Dos gigolós nos hablan de sus cuitas

Esteban, escort masculino retirado.

Todos hemos oído hablar alguna vez de la profesión de escort masculino, pero casi nadie sabe lo que implica. Es realmente sorprendente lo poco que se conoce de ellos, el gran secretismo del mundo masculino comparado con lo mucho que se habla de las mujeres escorts. Por eso, decidí ponerme a investigar sobre este tema, para proporcionarte información de primera mano sobre su día a día. ¡Comencemos!

¿Qué función cumple realmente este profesional? Pues bien, un escort masculino es el encargado de dar placer a una mujer, pero no sólo en el aspecto sexual, también en el emocional. La característica principal de este tipo de amantes es que, además de ser guapos y estar bien dotados, son bien educados. Saben mantener una conversación con su clienta sobre algún tema de actualidad o de interés mutuo. En alguna agencia establecen una cita previa entre el escort y la clienta para ver si son compatibles para un encuentro mucho más cercano pero no tan fugaz. En esta cita sólo conversan, y algunas veces hasta van a comer o a cenar. Si todo va bien, quedan para un segundo encuentro donde habrá algo más que palabras.

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¿Qué es lo que busca una mujer cuando acude a un escort masculino? Algunas de las usuarias solo quieren divertirse, escogen a uno de los apuestos escorts entre la lista de la agencia que solicitan y pasan un buen rato con él. Sin embargo, esta no es la regla general. Otras veces las mujeres que recurren a este servicio buscan ser comprendidas y admiradas para elevar su autoestima, como el resto de la humanidad. Muchas de las clientas que van a buscar un escort, de manera totalmente anónima, son personas con puestos importantes, como directoras de empresas, o con mucho poder económico y que muchas veces tienen que tragar mucha mierda y lo que buscan es un momento de diversión y sentirse bien consigo mismas. Algunas incluso son vírgenes a sus 40 años. Esto es consecuencia de una educación retrógrada o de una sociedad que no las ha dejado ser libres. Por eso buscan una solución, y la mejor alternativa que se pueden encontrar es contratando a un profesional que las haga sentir cómodas y no una persona de la calle.

La mayoría de las usuarias sólo buscan este servicio para divertirse.

Esta es la gran diferencia que separa a las escorts femeninas del profesional masculino. Una mujer que trabaja en este mundo, en la mayoría de los casos no tiene necesidad de mantener una conversación con su cliente, ni de tranquilizarlo o comprenderlo. Esto se debe a que el mundo de las escorts femeninas se ve como algo «normal»; los hombres disfrutan contratar sus servicios y no se sienten culpables de hacerlo. En el caso de las mujeres sucede todo lo contrario: ninguna admite pagar a un escort ni quiere que se sepa. Para ellas, al igual que para la sociedad, es un tema tabú el hecho de que una mujer solicite a un profesional del sexo para satisfacer sus necesidades.

Esteban Fernández es un escort retirado que actualmente se dedica a dar masajes eróticos en Barcelona. Él nos comenta que, en un principio, parece muy sencillo dedicarse a este mundo, hasta que te das cuenta de que, a menos de que sea a través de una agencia, es difícil que las clientas te contacten. Las listas fijas de clientas no aparecen de un día para otro. «Las mujeres buscan la seguridad mediante el anonimato. No quieren que salga a la luz lo que están solicitando, por lo que contactan con la agencia que menos declaraciones públicas ha hecho sobre su servicio», explica un profesional de este tema.

Sin embargo, a pesar de estar envuelta en tanto secretismo, siempre hay historias divertidas que cuentan otros profesionales del sector (quienes prefieren permanecer en el anonimato). Aquí van algunas historias para que se vayan haciendo una idea de lo que se pueden encontrar:

La primera es de dos chicas jóvenes, de entre 25 y 30 años. «Me llamaron solicitando el servicio de un escort de raza negra, alto, con cuerpo atlético y bien dotado. La cuestión era que no tenían dinero para pagarle a dos tipos, así que me preguntaron si era posible contratar a un escort que pasara una hora con cada chica, primero una y después la otra. Yo se lo comenté al escort y éste, divertido, me dijo: ‘¡Claro que puedo!’ El tipo llegó al hotel de las chicas y éstas, nerviosas echaron un volado para ver a quién le tocaba primero. Molesta, la segunda salió al balcón para no escuchar los gritos de su amiga. Lo mejor de todo es que era invierno, hacía un frío que pelaba y se quedó fuera hasta entumecerse. Cuando su amiga acabó la faena con el escort contratado, la segunda chica entró y, al agarrarle las nalgas, al escort se le bajó la erección. ‘Estaba tan fría que no quería ni que me tocara’, comentó él. Al final, se metieron en la cama y él, como buen profesional, la abrazó hasta que entraron en calor y cumplió su misión. Lo irónico es que la chica que fue primero no se atrevió a salir al frío del balcón ¡y se quedó en medio del cuarto viendo cómo lo hacía su amiga!»

«Me llamaron solicitando el servicio de un escort de raza negra, alto, con cuerpo atlético y bien dotado».

Otra de las anécdotas divertidas le sucedió a Lucho, un escort masculino que también hace porno. Eso sí, no hay que confundir escorts con actores; son algo muy diferente, pero en este caso sí se trataba de un escort actor. «La historia sucedió en uno de mis viajes al extranjero con una de mis clientas; estábamos en Marrakech. Íbamos caminando por la ciudad cuando a ella se le antojó entrar a una tetería típica de la zona. Por casualidades de la vida, en el interior ¡estaba una de mis clientas constantes de Barcelona! Y para colmo, ¡iba con su marido! Me tuve que hacer pendejo, como si no la conociera, para que ni mi clienta ni el marido se dieran cuenta de que nos conocíamos. El caso es que en la noche me mandó un mensaje comentándome la buena jugada que nos habíamos echado en la tetería. Fue excitante y divertido para ambos».

La tercera anécdota le sucedió a un escort que ya está retirado. Unas amigas habían comprado una tarjeta SIM nueva para mandarle mensajes a otra amiga que vivía sumida en un matrimonio desde los 17 años. Tenía más de 30 y nunca había estado con otra persona, por lo que sus amigas decidieron darle un empujoncito para que tuviera una aventura. Llamaron a este escort para contarle el plan. Ellas chatearían con la clienta fingiendo ser él hasta que terminaran poniéndose de acuerdo para verse. Al final, el jueguito fue como ellas lo habían planeado: después de un par de meses de estar chateando, quedaron en verse una sola vez, en un hotel, con escasa iluminación. El trato era que cogerían ese día y todo se acabaría, para siempre. Ambos aceptaron, y después del encuentro nunca más volvieron a contactarse. Por su parte, el escort sí tuvo noticias. Las amigas le comentaron que la mujer casada ¡era otra ! Era mucho más simpática, extrovertida y que incluso su relación de pareja había mejorado.

Como ven, hay anécdotas de todo tipo donde mujeres de 20, 30, 40 o 50 años deciden disfrutar de su sexualidad contratando a un profesional que las pueda comprender y hacer sentir bien, sin juzgarlas ni criticarlas. El problema, quizá, sea que la sociedad todavía no esté preparada para admitir esta necesidad; el mundo del escort masculino sigue ocultándose de la vida pública. En nuestra sociedad, los hombres pueden conseguir sexo cuando y con quien se les antoje, pero las mujeres tienen que hacerlo discretamente y a escondidas. ¿Hasta cuándo va a durar esta situación?

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