Esto me lo contaron hace tiempo. Un tipo –un conocido–, me dijo que se había masturbado dentro de un coche en movimiento, con sus padres dentro. La cosa es bastante sencilla pero a la vez totalmente aterradora. El coche estaba en marcha y el tipo estaba sentado en el asiento trasero al lado de su hermano pequeño, que estaba durmiendo cubierto con una chaqueta. Su madre, que estaba de copiloto, también se estaba echando una cabezadita y, por suerte, el padre, que estaba al volante, seguía despierto. Mi colega también estaba cubierto con una chaqueta (supongo que era invierno y hacía frío y todo eso) y de repente le invadieron unas irrefrenables ganas de masturbarse. Esto es algo que nos puede suceder a todos, en cualquier sitio. Puede ser por culpa de una imagen pegada en una pared, una persona que camina por la calle o un pensamiento fugaz. Cuando llega ese clic ya no puedes hacer nada, ya no hay vuelta atrás. Las ganas de masturbarse aparecen y desaparecen como el dinero en el bolsillo de un mal apostador, están regidas por algo más grande que nosotros, somos títeres de la libido. Fue entonces, sin poderse sobreponer al deseo carnal, cuando el tipo decidió darle un poco de caña al asunto. Observó bien el panorama y como la música de Enya sonaba a un nivel lo suficientemente elevado como para ocultar cualquier sonido inoportuno, decidió sacarse el cimbrel por debajo de la chaqueta que cubría todo su torso y convertirse en un masturbador.
Mientras los campos manchegos pasaban a su lado a 120 kilómetros por hora, mi colega estaba zambulléndose en un mar de deseos eróticos. En ese momento no estaba en la parte de atrás de un Seat, estaba en una suite en la luna con vistas a la tierra, rodeado de 12 chicas parecidas a Barbarella totalmente desnudas cuya única misión era la de producirle placer. De vez en cuando salía de la fantasía para vigilar que nadie se percatara de sus perversiones adolescentes. Todo salió bien, nadie se enteró de lo que acababa de suceder. Mi amigo se guardó el asunto y siguió durmiendo hasta llegar a su destino. Es difícil imaginar la extrema pulsión erótica que sufrió mi amigo, algo que le obligó a asistirse, con sus parientes a escasos metros. ¡Qué metros, centímetros! Además, el peligro estaba por todas partes. Normalmente intentamos ocultarnos como criminales cuando nos masturbamos, ese tipo se metió en la boca del lobo, se la jugó. Apostó su casa al rojo.
Videos by VICE
Pongámonos a hacer suposiciones. Puede ser que el hermano estuviera haciendo lo mismo. Quizás el hermano había sentido la misma necesidad y ambos estuvieran en la parte trasera del coche masturbándose a 120 kilómetros por hora. Es más, imaginad que la madre, de algún modo, también hubiera decidido masturbarse y que por su parte, el padre, estuviera siendo víctima de una brutal excitación causada por algún pensamiento perdido en su memoria, poseyendo en ese momento la polla más dura del mundo. Entonces, solo entonces, tendríamos ese momento maravilloso donde el núcleo familiar estaría formando parte de una orgía inconsciente bajo el manto sonoro de Enya. Ese momento sería algo totalmente bello y puro, el momento exacto en que una familia deviene más unida que nunca. Unión familiar absoluta. Equilibrio estelar. Belleza armónica. Todos habitando en un mismo estrato dimensional donde lo consciente y las normas sociales desaparecen y donde reinan los instintos primigenios y la libertad.
Volviendo al hecho en sí, yo creía que esto de masturbarse en un coche era una locura muy gorda. Pero por lo que parece el asunto es más común de lo que pensaba. Este fin de semana pasado estuve hablando con un tipo que conocí por la noche y le conté esta historia de la paja en el coche y me dijo que él también lo había hecho, además varias veces. En ruta y también con el automóvil detenido. Me contó el día en que, de adolescente, estaba de viaje con su familia y en un momento dado decidieron parar para comer algo en un área de servicio. Él se hizo el dormido y sus padres decidieron dejarlo en el coche. Cuando estos se fueron el coche se convirtió en el burdel más grande del mundo.
Una de las cosas que más me preocupaba era qué coño hacían luego con el semen. En ambos casos, sin ningún tipo de preocupación, me aseguraron que se limpiaron con los calzoncillos, algo muy habitual por lo que parece, algo que incluso hacían en su casa (¿estamos locos?). Lo que me quedó claro es que cuando un adolescente quiere masturbarse, lo hace. Sin importar el dónde, el cuándo, el cómo y el con quién.
Más
de VICE
-

Screenshot: Larian Studios -

Photo: ZamoraA / Getty Images -

Photo: ChrisHepburn / Getty Images -

Photo: iLexx / Getty Images