Identidad

La guía Broadly para ser alta

Alcánzame eso, niña

Todo empieza a los 9 o 10 años, cuando tu muy pequeña tía abuela Trinidad te pide que le bajes un mantelillo que tiene guardado en el tercer estante del mueble del salón. Tras un breve periodo de regocijo que puede durar unos años, pronto «Bájame esto y súbeme aquello» se convertirán en tus inseparables compañeros de viaje.

Baloncesto

A nadie pareció importarle que me moviera en la cancha con incontestable torpeza. Durante un tiempo se me usó como poste de la luz con cierto éxito: «evita botar el balón», me decían mis entrenadores. Llegaron a preseleccionarme para la selección española sub-15. Todo acabó rápido. Cuando mis coetáneas empezaron a crecer, mis habilidades quedaron al descubierto. Lo cierto es que fue una liberación.

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Conciertos y cine

Consciente como soy de ser más larga que un día sin pan, siempre trato de doblar ligeramente las rodillas o de escurrirme en el asiento para facilitar la visión a quienes se colocan detrás de mí, ¿Desinteresado altruismo? ¿Ejemplo de convivencia? ¿Vulgar cobardía? ¡¿Qué queréis, que me corte la cabeza?!

Dolor y deformidad

Crecer duele. Todas recordamos con ternura aquel molesto cosquilleo en las piernas después de un duro día de cole y extraescolares. Crecer mucho y muy rápido DEFORMA. Escoliosis, sifosis; espaldas torcidas, enfermedad de Osgood-Schlatter, rodillas gritando basta.

Elegancia

Porte, distinción, esplendor, grandeza. Todas ellas virtudes asociadas a las personas altas en las que nunca me he visto reflejada.

Follar con bajitos (de pie)

Aquí el tema da para una enciclopedia ilustrada pero la conclusión es rajoniana: si no se puede, no se puede.

Genética

Hubo un tiempo en el que, no sin cierta suspicacia, a mi padre le decían: «Don José, menuda hija larga le ha salido (risas)» y quizá en otras circunstancias históricas mi pobre madre difícilmente se habría salvado de morir lapidada al grito de «¡Adúltera! ¡Fornicadora de hombres altos!». Pero por suerte hay muchas otras explicaciones posibles. Por ejemplo: la posguerra, que fue muy dura. Mucho hambre, mucha escasez.

Hacinamiento

Miles de pollos amorfos confinados en una jaula. Mortadela. Trenes de la muerte avanzando impasibles con destino a un final incierto. Imágenes que cruzan mi cabeza cuando pienso en mis piernas antes de subirme a un avión.

Islandia

Nunca es mal momento para recordar lo que nos gusta a todos Islandia. Además los islandeses son en su mayoría muy altos, son nórdicos, son mejores.

¡Jirafa!

El insulto a las altas por excelencia, un animal que parece sacado de un cuento de Disney. Seamos honestos, un caramelito en el mundo de las ofensas. ¿En serio a nadie se le ha ocurrido un insulto, no sé, más insultante?

Karma

Discoteca de pueblo. El lugar a donde acudía religiosamente cada fin de semana a ponerme ciega a Malibú, ron limón y bajitos.

Luciérnaga

No te lo pienses dos veces y tíñete el pelo de colores atrevidos, fosforescentes incluso. Tus amigas no dejarán de agradecértelo cuando se pierdan en un festival.

Modelo

«Con esa altura que tienes, ¿no te has planteado ser modelo?»

Novios

Llega un punto en la vida en el que lo único que le pides a tu media naranja es que sea en efecto media y no un cuarto.

GuadaÑa

Lo que me pasa por la cabeza cada vez que me hacen una foto grupal.

Oncología

No olvides visitar a tu oncólogo con regularidad. «En las mujeres el riesgo de cáncer aumenta en un 16% por cada 10 centímetros de altura por encima de los 1,55 metros.» (A ver, 1,80-1,55=25*16%= ¡maldita sea Google! Si vas a acabar conmigo, mejor hazlo rápido. E indoloro.)

Puertas

Nunca son lo suficientemente altas.

Quiste

Durante unos años tuve un quiste en la cabeza y, claro, nadie me lo vio.

Rabia

Que sientes cuando ves a una chica alta con un chico alto.

¡Solterona!

«Aún no he conocido un hombre que esté a mi altura» es una frase muy socorrida en todo tipo de eventos sociales que implican casarse.

Tacones…

¡Los cojones!

Viejas

No importa que lleves dos décadas sin crecer ni un milímetro, ellas no perderán oportunidad para preguntarte: «Pero hija, ¿cuándo vas a parar de crecer?

fleXibilidad

Perdí la costumbre de agacharme al ver lo que tardaba en llegar al suelo.

Yo

Yo todo el rato.

Zancada

¿Para qué quieres una bici con ese par de piernas?

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