La capacidad de grabar sonido se remonta a finales del siglo XIX, cuando se logró capturar en materia física los sonidos que entraban por el micrófono. Se lograba a través del aire emular las señales acústicas del ambiente para que estas quedaran impresas en un medio sólido.
El Field Recording es entonces el acto de grabar en entornos fuera del estudio, ya sea en espacios naturales, o hasta sitios industriales. Fonotecas como como la Macaulay Library se han dedicado a dejar registros acústicos de diferentes especies animales y ecosistemas alrededor del mundo para ser usados por el público para a creación mediática o para estudios biológicos.
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Los sonidos que componen cada pieza mediática se construyen con base a grabaciones (samples) que le dan credibilidad a la escena que se recrea en la obra final. Gracias a esto ha sido posible el cine -como lo conocemos hoy en día- la televisión, la radio y casi toda la masa mediática moderna.
La música electrónica se ve envuelta en el mundo del Field Recording por la capacidad que tienen algunos productores y DJs de incluir algunos de estos samples en sus trabajos. Ya sean intros ambientales, pájaros en medio de la canción, escenarios específicos recreados o instrumentos armados con base en un sonido sampleado; el field recording ya se ha vuelto parte de la música electrónica por su capacidad de llevar escenas y ambientes de lugares o situaciones reales a una obra musical.
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