No hay nada más hipster que enfurruñarse porque el barrio se ha llenado de bolsos de tela, co-workings, bicis fixies y barbapastas. El barrio ha dado el mismo asco siempre. Incluso antes de que esa gente que se enfurruña tanto hubiese siquiera nacido. Esa gente que se enfurruña tanto añora un tiempo supuestamente más underground y auténtico. Dedican tanto esfuerzo a no tener el mínimo tufo a moderno que son capaces de pasarse el fin de semana paseando por centros comerciales, escuchando Cadena Dial y viendo el fútbol en el bar sin saber ni qué equipos juegan. Guille Urdanibia sabe de lo que hablamos.
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