EL 1,2,3, INFINITO DE LA HISTORIA SEXUAL: CREMATISTOFILIA – CALENTARTE AL SER ROBADO, ASALTADO, O CHANTAJEADO

Para la gran mayoría de las personas el ser asaltados resulta ser una pesadilla, pero para los cremastófilos es mera sabrosura. Sin llegar a sorprendernos, la cremastofilia se clasifica como un desorden mental junto con otras disfunciones sexuales, como la hibristofilia (excitarse con personas que cometen crímenes peligrosos), y la autasasinofilia (excitarse con encuentros cercanos a la muerte).

El caso más famoso en la historia ha sido el de Ronald W. Keyes -quien durante los 90s escribió su autobiografía, Orgasmo en un Robo Armado. Aunque él mismo ha cometido robos, Keyes se clasifica como un crematófilo porque era forzado a robar por su novia cuando ésta lo amenzaba de muerte con una pistola sobre su cabeza. Cometió 20 robos a mano armada en un período de seis semanas, con una erección de inicio a fin en cada robo, y eyaculando varias veces durante ellos. Cuando regresaba a casa pasaban horas en cama reviviendo el atraco. Eventualmente Keyes trató de terminar su relación, ella lo entregó a la policía. La corte rechazó su declaración de demencia temporal y fue sentenciado a varias cadenas de diez años.

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Era el estereotipo del masoquista estandar, quien recibió su primera mano encima cuando su madre lo nalgueaba, y quien desde ahí en adelante se nalgueaba a si mismo mientras se mastrubaba. Su novia era una desnudista que conoció en un bar, que se parecía a su mama, y quien felizmente administraba cualquier tipo de abuso que se le antojara.

Los verdaderos crematófilos solo se excitan por algun elemento de intercambio financiero forzado. Por ejemplo, un hombre de mediana edad había sido impotente toda su vida hasta el día en que fue asaltado, acuchillado, y eyaculado sobre el ladrón. Desde entonces, cada vez que se masturba toca su cicatriz para revivir el momento.

La crestomatofilia incluye también prostitutas compulsivas, es decir, mujeres que lo hacen por la emoción y no tanto por el dinero. En el caso estudiado en 1991 sobre el síndrome de enanismo Kaspar Hauser (alguién que esta encantado física e intelectuaente con el abuso y la negligencia), John Money se refiere a una chica de un metro-cuarenta a mitad de sus veintes que tenía varios clientes durante la noche, pero que siempre fantaseaba con tener docenas. También era masoquista y se venía con una buena bofetada en la cara. Sentía que tenía que pagarle a los hombres, en especial a aquellos que la honraban con una chachetada. Hubo una vez que un cliente la amenazó con un cuchillo, «El dijo, ‘Callate, perra.’ Me dijo que me quitara toda mi ropa. Así que me desvestí y comencé a tener sexo con el… Me bofeteó varias veces, me calenté mucho, me sentí excitada sexualmente. Así que me dijo que me saliera, y botó mi ropa fuera del carro.»

A pesar de que no existen muchos casos de crematistofilia a través de la historia -el término surgió en los 80s- siempre puedes encontrar varios ejemplos en las guías de perversión del Marqués de Sade. En Julieta, el personaje Dorval disfruta de observar robos y luego tener sexo con sus perpetuadores. Dice, «Obtengo mis sonrisas de observar un acto de robo llevado a cabo concurrentemente con el acto del coito…. El robo es el estimulante erótico del mundo entero. Solo el pensar en ello ha cargado mi motor de vuelta.»

Claro, si no estas tan a favor, existen billones de sitios web ofreciendo chantaje de webcam por una módica cantidad. Las mujeres en Skype gritarán para ti hasta que involuntariamente decidas huir con tu dinero, imbecil.

por CAMERON KING

pic por TERRY RICHARDSON

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