PAGO POR VER

El concepto de las citas debería cambiar un poco. Es mil veces más fácil llegar tarde, es tan fácil que uno puede calcular su retraso e incluso hacerlo coincidir con el momento de la cita, hecho todo esto de la forma más natural, sin presiones ni nada. Pongamos mi caso por ejemplo, cuando se me hace tarde siempre llego o a los 15 o a los 30 minutos, nunca más, nunca menos -doy por hecho que entendemos que «nunca más» «nunca menos» no implican el obvio margen universal de +-10 que nos da cualquier punto en las manecillas del reloj. Pero bueno, hay cosas que por más simples que a uno le parecen sencillamente no se verán materializadas jamás.

Así fue como esta mañana abordé el taxi, pensativo, reflexionando seriamente en que nuevamente iba a llegar tarde a un lugar, exactamente 15 minutos después de la hora acordada, exactamente, como siempre. Bueno, en realidad era 17 minutos después, pero con el margen universal de +- 10 se cierra el «retraso» en 15 minutos.

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No recuerdo cómo se llama la calle por la que iba justo antes de llegar al mi cita, pero recuerdo que había mucho tráfico, y que en un alto el policía de una grúa bajó durante el alto para armarla de a pedo a una persona que manejaba un coche ochentero. La persona resultó ser un anciano, ojiazul, cabello super cano, parecido a José Luis Cuevas. José Luis Cuevas sencillamente explotó, montado en cólera bajó del auto y con todo el freestyle que las canas pueden dar, con esa elasticidad verbal que los años no quitan y que, al contrario, parecen ejercitar, refrescó la persona del oficial de cuanta manera podría haber sido posible, aderezándola con afectuosísimos refrescos para su familia también. Los gritos del señor eran lo más real entre todo el paisaje, entre edificios, autos, gente, tiendas, el emputamiento de este anciano brillaba con el aura de lo auténtico.

La pericia del señor hizo que el policía regresara  a la camioneta y subiera los vidrios, lo mismo hizo su pareja, al volante del remolque.

«¡No subas el vidrio hijo de tu puta madre, pendejo!

El señor regresó a su auto para salir de nuevo más de tres veces y repetir toda la terapia, al final se alejó con el siga y no pasó nada más.

El suceso dejó a todos los que lo presenciamos, hinchados de energía, diría inclusive, alegres, con sonrisas en nuestros pálidos color rostro. Esto motivó al taxista a contarme que conocía a un policía que trabajaba en una esquina, y que muchísimas veces le había tocado presenciar como una anciana pasaba por ahí en su coche para reventarle el verbo con una furia y una amplitud de vocabulario maestras,al oficial y, como siempre en estos casos, al resto de su familia. Después de ver eso muchas veces, un buen día el taxista le preguntó al policía por qué lo permitía, a lo que policía respondió » Pues ya está grande, la verdad, eso hay que respetarlo; además, pues cada semana me da mi propina de 200 pesos, a veces más, la neta es buena onda»

«Está de huevos» le dije, «si juntas billete le das un quinientón y así sí terapaia a todo, hasta le prestas la membresía a alguien más». «Yo lo intenté y me mandaron a la verga, la neta» me respondió. Eran las 9:47 de la mañana (sin contar el segundero). Me bajé del taxi y llegué a mi cita. 9:50 am.

Texto por, Arup Celé Terre

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