Hace un rato, al salir a la calle, me topé con un teporocho que traia un peda de dimensiones bastante respetables. Ya era tarde y había bastante gente en la calle, todos los fumadores que tienen que sallir a respirar su humo, cosa que entendemos y compartimos de manera absoluta. El teporocho se balanceaba con bastante dignidad y le miraba, encantado, las nalgas carnosas a una tierna pechuguita de no más de 19 años de edad. Aclaro todo esto para decir que las nalgas de esa mujer eran verdaderamente perfectas, de eas nalgas que se comparan con las mejores, pero que no pueden quedar en segundo lugar, un diez, de tallas bíblicas, de perfección olímpica. Carnosidad, firmeza, gallardía, actitud, frescura, todo y más, entendiendo por «más» todo aquello que la palabra no puede expresar ni aunque se muerda un huevo. Aquí una breve charla con este halcón de la noche.
Vice: Ey, ¿qué pedo? Estás hasta tu huevo…
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T: Ey…
¿Me das?
Simón,
Ay cabrón…¿es alcohol?
Ji ji ji, hija de la chingada….
Esas nalgas que estás viendo, están brutales mi hermano.
Esa hija de la chingada… no maaaames, rendoditas redonditas….así como para nomás ahí ver que pedo y luego órale a chingarle, hija de tu puta madre, órale cabrón…
Entiendo…
Dame un cigarrito… ¿no traes un cigarrito?…hija de la verga…
Toma
Simón, el cigarrito. Estoy….este…yo trabajo por aquí…pero no maaaames, así rendodintas redonditas, hija de su repinche madre. ¿Qué es esa chingadera?
Es mi grabadora
No qué grabadora no que la chinga a la verga, cabrón… hija de su puta madre…
Okey
Préstame diez varitos.
Toma
Cámara…hija de la re verga, !a la verga, cabrón¡ !te lo digo neta, cabrón¡ !De su pinche madre!
Te creo, neta, compa, no hay pedo.
Cámara…hija de la chingada…
Bueno, pues me lanzo, suerte.
Dame diez varitos.
Pero si te acabo de dar.
¡Hija de su repinche madre!
Texto y foto, por Árup Celé Terre
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