QUAKE INTERRUPTUS

En el momento del terremoto que convirtió a Lorca, España, en una autentica pesadilla para los de Google Street View, estuve discutiendo con mi novia via Skype.

-No te estoy acusando, déjame explicarte.
-Venga.
-Espera.
-¿Que espere? Pero Juan…
-No, espera, hay un terremoto.
-Por favor… Qué huevos tienes…
-¡De verdad!

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Los terremotos son muy inoportunos. Finalmente, mi novia creyó que en la parte más intensa de nuestra conversación mi silla empezase a sacudirse como un toro mecánico: salió en los periódicos. Estaba a 40 kilómetros del epicentro cuando mi casa se fue de rave. Se habla mucho de las consecuencias y se olvida algo importante: ¿qué dejaste de hacer cuando empezó? ¿En qué estabas pensando? Voy a Lorca a preguntarlo.

Los helicópteros sobrevuelan la ciudad, y no hay calle en que te libres del bacalao de las sirenas de bomberos y ambulancias. Cada pocos pasos tienes que esquivar un enorme cerro de escombros en medio de la acera. Anochece y me encuentro a un tipo gordito y con pinta simpática tomando un whisky en una terraza. Se llama Quique y trabajaba en su bar a la hora T. «Vente a verlo y te cuento.»

«El primer terremoto asustó a la gente, así que el bar se me llenó. Gasté una caja de tila en una hora. La réplica nos encontró con el bar repleto. Botellas cayéndome encima, en fin, el Apocalipsis. En la calle, una lluvia de piedras. Estuve repartiendo agua a la gente y ahora que no puedo abrir, estoy de voluntario dando comida. Si toca, lo doy todo. Aquí hay gente que ha perdido el negocio y la casa».

El pueblo está volcado en un aquelarre de solidaridad. Hay lágrimas, pero también risas. Se cuentan por ahí interrupciones insólitas: «Mi abuelo estaba sirviéndose un vaso de vino, y el terremoto le tiró todo sobre la mesa y la botella cayó al suelo.

Un metalero le coge la mano a la novia, y dice: «Con el primero nos sacamos de onda, y el plan seguía en pie. Íbamos a tomar cervezas, pero el segundo fue como un puto videoclip de los Maiden. Cuando mi colega se enteró de que su casa estaba en ruinas, dijo: joder, pues tenía 16 litros de chela en la nevera».

Se cuentan interrupciones increíbles. «¡Hacía skate y me pegué una putazote!» grita uno. «A mí me tocó en la ducha, enjabonado», dice otro. «Entrenando a los gallos de pelea, se volvieron locos». «Ha sido Dios». «Mi perro enloqueció y la mordió la cara a un niño». «Me estaban operando esta mano, los cirujanos siguieron con el techo cayendo encima».

imágenes y texto por JUAN SOTO IVARS

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