A huevo, que bonito lo bonito, pero también es bonito lo que no huele bonito. O algo pendejamente parecido o, tal vez, opuesto.
Estaba parado en un lugar que definitivamente no era Lolla, se parecía más a un vagón de metro. Sí. Era muy anaranjado como para NO ser un vagón del metro del DF.
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Era sucio, ruidoso y estaba lleno de personas que, como yo, viajaban en metro. Y no era un vagón maloliente. Alguien tenía encendida una vela que olía a vanilla. Debería haber velas de vainilla en todos los vagones del metro. Y también de canela. Y también de cereza, pero no tan seguido porque si me cansa.
Un olor a perro muerto abandonado en el drenaje invadió el vagón. Busqué a la chica con la vela de vainilla pero ya no estaba, probablemente se bajó mientras yo pensaba en más olores.
Corrección: olor a perro muerto abandonado en el drenaje, pero el perro estaba hecho de puro pinche chorizo. Se pasó de vergas la persona que se pedorreó-tal-vez-cagó.
Y entonces la veo, por que, lamentablemente, la escuché realizar el exorcismo digestivo, seguido por el todavía-más-lamentablemente familiar olor a cadáver canino de chorizo.
Saqué mi celular, le tomé una foto a la pedorra: «Señora, creo que se cagó» le dije.
T.
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