En un viaje a Bolivia escuchamos hablar de un tipo de lucha entre mujeres indígenes llamada lucha libre de Cholitas. La gente se se encuentra bastante emocionada con respecto a esto, así que cuando nos enteramos de una pelea en El Alto, en las montañas andinas a las afueras de La Paz, tomamos nuestras cámaras y nos subimos a un taxi. El chofer batalló para abrirse camino entre los nuevos suburbios sin color hasta que el olor a frijoles y carne asada se coló en el auto y nos guio en la dirección correcta. En una plaza abierta, equipos locales de futbol jugaban entre ellos y algunos hombres raros con máscaras regalaban dulces a los niños, aún así, parecía que todos se estaban divirtiendo.
Llegamos al lugar, que era el gimnasio de una escuela, justo cuando las Cholitas entraron al ring. Iban vestidas con el atuendo tradicional Aymara, que consiste en varias capas de faldas al estilo españos, sombrero bombín (que los indígenas han mantenido desde la época colonial), zapatos de plástico, trenzas hasta la cintura, joyería llamativa de gran tamaño, maquillaje y chales bordados. Sus atuendos agregan un toque muy peculiar a toda la extravaganza por el derramamiento de sangre y la gente las animaba como locos.
Las Cholitas fueron presentadas primero, para darle un giro a lo que inicialmente era un show sólo de hombres. En un principio compartían cartel con luchadores enanos y gigantes del freak show, pero pronto se volvieron la atracción principal, desplazando a los hombres al acto inicial. Gracias a las Cholitas, la popularidad de la lucha libre en Bolivia ha crecido significativamente. Incluso Roberto Rojas, político del Movimiento al Socialismo (MAS), ha organizado luchas para reunir fondos para su campaña. A un mes de las elecciones presidenciales, contrató a las brillantes celebridades de la lucha libre para luchar y ganarse el entusiasmo de los electores. Esto parecería innecesario, ya que todo el barrio –de hecho, toda la gente de El Alto– ya apoyan apasionadamente a Evo Morales y a su partido socialista MAS. Sin embargo, la gente de la zona no iba a perderse un magnífico show.
Echamos un vistazo mientras las luchadoras entraban y salían de los vestidores, preparándose para el evento. Una mesa y sillas se alinearon cuidadosamente en un pequeño escenario, lugar donde se sentarían los políticos. Sin estar muy interesada en las siguientes elecciones, Juanita, la estrella de la noche, suspiró: «Tratamos de mantenernos independientes de la política, pero nuestro manager apoya a Rojas». Aunque después no se parecía muy preocupada por saber de qué bolsillos habían salido los sueldos. Nos dijo: «La ropa y los sombreros cuestan mucho. El mío costó poco más de 11 mil pesos (€700). Como luchadora, ¡tienes que amar la fama y el dinero!»
Un minuto después se apagaron las luces y la audiencia rugió, mientras Juanita agitaba la bandera del MAS a lo largo del ring como si el estado de la nación dependiera de su violenta disposición.





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