento) me explicó orgulloso que había logrado vencer la prohibición: “El gobierno no sólo no aplica la ley, muchos policías vienen aquí a fumar en horas de trabajo”. Me señaló a dos oficiales uniformados que fumaban una narguile y veían las noticias en una esquina. “Esta ley no afectará a los grandes establecimientos. Los únicos que sufriremos si empiezan a aplicar la ley seremos los pequeños empresarios como yo”, agregó.

El ligeramente moderno Tasty Café, en el distrito de Hamra en Beirut, se adaptó a la prohibición con la construcción de un patio al aire libre. Uno de los meseros me dijo: “Aquí estamos bien, mira todo el espacio que tenemos afuera”, para después agregar, cabizbajo, “pero por desgracia, los pequeños lugares en los que me gusta fumar tendrán que cerrar muy pronto”. Todas las noches, los jóvenes más adinerados se dan una vuelta por Tasty para disfrutar de un poco de humo afrutado.

A la vuelta de la esquina de Tasty, encontré al viejo Abu Hassan sentado en su ferretería, fumando cigarros como locomotora con unos amigos y clientes.

«¿Qué van a hacer, multarme por fumar mientras corto llaves?” preguntó. “He trabajado así toda mi vida. No aplican ninguna otra ley, ¿por qué habría de creer que harán que la gente deje de fumar? Todo en Líbano tiene su precio”, dijo desafiante.

El invierno se aproxima, y la lluvia y el clima helado terminarán por matar esos pequeños cafés de narguile cuando los fumadores ya no se puedan congregar en las banquetas y en los estacionamientos por horas. Pero esos repulsivos antros y bares de lujo, sobre los que suele escribir en «Beirut is Back!”, no tendrán ningún problema. Muchos clubes nocturnos piensan que dar mordidas es parte de hacer negocios.

Mientras tanto, los políticos más desesperados buscan enmendar la ley para designar áreas para fumadores en hoteles y restaurantes. Una caída del 50 por ciento en el turismo está destruyendo un sector económico ya fuertemente golpeado, y la presión aumenta por encontrar soluciones rápidas.

Los cientos de cafés de narguile en Líbano tienen otro par de meses para encontrar una forma de sobrevivir a los meses más fríos. Por ahora, todos tendrán que seguir fumando al aire libre en las calles de Beirut.

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