Operación Triunfo ha demostrado que la cultura del odio ha pasado de moda

La Generación Z está muy por encima de los estereotipos manidos de la televisión.

|
27 noviembre 2017, 10:25am

Foto cedida por RTVE

En un año nefasto como ha sido este 2017, alguien nos ha dado lo que estábamos pidiendo a gritos. O al menos... una parte. Nos ha dado a jóvenes como nosotros, con los que nos sentimos identificados: nos ha dado Operación Triunfo 2017.

Un grupo de chavales que, además de cantar, hablan sobre la transexualidad, las relaciones abiertas y los sobacos sin depilar. No son unos eruditos de la música pero tampoco unos mancos. Llevan camisetas a favor del feminismo o alabando la labor de ProActiva Open Arms, la ONG que se encarga de rescatar a los refugiados que acaban en el mar.

Hasta el momento, los jóvenes que nos mostraban en televisión se odiaban unos a otros, querían cambiar de aspecto físico, seleccionaban un trozo de carne con el que tener una cita entre un abanico de pretendientes y gritaban cosas como: “¿Qué no?, ¡te digo yo a ti, que sí!” (¡cuántas Dakota han pasado por Hermano Mayor!). Por ello florecieron los youtubers. Toda esa audiencia joven que no se sentía representada por los jóvenes que veía en la televisión y que se sentía asqueada por todo ese tipo de programas recalaba en ellos en busca de alternativas. Pero de repente... vuelve OT a la televisión. Y lo hace por todo lo alto.

Su canal 24h es Trending Topic en Twitter prácticamente cada día

Si los jóvenes estamos en YouTube, vayamos a YouTube. No era tan complicado. Su canal 24h es Trending Topic en Twitter prácticamente cada día. Hacemos ejercicio con Magalí, la profesora francesa de fitness, desayunamos aguacate en honor a la ya expulsada Mimi, alabamos al realizador que hace fundidos horterillas entre planos y nos ponemos nerviosos antes del pase de micros. Seguimos su vida con la misma intensidad con la que se leen los diarios de Virginia Wolf, Anaïs Nin o Ricardo Piglia.

Si admirábamos aquella entrada de Kafka en su diario que rezaba “Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar”, ahora lo hacemos con el “Me encanta mirar a los aspersores” que un día soltó Amaia en la terraza.

La forma de este nuevo OT 2017 ha cambiado y el fondo, también. Los fiesteros, los tróspidos, los pasados de vuelta habían sido siempre los elegidos para dar caña, crear polémica y aportar “vidilla” a cualquier reality. Pero los triunfitos, esta vez, son muy diferentes y muy normales al mismo tiempo: humildes, simpáticos, carismáticos, sencillos, que no se despeinan si tienen que pedir perdón, tolerantes, comprometidos y, muchos de ellos —que también es importante— músicos. Su buenrollismo se contagia automáticamente a los espectadores.

Los triunfitos, esta vez, son muy diferentes y muy normales al mismo tiempo: humildes, simpáticos, carismáticos, sencillos

Pero si algo hemos aprendido con Operación Triunfo es a shippear, es decir, a implicarnos emocionalmente con lo que estamos viendo en el programa: Agoney y Ricki, Mimi y AnaWar, Cepeda y Aitana... pero sobre todo Amaia y Alfred.

“Caddy olía como los árboles cuando llueve y como cuando ella dice que estamos dormidos” es una cita de El ruido y la furia de William Faulkner y que a mí me recuerda a cualquier momento de #Almaia en OT. Porque Amaia "de España" y Alfred "de Catalunya" han logrado que los jóvenes volvieran a salir con las banderas blancas al balcón.

Cuando parecía que no íbamos a vivir algo como lo de Chenoa y Bisbal de nuevo, llegan ellos, tan raros y tan maravillosos contagiándonos su amor por la música y lo que no es la música.

Hemos vivido su idilio con ellos desde el principio: se nos encogió el corazón cuando cantaron “City of stars” en el piano y a cuatro manos, aquella vez que Alfred le regaló unas cuerdas de guitarra a Amaia, cuando ella le abrazó mientras él estaba con los ojos vendados, el pico que se dieron y que nosotros quisimos diferenciar del resto que hubo en esa sala y cuando se dijeron una mañana que se habían despertado porque el otro estaba despierto.

Cuando parecía que no íbamos a vivir algo como lo de Chenoa y Bisbal de nuevo, llegan Amaia y Alfred, tan raros y tan maravillosos contagiándonos su amor por la música y lo que no es la música

En cuanto a la música, los profesores, por su parte, parecen hechos a imagen y semejanza de sus alumnos, y por fin vemos al profe guay de instituto; joven, que va en zapatillas y utiliza métodos educativos poco ortodoxos; un papel que representan Javier Ambrossi y Javier Calvo con sus camisetas de “Protect Trans Kids”. Los creadores de la obra de teatro y película La llamada y de la serie Paquita Salas tiran cojines a los concursantes mientras cantan o les invitan a poner solución a sus conflictos.

Por su parte, Guille Milkiway, el nuevo profesor de cultura musical de OT —y otro que se ha sumado al clan de profesores molones— enseña a los triunfitos que uno no debería encasillar la música en un estilo concreto. Que copiar o inspirarse de otros artistas tampoco es malo y que un friki como era Buddy Holly es y era el tipo más guay del mundo.

Que la historia tiene sepultadas a grandes mujeres músicos como Sister Rosetta Tharpe. Y que ellas son responsables, por ejemplo, de que conozcamos a Elvis por el famoso “Hound Dog” que compuso Big Mama Thornton. Que los Chemical Brothers es “Tomorrow never knows” de los Beatles en bucle. Que los Beatles son artífices de prácticamente todos los estilos y que con ellos, el productor Phil Spector, creó una nueva forma de escuchar música a través del muro de sonido.

Estos profesores han eliminado el esnobismo de Operación Triunfo. Los chicos de OT cantan “Georgia on my mind” de Ray Charles pero tampoco reniegan del “We’re all in this together” de High School Musical con el que se han criado. Pudo parecer que estábamos escuchando a Silvia Pérez Cruz cantar en Radio 3 cuando Amaia se arrancó a tocar en el piano un zorongo de Lorca mezclándolo con una pieza de Albéniz. O cuando El Kanka visitó la Academia y repitió una y otra vez que no sabía muy bien que hacía él allí, pero que le molaba todo.

La Academia no es un internado donde adoctrinan a los alumnos, ya no les obligan a cantar canciones que no les gustan. Si Aitana pide “Con las ganas” de Zahara, se la dan. Y si Alfred cantó "Amar pelos dois" en su casting porque es una canción que para él tiene mucho significado, ¿por qué no dársela para que la mejore durante su estancia en OT? ¿Por qué no facilitar y apoyar los intereses y las virtudes de cada alumno en vez de insistir en crear “aprendices de todo, maestros de la nada”? A los espectadores se nos ponen los dientes largos al ver los buenos resultados que da un sistema de educación libre.

La Academia no es un internado donde adoctrinan a los alumnos, ya no les obligan a cantar canciones que no les gustan

Es verdad que #Almaia se nos empieza a ir de madre y que el fanatismo que existe alrededor de OT es muy loco. Pero también es verdad que últimamente leo en la prensa firmes declaraciones sobre protocolos sexuales precisos o poetas que están siendo sobrevalorados y que me hacen preguntarme quienes son, en realidad, mis referentes. Que igual ya no hace falta que sean escritores de más de cincuenta años o cantantes con firmes raíces jazzeras.

La cultura del odio está pasada de moda. Y OT lo ha demostrado. Así que, no jodan la marrana, que haré lo que me de la gana, lo que me salga de la po-po-po sha-la-la-la y veré el 24h en YouTube hasta que termine la edición y vuelva a mi vida normal.

Más VICE
Canales de VICE