Hay algo muy excitante en los aplausos del público, todas nuestras manos moviéndose en perfecta sincronía, llenos de deseo por el regalo que estábamos a punto de recibir. Un regalo divino, limitado por el lenguaje humano. Sentado en primera fila, en el centro y vestido con mi impermeable, comencé a sudar de nervios. El público, niños en su mayoría, gritaba al unísono «¡Queremos al Blue Man!» Pero yo no quería solo a uno. Yo los quería ver a todos.
Sostener la mano de un hombre moribundo, ver la curiosidad en los ojos de un bebé cuando sostiene tu dedo, derribar un árbol y construir una casa con esa madera, son cosas muy insignificantes en comparación de el poder de ver a The Blue Man Group. Entenderlos es ver un teatro de opuestos. Al verlos con sus tambores y sus charcos de pintura, me siento morir, sin embargo, nunca antes había estado tan vivo. Mientras uno de los azules se mete 26 bombones a la boca, siento algo que ninguna palabra del idioma puede describir, entre los Inuit, se le conoce como «pibloktoq», una condición en la que el reflejo peristáltico funciona al revés y uno comienza a defecar por la boca. Mientras este vómito cae en mis manos temblorosas, le doy mi espalda al escenario, avergonzado. Los Blue Men me sonrieron con compasión y tocaron con más fuerza sus tambores. Tocaron tan fuerte que derrumbaron la cuarta pared y el público se convirtió en ejecutante y el ejecutante, parte del público, y todos los caballos y hombres del reino no podrán reparar esa pared. Nunca. Me han electrocutado. Me hicieron una lobotomía. He bebido el ciceón de Eleusis y renací con una placenta colgada de mi cuerpo desnudo y vulnerable.
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Y me río. A veces me río tan fuerte que siento que me voy a morir. Hay 43 músculos en la cara y siento cada uno de ellos contraerse simultáneamente en una agonía tetánica. Mis ojos están hinchados, hay lágrimas tibias corriendo por mis mejillas. Trato de jalar aire, pero mis pulmones dejaron de oxigenar mi sangre. El tiempo se detiene, uno de los BMG tiene un mazo en la mano y otro esta haciendo algo raro con una pipa. Estoy solo en un vacío, solo con tres hombres azules. Siento el mismo placer aterrorizado que uno siente cuando se ahorca con un cinturón hasta que llegas al orgasmo con los sentidos bastante perdidos, y después el mazo golpea el tambor y regreso a la vida, el ritmo cumpliendo la función de masaje cardiaco. Me río del universo, tembloroso, con insectos congelados debajo de toda mi piel.
Si muriera en este instante, podría decir honestamente que lo hago sin arrepentimientos. Que he llegado a un punto muy alto en la experiencia humana, al igual que he cosechado valles enteros de desesperación, y de esto he emergido victorioso, electrificado por mi adoración sin paralelo de este grupo de hombres azules.
En un punto, lanzan gelatina al público, me golpea en la cabeza y le cae en las manos al niño de enseguida. Decir que esto me ocasionó un orgasmo es decir que el Retrato de Adelee Bloch-Bauer de Klimt es un garabato de un preparatoriano. Fue como si mi orgasmo tuviera un orgasmo. Fue un metaorgasmo de tal ferocidad que el contenido total de la habitación fue absorbido dentro de mi escroto, solo para ser eyaculados posteriormente sin perder un solo respiro. A través de esto pude entender que los humanos se unen por una y solo una cosa. Ritmo. El palpitar de un corazón, el momento diastólico entre dos sístoles eternas. Soy un títere de sombras de Bali, un candelabro, una silla de jardín, una esfera de iluminación.
Una mujer muy gorda en un impermeable frente a mi, calla continuamente a los niños alrededor mientras que BMG toca Whip It con tubos de PVC. Me emociono tanto que arranco mi ropa y comienzo a bailar. Bailo con salvaje abandono, pasando por las filas y gritando con mi primitivo lenguaje corporal. Me río y me convierto en miles de garzas de origami que hago llover sobre el público, agradeciéndoles en miles de idiomas diferentes. Desnudo frente al mundo sin nada de que avergonzarme por que todo, nuestros sueños y pesadillas, son conocidos por estos hombres de azul que sonríen y tocan tambores con pintura. Lloro lágrimas de gratitud. Lavo sus pies con mi cabello. Les ofrezco darles todo, y eso lo saben, por eso me piden nada.
Namaste.
Blue Man Group
434 Lafayette
$25.00
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