Baby Dee is a singer-songwriter-harpist-pianist with a voice like an angel who fell from heaven. She has played with Current 93 for a while now, and she just put out a solo record of strong and sad and pretty songs on the Drag City label.
Baby Dee es una cantante, compositora, arpista y pianista con voz de ángel caído. Hace un tiempo que toca con Current 93 y acaba de sacar con el sello Drag City un disco en solitario de canciones bellas, tristes y poderosas.
Matt Sweeney es un estajanovista de la música y uno de los mejores guitarristas del mundo. Ha tocado con todo quisqui, desde Will Oldham a Cat Power y Johnny Cash. Conoció a Dee durante la gira de Current 93, en la que ambos participaban, y entablaron amistad. Matt, junto a Will Oldham y Andrew WK, acabó viajando a Cleveland para colaborar en el nuevo proyecto musical de Dee.
He aquí lo que charlaron entre ellos sobre cosas varias.
Matt Sweeney: Dee, ¿recuerdas cuando quedamos en Cleveland por primera vez y fuimos a ese restaurante italiano y tomamos unas copas en el bar? ¿Podrías describir qué lugar creías entonces que tenía tu música en el mundo?
Baby Dee: Lo recuerdo. Ya habíamos hecho las pruebas de sonido y, además de ser mi primer bolo como arpista y vocalista, la chica que se ocupaba del sonido no tenía ni idea de cómo ajustarle el micro al arpa y yo no conseguía oír mi voz. Parecía como si el micrófono estuviera apagado. ¡Y encima se atrevió a sugerirme que tomara lecciones de canto!
Me sentía terriblemente fuera de lugar, pero la situación iba tan sumamente mal y yo estaba tan perdida que aquello me sirvió para darme cuenta de que no había ningún lugar al que yo sintiera que pertenecía. Justo estando sentada frente a ti en la mesa me vino el pensamiento que me ha mantenido en activo durante los siguientes tres años. Es como mi mantra: “¡Si no eres de ninguna parte, puedes tocar en cualquier parte!”.
Entonces era la primera vez que interpretabas aquellas canciones para un público rockero, ¿no es así? ¿Guardas algún recuerdo especial del concierto?
Recuerdo que tanto Will Oldham como yo llevábamos pantalones con estampado de leopardo. ¿Qué te parece?
Apareciste con un camión lleno de trastos. ¿Para qué era todo aquel equipo?
Probablemente fuera mi equipo para trepar árboles. Era el final de mi carrera como escaladora. Unos meses atrás me había subido a un árbol y, con el peso, éste había cedido y había caído sobre una casa. Eso me dejó fuera de combate. Regresé a casa el mismo día en que ocurrió y le envié un mensaje a todo el mundo que creí que podía ayudarme a volver al negocio de la música. Una de las personas con las que contacté fue David Tibet de Current 93 y probablemente fue así como acabé haciendo de telonera para Will en Cleveland.
¿Es de eso de lo que trata la canción “The Only Bones That Show”?
Sí, va sobre toda esta historia de trepar árboles, de los nudos y los puntos más duros. El nudo As de Guía es un nudo maravilloso, uno de los mejores inventos del mundo. Pero esa canción va de los malos tiempos en general. Me encantaba el mundo de los árboles, pero es un mundo en el que, cuando sucede algo malo, es terriblemente malo.
La frase sobre el conejo que sale de la madriguera, rodea un árbol y regresa a su madriguera describe cómo se aprende a atar un nudo. La parte del nudo en la que el conejo da vueltas en torno al árbol se denomina “seno”; técnicamente, se trata simplemente de un lazo con forma de U. En cambio, en el As de Guía es donde se acumula toda la tensión. Ese punto de tensión es lo que hace que el nudo resista. Esa ínfima parte es la que aguanta toda la fuerza. El seno es la parte mágica del nudo As de Guía.
Para mí, el álbum va sobre el interior y el exterior, sobre lo real y lo imaginario, sobre lo aparente y lo oculto. “The Only Bones That Show” versa sobre lo puta que puede llegar a ser la realidad.
En “Compass of the Light” cantas desde el punto de vista de una abeja que interpreta el “baile de los ochos”. ¿Qué es eso?
Las abejas son asombrosas. Si una abeja sale en busca de alimento y encuentra un lugar magnífico, regresa a la colmena cargada de néctar y polen e interpreta un baile describiendo la forma de un ocho. En función de la orientación con respecto al sol que adopte (las abejas saben en todo momento dónde está el sol) y de la velocidad con la que bata sus alas, las demás abejas de la colmena saben exactamente dónde ir y qué pueden esperar encontrar allí. Puede estar a kilómetros de distancia. Creo que para una abeja ese momento de la interpretación del baile del ocho debe ser el eje en torno al cual gira toda su vida. Las abejas son como espíritus diminutos. Me chiflan.
CONTINUED
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