Compré el Brixton Academy por una libra

También vendí entradas para conciertos de Nirvana después de la muerte de Kurt Cobain.

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ene. 31 2014, 11:04am

El autor (derecha) y su colega Johnny Lawes.

Durante los años que fui dueño del Brixton Academy, me llevé hostias, me apuñalaron, me atacaron con gas lacrimógeno, recibí amenazas de bomba por parte del IRA y me apuntaron con armas más de una vez. Pero también organicé los mejores conciertos de Inglaterra durante década y media y lo mejor de todo es que compré el lugar por tan sólo una libra.

Por aquel entonces yo sólo tenía 23 años, pero aún así conseguí reunirme con la fábrica de cerveza que era propietaria del edificio. Querían venderlo por 120 mil libras [150.000€], una cantidad que yo no tenía.

"Quiero haceros una oferta", dije lentamente, mientras me balanceaba en mi silla. "Te doy una libra por el local".

Los dos hombres mayores al otro lado del escritorio me miraron con cara de incomprensión, como si hubiera empezado a untar con mi mierda las paredes de la sala. Continué hablando antes de que tuvieran oportunidad de contestar: "Me venderéis el lugar por una libra y yo firmaré un contrato para vender solamente vuestra cerveza durante diez años. Si organizo 200 fiestas al año, eso son muchas cervezas".

Ahora que lo pienso, creo que fui un caradura, pero era joven y tonto. En mi mente, esos hombres llevaban una marca de cerveza, lo que significaba que su negocio era vender cerveza, cosa que mientras el edificio estuviera abandonado, no lograrían. Para mi propia sorpresa, cuando termino la reunión ya habíamos cerrado el trato con un apretón de manos.

Así que en 1983, unas semanas después de mi veinticuatro cumpleaños —y con ninguna experiencia en organizar conciertos— me entregaron las llaves del edificio al que llamaría Brixton Academy.

Era un riesgo enorme. Si esto fracasaba, me culparían de los millones gastados en reparaciones del edificio, pero pensé: "A la mierda. De todas formas no tengo dinero. No pueden quitarme nada si no hay nada que puedan quitar". Además, a esas alturas ya me habían rechazado de todos los lugares grandes de Londres. Sabía lo que se necesitaba para organizar un buen concierto de rock y estaba totalmente seguro de que organizaría los mejores conciertos que la ciudad hubiera visto.

Soul II Soul en el Academy.

Me costó varios meses arreglar el lugar lo suficiente como para comenzar a pensar en organizar algunos conciertos; al principio sólo estábamos un colega y yo, armados con una caja de herramientas y un par de brochas. Pero hacer unos arreglillos y pintar paredes no era nada comparado con los problemas que tuvimos cuando por fin comenzamos a organizar conciertos.

Por aquel entonces, Brixton seguía estigmatizado por los disturbios del año anterior y en la zona estaba llena de edificios quemados y había mucha tensión racial. Nadie quería tener nada que ver con esta zona pobre y violenta, así que las conversaciones con los promotores normalmente eran parecido a esto:

—Hola, soy Simon Parkes, del Brixton Academy.

—¿Del qué?

—El Brixton Academy, un local nuevo ubicado en Stockwell Road.

—¿Te refieres al viejo cine abandonado?

—Sí, pero lo hemos remodelado y ahora va a ser una sala de conciertos. Es un lugar increíble con capacidad para cinco mil personas.

—Mira, amigo, no quiero ser grosero, pero no hay manera de que alguna banda de rock vaya a tocar a Brixton. No es nuestro público.

Después de muchas conversaciones de ese tipo, al final pensamos: "Que se vayan a la mierda. Si no pueden traer a su público para aquí, serviremos al público que ya está aquí". Así que comenzamos a montar conciertos de Eek-A-Mouse, Burning Spear, Dennis Brown y Yellowman. Cuando trajimos a Fela Kuti desde Lagos, él se trajo a treinta de sus esposas como coristas.

Una de las bailarinas/esposas de Fela Kuti.

Los eventos eran increíbles, pero montar conciertos de reggae significaba hacer negocios al estilo Jamaica. Fue una línea de aprendizaje confusa y violenta. Después de nuestro segundo concierto, tuvimos que acorralar al promotor ya que intentaba escapar por la ventana del camerino con bolsas llenas de dinero. Mi jefe de seguridad lo empotró contra la pared, cogió las llaves de su coche y gritó: "Paga y te devolveremos tu coche". Al siguiente día tuvimos nuestro dinero.

Nuestro mayor logro fueron The Clash. En 1984, justo durante la huelga de los mineros, el político, sindicalista y más tarde fundador del Partido del Trabajo Socialista, Arthur Scargill, quería hacer un gran concierto a beneficio de sus seguidores. Las salas más populares no querían que se les relacionara con eventos de ese tipo, pero nosotros estábamos hechos para eso. The Clash tocó tres noches seguidas en un lugar lleno de mineros cabreados. Fue algo increíble.

Después de eso, nuestro lugar se convirtió en la sala para las causas políticas o para las bandas que iban en contra de lo establecido. Tuvimos a The Style Council tocando para Nicaragua, Edwyn Collins anunció la ruptura de Orange Juice durante otro evento de mineros y el último concierto de The Smiths fue en nuestro lugar con Artists Against Apartheid.

También éramos el único sitio de Londres que programaba algo de hip-hop, que justo estaba llegando desde Estados Unidos. Montamos conciertos caóticos y brillantes con todas las primeras estrellas del rap, desde Schooly D y NWA, hasta Run DMC y Public Enemy.

Jesse Jackson y Flavor Flav afuera del Academy.

Por fin estábamos progresando, pero nuestro éxito no sólo nos trajo la atención de los fans de la música; los pandilleros jamaiquinos que controlaban las calles de Brixton vieron que podían hacer dinero.

Montaban peleas, pegaban a algunos fans y mandaban a dos tipos grandes al final del espectáculo para ofrecerse como "seguridad del local." Los mantuve a raya, pero se produjeron varios incidentes en los que hubieron hostias, tiroteos y gas lacrimógeno de por medio.

Me pusieron bajo protección policial en un par de ocasiones; la primera cuando un pandillero me amenazó y la otra cuando recibí amenazas de muerte de unos neonazis por organizar un par de conciertos anti apartheid.

Una de las raves legales del Academy.

En 1989 parecía que todo el Reino Unido se había vuelto loco por el acid house. Durante el segundo verano del amor, los policías daban imagen de idiotas al no poder controlar a los raveros, chicos que tomaban pastillas y vestían camisetas enormes. Esto me dio una idea.

Le hice una oferta a la policía: "Tenéis problemas con las raves ilegales, pero yo tengo la solución: legalizarlas. Dadme un permiso para abrir toda la noche y así controlaréis a todos los raveros que asustan a la gente que sale a la calle por la mañana para ir a trabajar".

Una vez más, me quedé a cuadros cuando me aprobaron la idea y me salí con la mía.

Me dieron la primera licencia en Inglaterra para trabajar hasta las seis de la mañana y las primeras raves legales se celebraron en el Brixton Academy. Fue un éxito inmediato y yo flipaba por estar al frente del movimiento musical más emocionante de la década.

Pero una vez más, nuestro éxito nos trajo el tipo de atención que no queríamos. La venta de drogas en nuestro local se convirtió en un negocio millonario, así que las grandes organizaciones criminales de Inglaterra querían tomar control. Estos no eran pandilleros locales de Brixton, si no que eran criminales chungos y fuertemente armados. No me voy a meter en los detalles porque, como podréis imaginar, quiero olvidar la mayor parte de esos momentos.

Sonic Youth tocando en el Academy.

También nos convertimos en el local principal de Inglaterra para las bandas grunge y alternativas que llegaban de Estados Unidos. De hecho, algunos de mis conciertos favoritos del Brixton Academy sucedieron durante esta época con grupos como los Pixies, Sonic Youth y Pavement. También fue cuando Kurt Cobain estuvo a punto de llevarme a la quiebra.

En abril de 1994, programamos las primeras cuatro fechas del tour europeo de Nirvana, las cuales estaban totalmente sold out. El 8 de abril estuvo a punto de darme un infarto cuando leí el periódico: habían encontrado el cuerpo de Kurt con un impacto de bala en la cabeza. No sólo era un gran fan de Nirvana, sino que cuatro fechas canceladas significaba tener que reembolsar 250 mil libras, un número que nos podía hundir.

Esa tarde me entrevistó Zoe Ball en Radio 1. Sin darme cuenta solté: "Es increíble, muchos fans de Nirvana de todo el mundo nos han llamado porque quieren comprar las entradas para estas fechas que teníamos programadas. Gente de EU y Japón nos ofrecen hasta cien libras por una entrada, todo como una pieza histórica".

No se de dónde saqué eso, pero mi historia de mierda comenzó a salir en los medios. Más tarde, realmente comenzamos a recibir llamadas de diferentes partes del mundo de gente que quería comprar entradas de "los conciertos que Kurt nunca llegó a tocar". Tuvimos que contratar personal extra para contestar las llamadas. Al final, sólo el 20% de los compradores devolvieron sus entradas y pidieron un reembolso. Por supuesto, vendimos las entradas que nos devolvieron.

Mi impulso y esa pequeña estafa nos salvó de la quiebra inmediata, pero la muerte de Kurt tuvo otros efectos que finalmente me llevarían a vender y abandonar el lugar por completo.

Pero si queréis saber los detalles, tendréis que comprar el libro.

Live At the Brixton Academy de Simon Parkes y JS Rafaeli, ha sido publicado por Serpent's Tail, y ya está a la venta.

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