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La caza no es la solución al exceso de jabalíes en Cataluña (al contrario)

Métodos como la esterilización serían mucho más efectivos.

Cabeza de jabalí en venta en el puesto de un mercadillo de segunda mano. Imagen vía Tras los muros

En Catalunya sobran jabalíes. Esta rotunda afirmación, expuesta durante años por la Federación Catalana de Caza, es motivo más que suficiente para organizar batidas de septiembre a febrero y matar a tiro limpio a todos los jabalíes sobrantes. Cortan caminos y preparan a los perros en rehalas para peinar los bosques en busca y captura de los supuestos culpables de causar destrozos en campos agrícolas y accidentes de tráfico. Los cazadores llevan años vanagloriándose de la encomiable labor ecologista que hacen en pos de un mundo mejor para todos. Para todos los suyos, claro.

Existe un problema de convivencia con los jabalíes y con muchos otros animales, quienes se han visto forzados a adaptarse al medio urbano. Los seres humanos hemos colonizado casi todos los territorios habitados por otras especies para erigir nuestras ciudades a las que llamamos hogares, en perjuicio del resto de nuestros vecinos de planeta.

Según el programa de seguimiento de poblaciones 2014-2015, de la Generalitat de Catalunya, "la caza no está consiguiendo reducir significativamente las poblaciones de jabalí en muchas zonas de Catalunya". Solo en la década desde 1990 a 2010 la población había aumentado de 5000 individuos a 30.000. ¿Qué está pasando entonces con la utilidad de los cazadores en materia ecologista? Ángel Miño, director del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt y l'Obac, lo expresa con la siguiente metáfora: "es como intentar vaciar una piscina con vasos de agua".

Es muy significativo que las denuncias por problemas derivados de la presencia de jabalíes sean más abundantes en la época de caza (de septiembre a febrero), ya que los animales utilizan estas zonas de seguridad como áreas de refugio.

Otro de los estudios consultados fue el realizado por el Servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje (SEFaS) de la facultad de veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se indica que: "es muy significativo que las denuncias por problemas derivados de la presencia de jabalíes sean más abundantes en la época de caza (de septiembre a febrero), ya que los animales utilizan estas zonas de seguridad como áreas de refugio". La caza, por tanto, no solo no es la solución al problema sino que, además, parece que podría ayudar a empeorar la situación. La portavoz de la asociación animalista Libera!, Rosi Carro declaraba en un comunicado sobre los últimos estudios realizados que "una alta presión de caza podría provocar un mayor número de hembras primerizas en disposición de parir y que, además, estas hembras avanzarían sus períodos de gestación, pariendo antes".

"La caza, aparte de no tener ninguna sensibilidad con los animales y sencillamente cosificar a los jabalíes, sólo ataca al síntoma, y ya se ve que no sirve de mucho". Estas son las declaraciones del alcalde de Sant Martí Sarroca, Antoni Ventura. Ventura ha recibido el apoyo de numerosas asociaciones animalistas y ecologistas, así como de instituciones oficiales, tras prohibir a los cazadores que cortasen cualquier camino para cazar en plena temporada. Ventura quiso así tomar la medida lógica contra el agravio comparativo que supone dejar al resto de personas sin caminos durante meses para poder hacer otras actividades. La Sociedad de Cazadores de este pueblo catalán acusó al alcalde de tener la responsabilidad de todos los futuros accidentes en los que se vean involucrados los jabalíes. Trataron así de eludir lo que la misma Dirección General de Tráfico investiga en cada accidente en caso de atropello de especies cinegéticas, ya que saben que la mayoría ocurren como consecuencia directa de la caza mayor.


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Las consecuencias de la caza se extienden más allá de posibilitar el aumento de la población de los animales o provocar accidentes de tráfico. La caza también contamina el medio natural por el plomo de los perdigones; obliga a los animales a huir de los campos buscando refugio en zonas urbanas donde pueden provocar más destrozos; además, los cazadores son los principales culpables del abandono y muerte de miles de perros utilizados para la caza cuando termina la temporada. Así lo probó el Partido Animalista en el mayor informe elaborado sobre el maltrato a los galgos, podencos y otros perros usados para la caza. Una realidad oculta y calificada por la Guardia Civil como de 'leyenda negra' a pesar de los intentos continuos de animalistas y asociaciones por probar lo contrario. En VICE entrevistamos el año pasado a la directora del documental Febrero, el miedo de los galgos, el documento gráfico más completo que hay hasta la fecha.

¿Y si la caza fuese efectiva? Aún tendríamos que justificar que es moral para con el resto de animales. Familias enteras de mamíferos y aves se ven obligadas a huir, a vivir con estrés y morir agonizando gracias a los cepos, los perros y las balas. La supervivencia en el medio es de por sí complicada, como demuestran los científicos y académicos de Animal Ethics, una asociación internacional que vela por los intereses de los animales en la naturaleza. Los animales pasan frío, hambre, estrés y muchas otras penurias tratando de sobrevivir. La caza no hace sino empeorar esta situación de forma grave y constante. Una de sus portavoces, la doctoranda Catia Faria de la Universidad Pompeu Fabra cuenta a VICE: "Defendemos una nueva ética de gestión ambiental, centrada en los intereses en vivir y en no sufrir de los animales que viven en la naturaleza. Esto implica que siempre debemos escoger formas de intervención que prevengan, o al menos reduzcan, los daños que los animales sufren".

El jabalí Doc en el Santuario Wings of Heart. Imagen vía Tras los muros

Antoni Ventura y su equipo ya han buscado soluciones al problema con un coste efectivo mayor que el demostrado por los cazadores. Ventura cree que "los humanos somos responsables de la proliferación del jabalí, así que debemos ser responsables de la solución".

La Generalitat, la Diputación de Cataluña y la Facultad Veterinaria de la Universidad de Barcelona han puesto en marcha un programa piloto para poder esterilizar a los jabalíes de forma inocua a través de una vacuna y poder mantener así un mayor control sobre el número de individuos con los que convivimos.

Las medidas propuestas por el alcalde y el equipo de científicos son las siguientes:

1. Cálculo del censo actual de jabalíes

2. Cálculo de la capacidad de carga del ecosistema del municipio respecto a los jabalíes, es decir, número máximo que puede soportar según los recursos naturales que el territorio del municipio ofrece a los jabalíes

3. Comparación censo-capacidad de carga: nos permitirá decir científicamente si hay una sobrepoblación, si la población es la justa o bien está por debajo de los límites

4. Establecimiento de un mapa de zonas de seguridad donde según la legislación no se puede cazar

5. Resumen de métodos de control no letales para controlar los daños causados por jabalíes.

Sometemos a los animales a una presión constante tras ocupar sus hábitats y destrozar sus hogares. Asfaltamos caminos, construimos edificios y derribamos árboles. Los animales pagan una renta altísima por tenernos de vecinos, sufriendo las consecuencias de gobiernos ineptos como el de Baleares quien organizó una matanza con francotiradores a un grupo de cabras que vivían en un islote a principios de febrero y a pesar de las continuas protestas y esfuerzos de grupos animalistas por encontrar una solución ética y justa a esta situación.


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Esta prueba piloto con vacunas anticonceptivas parece que es una gran solución a un problema de superpoblación que, siendo muy honestas, no solo tienen los animales. Los más de 7.000 millones de seres humanos que habitamos en este momento un planeta agonizante y de recursos finitos podríamos también, por solidaridad y responsabilidad, aprender la moraleja de una vez por todas.