EL PARAÍSO DE HAFNERGünter Schwaiger
Cameo
Paul Maria Hafner llegó a España hace más de medio siglo, inventó una yogurtera y se forró. Avispado, invirtió en una granja porcina, terminando su carrera empresarial al llevarse una epidemia a sus gorrinos. Hafner, jubilado, lo acepta sin lamentarse; lo que no está dispuesto a aceptar es que Hitler fuera un criminal. Ni que él y sus camaradas fuesen responsables de millones de muertes. Sí lamenta que cayera el Tercer Reich. Sueña con un cuarto mientras pasa sus días nadando en la piscina, haciendo la compra y jugando al ajedrez. Rodado en vídeo, este documental muestra al antiguo oficial de las SS en la sede de Fuerza Nueva, leyendo el ABC, sentado ante su escritorioatención al retrato de Esperanza Aguirre-, bañándose en una Marbella en la que residen un buen montón de viejos nazis como él y, en general, haciendo vida normal, tirando a anodina. Para Hafner, España es el paraíso: nadie le acosa ni pide cuentas, suelta sus facheríos en voz alta y sin temor. Hafner vive, además, en otro paraíso, éste mental; se lo ha construido a medida negando toda evidencia del horror, aunque sea tan concluyente como la presencia de un superviviente de Dachau en su sala de estar. Lo de Hafner, facha sin fachada, es un caso de libro de “sostenella y no enmendalla”, pero hasta un nazi de cemento, como el director lo llama, puede resquebrajarse. Cuando lo hace, uno no sabe si celebrar la derrota del nazi impenitente o sentir lástima por el viejo expulsado del paraíso.
PACK WIM WENDERS VOLUMEN 3Wim Wenders
Avalon
El tercer pack que Avalon dedica a Wenders incluye


La Letra Escarlata
, su tercer film, rodado en 1972; Notebook On Cities And Clothes, de 1989, y A Trick Of The Light, de 1996, que yo sepa inéditas hasta ahora las dos últimas en España, para variar. De la primera es de rigor decir que, en mi opinión, no es precisamente de lo mejor que haya firmado el director alemán. Teniendo en cuenta que la historia se articula sobre nociones como la doble moral, la represión y el fanatismo, hubiese sido deseable un tono opresivo más afín al devenir cotidiano de esa comunidad de Nueva Inglaterra que aleja como una apestada a esa estoica mujer adúltera que, por cierto, se mueve por el pueblo sin evidenciar grandes preocupaciones pese al odio de sus convecinos. Cimas más altas escalaría Wenders en el futuro, y aunque las otras dos películas del pack no estén entre ellas, encierran no obstante su interés. Notebook… y A Trick… son muestras de su interés por los mecanismos de los procesos creativos, poniendo el foco en la primera en el modisto Yohji Yamamoto y reflexionando al mismo tiempo sobre el cine en una época en la que las técnicas digitales, sin ser nuevas, empezaban a revelar pistas acerca de la transformación que el séptimo arte iba a atravesar en un futuro que para nosotros es hoy y muy lejano debía parecer a los Skladanowski, inventores de uno de los antecesores directos del cinematógrafo, el bioscopio. Mezcla de documental y ficción, A Trick… es la joya del pack, y una muestra más del amor de Wenders por una forma artística que evoluciona y sigue viva por mucho que Lynch y Greenaway se empeñen en matarla cada dos o tres añosl.
SATANÁS
Andrés Baiz
Cameo
El primer largo del colombiano Andrés Baiz tiene algún punto de contacto con El Paraíso de Hafner. Como aquella, Satanás se centra en personajes normales y corrientes que, no obstante su inocua apariencia, albergan un lado oscuro que la circunstancias se encargan de hacer aflorar. Y pone de manifiesto que la realidad es siempre más cruda que la ficción: la película se basa en el libro homónimo de Mario Mendoza, basado a su vez en la llamada Masacre de Pozzeto (saldo: 30 fiambres) que en 1986 llevó a término un ex viet-vet en un edificio y un restaurante de Bogotá. Queda a discreción de cada quisque decidir si los acontecimientos (el profesor de inglés que estallacomo en Un Día De Furia pero sin americanadas, la buscona que ordena la ejecución de sus violadores, el cura que renuncia a sus votos no sin antes patear a un mendigo), se precipitan espontáneamente, por el simple hecho de que todos llevamos un cabronzuelo dentro que antes o después sale para joder al prójimo, o catalizados por el asesinato al inicio del film de unos nenes a manos de su madre y posterior embadurnado de la estatua de un santo con sangre infantil (esto acercaría Satanás al giallo de Dario Argento). Sea como sea, en el debut de Baiz flota una atmósfera malsana muy de agradecer, mantiene el ánimo en vilo de principio a fin y ofrece la violación más verosímil que un servidor haya visto en pantalla desde la de Irreversible, de Gaspar Noé.
THE SADDEST MUSIC IN THE WORLD
Guy Maddin
Cameoio
Calificar de surreal el cine de Maddin es quedarse corto. A decir verdad, faltan calificativos, o yo no los conozco, que abarquen la amplia tesitura de los films del canadiense a nivel argumental y, sobre todo, visual. Porque, ojo, sería injusto considerarle un simpleaunque hábilcombinador de formas visuales pretéritas (el expresionismo, las imágenes deformadas del estereopticón…), tamizadas por su amor por los modos y recursos del cine mudo, ya que también en sus guiones hay inventiva y recovecos. Inéditas aquí películas como Archangel y Twilight Of The Ice Nymphs, llegan de la mano de Cameo su personalísima Dracula, Pages From A Virgin’s Diary (la historia del vampiro en clave de ballet) y The Saddest Music In The World, film que habría que hacer llegar a los Residents porque fijo que se reconocerían. La superficie de The Saddest… tiene miga (en plena Gran Depresión, un certamen para decidir la música más triste, con concurso ya eskimal, ya español); el dramatis personae, todavía más (es largo de explicar; a grandes trazos, un quinteto unido por lazos intercambiables de amor y odio), y un calado en el que se adivinan reflexiones en torno a los sentimientos de pérdida y de culpa y la estandarización de la cultura. Todo en forma de melodrama musical, fotografiado en B/N, recreándose en el absurdo y, más difícil todavía, derrochando un humor negrísimo pero sin caer en la farsa. Merece la pena conocer a Maddin, un funambulista sin red.
JESÚS BROTONS
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