Creatividad. Una de las palabras más trilladas de nuestra época. Queremos ser creativos, buscamos ser creativos, el mundo nos exige serlo. Las mejores universidades del mundo ofrecen cursos de todo tipo para que desarrolles tu «espíritu creativo»; una de las TED talks más visitadas, con 29 millones de clicks, te explica cómo el colegio mata la creatividad; llegas a una entrevista de trabajo y lo primero que quieren saber es qué tal están tus habilidades creativas. La creatividad en todas partes. Crees que sabes qué es, pero te dicen que seas creativo y quedas pegado del techo. ¿Qué es ser creativo?
A los publicistas les dicen «creativos» y su modus operandi incluye, por lo general, un par de plones prolongados de marihuana. Un plon, dos plones y ahí tienes la próxima obra ganadora de unos Young Lions. Como si la creatividad fuera tan elusiva y distante que tuvieras que viajar por ríos siderales o conectarte con tu propio ritmo cardíaco para poder siquiera visitarla. El arte, los medios y la publicidad se han encargado de volverla un valor, algo inalcanzable, deseado, una suerte de deidad que favorece a unos y a otros no, un gen específico que apareció de repente en la lotería cromosomática y que le dio pie a los niños y niñas para que fueran artistas o publicistas, o la nueva: entrepreneurs.
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Creatividad…
El mes pasado viajé a Ámsterdam a un evento que convocaba a más de 300 artistas de todo el globo para celebrar la creatividad. Como no tenía del todo claro qué iba a hacer yo allá, cuando llegué al hotel, ubicado en el NDSM, el distrito artístico de la capital holandesa, revisé mi correo para ver si tenía direcciones más claras de mi editor. Encontré un mail en el que me decía que una de mis misiones era pedirle a algunos artistas del evento que me expresaran con un dibujo qué era la creatividad, y que luego me hablaran un poco sobre lo que habían hecho. «Bastante simple», pensé.
A dos pasos del hotel estaba la bodega donde se realizaría el evento. Un lugar enorme, oscuro, con luces fuertes, música, caballetes con lienzos repartidos en un círculo en todo el centro de la bodega, un quiosco con toda clase de pinturas y materiales, un bufé con comida y bebidas. Al fondo, en una media luna, unos 30 artistas jóvenes de diferentes partes del mundo escuchando, a modo de inauguración, las palabras de tres personas relacionadas con el encuentro.
Estando en la bodega, la misión que tenía comenzó a parecerme ridícula. Para dilatar el asunto me senté sobre unas tablas a observar lo que hacían los artistas y cerca a mí se sentó uno de los tres tipos que había hablado en la inauguración del evento. Pensé que era uno de los encargados de relaciones públicas y le hice cualquier comentario idiota para romper el hielo. Me dijo que él era una de las cabezas detrás del evento. Le pregunté sobre las plataformas creativas y ese tipo de espacio en el que estábamos. Él, emocionado porque conocía bien el tema, me conversó un buen rato. En todo el cuento hizo énfasis en dos cosas. Primero, en que las grandes plataformas creativas del mundo existen en donde hay clientes y que para los creativos es importante estar donde hay marcas con «bolsillos profundos». Segundo, en que estos espacios surgen donde están las mejores escuelas de arte. Creatividad, dinero y escuela… ¿las tres de la mano?
Después de escucharlo supe que la pregunta no era simple y me animé a lanzársela a los artistas.
El primer acercamiento fue con Hiten Bawa, un arquitecto de 20 años que venía de Sudáfrica. Le pregunté que si con una imagen podía expresar lo que para él era creatividad. No le entendí bien la respuesta y él tampoco me entendió a mí. Pensé dos cosas, o era por el inglés o la pregunta le parecía extraña. Me dio una tarjeta suya que solo revisé cuando llegué a Colombia: «No me llame, mándeme un mensaje de texto que me cuesta trabajo oír». En todo caso, lo que me quedó claro es que para Hiten la creatividad es «color y celebración» y, sobre todo, que está directamente relacionada con la procedencia de la persona. Si uno no tiene en cuenta su origen, no puede ser creativo, porque es a partir de ahí donde, según él, cada persona construye una mirada única sobre el mundo, y esa mirada es la creatividad. Se jodieron los que niegan de dónde vienen.

Por: Hiten Bawa
Después de hablar con él me fui a donde otro sudafricano. No era hindú como Hiten; era un negro con una sonrisa gigante que se la pasaba pegado a su música y bailaba mientras pintaba el lienzo como si estuviera solo en la ducha. El hombre, que es un artista urbano de Johanesburgo, se demoró haciendo la imagen de creatividad casi el mismo tiempo que duró haciendo una de sus obras para el evento. Thato Shino decidió pintar un muñeco de palitos que iba caminando de una ciudad a otra y en el camino se chocaba con un bloque de creatividad (la bola negra en el dibujo), saltaba sobre él y volaba. Seguro Thato jugó Súper Mario cuando era niño. «Tú solo salta con confianza y la creatividad se apodera de ti», me aconsejó después de explicarme la imagen. Luego, me habló de las capas de la vida y la creatividad dejó de ser ese hongo superpoderoso que Mario Bros se topa por suerte en el camino y se convirtió en «capas de sentimientos, experiencias, amigos, familia, acontecimientos, relaciones, novios y novias».

Por: Thato Shino
La creatividad y la autoayuda están más cerca de lo que pensaba. Thato medio esbozó la relación, pero luego Marta Zawadska, una arquitecta polaca, me lo dejó aún más claro. Le lancé la pregunta y me comenzó a hablar de lo dura y triste que era la vida y de cómo la creatividad se trataba precisamente de hacer de lo miserable que era, algo mejor. «La creatividad es una habilidad para capturar en cada momento de la vida algo de placer. Alguien que es feliz, verdaderamente feliz, es alguien creativo». Conviértete en un cazador de placeres, el auténtico ser creativo, y alcanza la dicha plena. A Zawadska le quedó rayando la pregunta porque luego me mandó por Facebook un mensaje con el dibujo y otra explicación: «Creatividad es encontrar la belleza en el caos». Puro cliché pastel.

Por: Marta Zawadska
Me acerqué a dos suecos que estaban entusiasmadísimos con el evento. Incluso cuando no estaban dentro de la bodega se sentaban a hacer bocetos. Jessper Carlsson, un carpintero, solo me pintó una línea negra sobre el papel y trató de decirme de todas las formas que creatividad era algo así como ver más allá de las narices. «La línea negra que dibujé no es solo una línea, es todo lo que tú quisieras hacer con ella». Solo rompió el discurso de la línea para concluir con otra frase digna de libro de autoayuda: «Creatividad es sentirse bien». Gustav Frändfors, productor de cine y amigo de Jessper, pintó unos edificios sobre un treintavo del papel que le di. Me habló de revolución, de ser valiente, de romper fronteras y de poder. Luego, quería pegar su retazo sobre un papel pero no encontraba pegante entonces le dije que yo se lo pegaría cuando estuviera de vuelta. Se metió los dedos a la boca, se sacó un chicle, pegó el retazo sobre un papel y me dijo: «Esto es creatividad». Ese último acto fue más espontáneo que el discurso que me había echado antes.

Por: Jessper Carlsson
Por: Gustav Frändors. Ilustración con zoom.
Ya había hablado con los jóvenes artistas emergentes y decidí probar mi suerte con los artistas holandeses invitados, que eran un poco mayores. Había perdido todo tipo de pena y me sentía capaz de abordar a cualquiera. Me encontré a un hombre de apellido Sabatello, me preguntó que si yo era una artista y cuando le conté todo el cuento no solo aceptó pintar para mí, sino que me pidió otro papel para que su hermano también lo hiciera. Le dejé los papeles feliz, pensando que había logrado hacer un 2×1. Al final del día, este par de casanovas me salieron con este chistesito:

Por: Dan Sabatello

Por: Tomas Sabatello
(Los hermanos rogaron para que no publicara los dibujos, pero ya era demasiado tarde).
Así terminó un ejercicio que más que ridículo, me terminó pareciendo bastante complejo. El lado bueno es que terminé con unos dibujos bonitos en mi archivo, dos novios potenciales en Holanda y algunas frases inspiradoras que sirven de título para un par de libros de autoayuda para artistas si en algún momento me encuentro varada en la vida.
Al final me hice la pregunta a mí misma. No supe qué decir.



