Descifrando a Ejival
Fotografía cortesía Ejival

Descifrando a Ejival

Noisey Colombia platicó con un personaje clave para la música independiente de las últimas décadas en México y el mundo

Google nos ofrece 27000 resultados donde aparece esta palabra que no existe. Pero menos mal, salimos de la duda y entrevistamos a uno de los pivotes creativos más destacados de los últimos veinte años en México.

En el mundo de la electrónica mexicana y por qué no, de la latinoamericana, el nombre de José Enrique Jiménez Valdez o mejor Ejival tiene un relevancia única. Las etiquetas se quedan cortas cuando se trata de buscarlo o saber a qué se dedica. Si bien desde el año 2002 está tras el sello discográfico Static —con el cual ha publicado 92 referencias entre discos compactos, vinilos y digital—, su trabajo con la música le ha permitido escribir de ella en portales, revistas y hasta en libros. Un texto clave está en el libro Paso del Nortec, publicado en el año 2004, en éste se cuentan la historia y los detalles de ésta, una de las aventuras sonoras más destacadas de las últimas dos décadas.

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En la actualidad, Ejival sigue con el sello y busca música todo el tiempo. Además está enfocado en proyecto de cerveza artesanal en Tijuana y conduce un espacio radial llamado Himnos para la Deriva en Ibero Radio de Ciudad de México. Pero también hace labores de curaduría en la edición mexicana del festival Mutek y en el festival NRMAL también está presente en diversas labores.

En días pasados, Ejival tuvo un rolin´ por Colombia. Estuvo en Bogotá y Medellín como tallerista de Perro Ruidoso, un espacio dedicado a la gestión y reconocimiento de las prácticas artísticas independientes. Pero no podíamos dejarlo ir sin hablar y sacar de él unas palabras sobre su aprecio por la cultura electrónica, sobre ser fronterizo en México y sobre las inquietudes alrededor del continente por parte de alguien que está en el lugar más arriba del mapa donde se habla español.

¿Cómo describes la tradición musical de Tijuana como un lugar que en el mapa musical mexicano ha dado rock y electrónica, dejando una huella distinta a lo que se hace en otras ciudades como Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey?

Tiene que ver con la condición fronteriza. Teníamos un asiento privilegiado. Conciertos en San Diego estaban tan solo cruzando la frontera y en las ondas de radio había música que no llegaba a Ciudad de México. Quien se interesara en esto podía conseguir equipos al otro lado de la frontera. Todo esto antes de la época de internet. Teníamos información más actualizada. Pero lo que no era fácil era grabar y producir. Era muy costoso.

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Fue bien casi llegando al año dos mil que se hicieron las primeras grabaciones de bandas como Nona Delichas. Encontramos un estudio a quince minutos de la frontera, donde nos daban un buen precio para grabar.

¿Y cómo sucedió entonces que surge el primer sello Nimboestatic?

Hay muchas historias de bandas en Tijuana que sonaban muy bien, pero que no salieron bien porque no grabaron. O grabaron y no se publicó. Los problemas tenían que ver con que no había una profesionalización de la actividad. Todo terminaba en historias de amateurs.

Conociendo esas historias, hicimos todo lo posible por evitarlas. Y ya había programas y tecnología para grabar en casa; se redujeron los costos. Se hicieron grabaciones en casa o en estudios pequeños. Esa fue la razón por la cual me atreví a sacar esos high tech demos como les decía yo. La idea del sello es que fuera una plataforma para que bandas como Nona Delichas, Aural, Sonios y otras fueran grabadas por un sello más grande.

¿Y eso pasó?

No, no pasó nada. Yo me llevé esos discos a Ciudad de México y si ya era difícil y caro ir allá, más lo era ir con una banda. También tiene que ver con que México es un país muy centralista. Todas las decisiones se toman allá y al resto del país, lo ven como provincia. Es como si estuviéramos todavía en la colonia.

Eso hace que la gente que estaba en las multinacionales como EMI, Sony o Universal firmara bandas de esa ciudad. A mi me dijeron. “Firmamos grupos de la Ciudad de México, que hagan música que nos guste y que sean nuestros amigos. No queremos batallar com grupos de provincia porque sale muy caro.” Por eso el trabajo alcanzaba a ciudades como Guadalajara y Monterrey, pero nada más.

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Por eso Julieta Venegas se tuvo que ir a vivir a Ciudad de México. También lo hizo Tijuana no! Es rara la banda del norte de esa época que fue grabada. Estaban los grupos de la avanzada regia como Zurdok o Plastilina Mosh y ponte a pensar, eran amigos de Camilo Lara. Y de Guadalajara cosas como Azul Violeta, Sombrero Verde (que luego sería Maná) fueron bandas con una estrecha relación con la capital.

Todo era un caos. Pero había alegrías como ver que los discos salían reseñados como los mejores del año, junto a esos discos de las multinacionales. Era satisfactorio ver que un disco que habíamos hecho por dos mil dólares, estaba en primer o segundo lugar junto a esos de grandes presupuestos, discos de millones de dólares. Por lo menos hubo gente que reconoció ese talento.

Luego vino la gran explosión de Nortec, como movimiento estético en el que había música, diseño y una especie de reivindicación. ¿Cómo viviste eso?

Creo que eso fue el resultado de un trabajo que venía de tiempo atrás. Pepe Mogt, Ramón y los demás, venían trabajando desde los ochenta haciendo música. Habían grabado y prensado. Me acuerdo muy bien haberme acercado a ellos para que le hicieran una remezcla para la banda Nona Delichas. Ya ellos estaban buscando otro sonido, porque ya llevaban años imitando a sus héroes y esto no los llevaba a ningún lado.

Todo confluye entonces. Ellos encuentran un estudio con una gran cantidad de samples de esta música. Yo recuerdo que les presté el disco de Mike/Ink llamado Las Vegas y ellos ponían esos samples de música norteña. Hubo otros ejercicios similares y a la par la audiencia crecía cuando se hablaba de música electrónica. Se pasó de hacer fiestas de quince personas a unas de cinco mil. Y de nuevo el factor fronterizo permitía que se pasara a Los Ángeles fácilmente.

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Tijuana comenzó a estar en el mapa. Periodistas, promotores, antropólogos culturales iban a la ciudad a ver qué pasaba. En ese entonces se decía que Tijuana era la nueva Berlín.

Luego le diste paso a Static Discos, el sello con el que completaste quince años. ¿Cómo decidiste eso?

Nortec ya tenía un hype. Pero había otros productores de los alrededores que no estaban en eso y que también estaban haciendo cosas muy buenas. Estaba Fax (Rubén Tamayo) de Mexicali y Fernando Corona, quien había sido de Nortec, pero se había retirado y tenía ya sus proyectos Terrestre y Murcof. Esto fue el inicio.

Teníamos la pretensión de hacer un sello como Mille Plateaux y que marcara otra tendencia. Y eso nos sirvió además para hacer un contacto con la gente de Mutek, quienes se dieron cuenta que en México había algo sucediendo y ya ves, ya van más de quince años con esto.

En la actualidad, sonidos como el reguetón, el global bass y el trap tienen una base electrónica grande; además se han masificado. ¿Pero qué pasa con iniciativas de esa electrónica distinta hecha en el continente?

En Static nos dimos a la tarea de sacar muchas cosas. Quisimos ser más eclécticos, como lo fueron los sellos Mute, Factory, 4AD o hasta el mismo Warp. Warp tiene hasta grupos de rock feos.

La gente que escuchaba Minimal Techno se decepcionó. Pero nosotros nunca quisimos estar en las tendencias. Y así como sacamos electrónica, pop, experimentación, en Static tenemos una preferencia donde reconocemos unos valores de producción y una relación casi que de noviazgo con los artistas.

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Y ahora con ese auge de la cumbia digital y de artistas que salen a tocar con ponchos con motivos indígenas, sintetizadores con colores y con cantos nativos, ¿cómo sientes esa tendencia de la electrónica latinoamericana?

Vengo de una frontera, crecí escuchando otras cosas. No escuché cumbia. Es muy ajeno a mi. En las fiestas familiares, tenía más relación con la música sinaloense que con la cumbia o la salsa.

Me sorprende que sea popular. He escuchado pocas cosas que sean interesantes. Yo descubrí algunas de estas cosas ya siendo mayor, al escuchar mucho jazz afroantillano. Puede ser repetitivo, pero eso mismo podrán decir del techno. He escuchado pocas cosas que me sorprendan de cumbia con tecnología. Tiene que ver con el uso que se le da lo equipos; tal vez por eso el proyecto de Dub de Gaita que tienen ustedes y en el que estuvo Adrian Sherwood me llamó mucho la atención.

Hay cosas de Zizek como El Remolón o Chancha via Circuito que me gustan, pero no porque las busque; porque me llegan.

Creciste en una época en la cual comprar un disco era todo un ritual. Ahora con la facilidad de encontrar a través de internet torrents o páginas de descarga la música, ¿qué relación tienes con ella?

Ahora con toda esta facilidad, no logras a veces hacer esa conexión con la música. Antes comprabas un disco y lo presumías, lo llevabas de paseo por la calle, lo discutías con tus amigos…. era parte de un ritual. Pero ahora si ya tienes toda la música del universo en una USB, ¿qué relación tienes con eso?

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Pasa además que hay discos con los que tienes más relación que con las personas. Por ejemplo, en mi caso, con Secrets of the Beehive de David Sylvian.

La cuestión de los Mp3 y descargas nos dio muy duro en Static. Fuimos sustentables por unos dieciocho meses. Esto nos dio en la torre. Teníamos distribución en Japón y otros países. De repente se dejan de vender los discos y pasa entonces que quedamos súper endeudados con quince discos que tenía nuestro distribuidor.

Si antes tenías que buscar mucho porque no había nada, ahora también tienes que buscar mucho porque tienes todo a la mano. El año pasado tuve un gran problema: pocas cosas me gustaron. De todo lo que escuché, con poco me quedo. Nunca me había pasado.

Antes escuchaba un disco a la semana. Pero ahora no puedo hacerlo con más de quince o veinte. El trabajo también ocupa mucho espacio. Tengo Spotify, me mandan discos, pero poco me engancha.

¿Qué te enganchó ahora?

Soy muy fan de The Clientele y Destroyer. Cosas así. Va a lo que va.

Por el lado de programa de radio, sí tengo que estar buscando cosas experimentales. Y en el trabajo con Mutek me toca estar muy pendiente de las cosas que salen en el país.

¿Sientes que hay una realidad o una movida electrónica latinoamericana?

Cuando esto comenzó, los grandes centros de producción cultural electrónica como Berlín, Londres, Nueva York, Chicago o Los Ángeles, miraban las cosas con escepticismo. Escritores y medios no se interesaban en esas producciones. No lo miraban con atención. Yo sentía un rechazo porque no venían de lugares donde se hacían cosas.

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Ahí si Latinoamérica no tiene frontera alguna con ellos, por lo que era una mirada de extrañeza.

Tal vez esto está cambiando, luchar contra esas ideas de que si algo venía de Colonia era bueno, pero si venía de Tijuana o Ciudad de México, no…Cuando llevaba esos discos a festivales como Sónar y Transmediale y otros festivales europeos patrocinados, la recepción no era la mejor. Me fue mejor en festivales comunitarios en Estados Unidos como Decibel o Community, donde había una mayor recepción.

Pero el eco no estaba en los medios. Uno venía y mostraba cosas que eran iguales o mejores que cosas que se hacían en Berlín o Londres, pero tal vez ese no era un buen argumento para ellos.

¿De colectivos como NAAFI en los que hay fiesta y trabajo con galerías y otros espacios, qué encuentras?

A ellos les ha funcionado, tienen conexiones con marcas, eso les ha permitido crecer. Usan los recursos que tienen a la mano para hacerse notar.

Lo que me preocupa es la falta de producción musical. No quiero usar la palabra igual, pero se siente muy parecido.

No sé cómo decirlo; es como que todo está muy gentrificado. No se salen de un parámetro. En términos de la apreciación, me entristece ver que la música se deja de fondo. Es lo que siento.

¿Ante toda esta avanzada digital, te sientes tentado a publicar de nuevo en físico?

Es una pregunta que nos hacemos en Static. La gente no apoya. Para cualquier artística el editar físicamente es un placer, pero la realidad económica es distinta. Los asuntos de distribución y mercado van en contra de todo esto. Y no se encuentran en las nuevas generaciones personas que tengan ese aprecio por los objetos. Acabamos de sacar dos casetes, el de Braulio Lam y Machino. Son solo cien copias y nos tomó tiempo y presupuesto y no se han vendido del todo. Pero ahí están.

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Ya no se encuentran los discos en el supermercado al lado del arroz o fríjoles.

¿Cómo se acercan las nuevas generaciones a una plataforma como Static?

Es de varias formas. Con Grenda, me gustó que su padre, Ramón Bostich no supo decirme cómo sonaba, Me dijo que era algo como Hip hop fantasmal. Con Braulio tengo una gran relación porque es un gran seguidor de la música electrónica experimental de los años 1997 a 2002. Se la pasa buscando esos discos en Discogs y me manda fotos de lo que consigue. Lo conozco desde muy chavito.

A Gaspar Peralta lo conocí por un sello llamado Otoño en Hiroshima. Lo invité sin conocerlo a Mutek y pronto lanzaremos algo de él. Y también está lo de Transgresor Corruptor que es Yamil Rezc. Él ha producido gente como Julieta Venegas, Hello Seahorse y Pepe Aguilar. Y es muy bien músico.

También la gente se acerca a nosotros. Y eso nos gusta.

¿Con Himnos para la deriva, cómo haces para mantener la inquietud sonora?

Con Ibero Radio tengo una buena relación. Cuando iba a la Ciudad de México me entrevistaban y me propusieron hacer un programa. Cuando me dijeron que me daban un espacio los sábados a las dos de la mañana, sentí que podía hacer lo que quisiera. Grababa sonidos de la ciudad, los mezclaba con música ambient, experimental y me salía del esquema de la radio locutada.

No sabía a qué le apuntaba, pero me daba mucha libertad. Luego me dijeron que me cambiaban el horario, a los miércoles a las once de la noche y tuve que cambiar el formato. Tocó ser más amigable, pero meto mis goles

Es algo que me mantiene inquieto y vigente.

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Siendo Ejival una persona que ha hecho tanto por Tijuana y la electrónica mexicana, en esta ocasión también vino a hacer cosas en Bogotá y Medellín. Su intervención en el taller Perro Ruidoso, le permitió empaparse de las inquietudes creativas de las nuevas generaciones colombianas.

Ojalá las visitas se hagan más frecuentes y el intercambio latinoamericano se extienda. Es el tiempo de que otros lugares y centros creativos se den a conocer de otras maneras. Y para eso estamos.