Confío en que todas las lectoras de esta columna ya dominan el arte de orinar paradas (y si aún no lo hacen, espero que sigan intentándolo). Llevo mucho tiempo retando a otras chicas a rifarse el «caminando y meando«, pero a falta de contendientes tuve que retar a mis amigos. Esta es la crónica ilustrada de aquella grandiosa noche.
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