Jeff tío, se te ha ido de las manos

Como ciudadano del viejo continente, cuna de la civilización occidental, siempre me ha fascinado enormemente la estética del mito americano. Los paisajes de carretera, las casas con porches de los suburbios, las vías del tren, los hombres con gorras de béisbol… En fin, ese misticismo abismal del lo ordinario. Es algo absolutamente americano, algo que solamente se puede iluminar bajo ese enorme cielo azul. Es cuando un territorio es tan extenso que resulta fascinante y a la vez nos produce una terrible sensación de vértigo y peligro. Hay algunos directores que consiguen transmitir esa aura especial, directores como Clint Eastwood, Terrence Malick, Larry Clark, Gus Van Sant, Jem Cohen y por supuesto también Jeff Nichols.

Mud es básicamente una película de coming-of-age, de dos chavales que se enfrentan a una situación que les hará, digamos, “madurar”. La cinta tiene ciertos clichés típicos del género como los “padres que se van a divorciar” o “el primer amor” pero aún así consigue no caer en lo vergonzoso. Como no deja de ser una película de Jeff Nichols, en ésta asistimos a sus obsesiones habituales por lo que básicamente se nos muestra la historia de una familia que está a punto de desintegrarse. En todo momento hay un horror sobrevolando las vidas de los personajes. Al igual que en Take Shelter (2011) y Shotgun Stories (2007) en esta película el entorno que rodea a los personajes sigue siendo igual de importante que los propios personajes de la historia. Las familias dependen completamente de él, es su fuente de vida (los personajes de Nichols siempre viven de la tierra, son su fuente de vida, como si de una novela de Steinbeck se tratara) y a la vez fuente de peligros (las criaturas, los vecinos, el estado,…).

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De todos modos ésta es la película más floja del director, ya que pese a seguir siendo visualmente poética, al final cae demasiado en la búsqueda de una resolución clara de la trama. Mientras que en Take Shelter y Shotgun Stories se nos ocultaba constantemente información que poco a poco íbamos deduciendo, en Mud se nos cuenta todo, sin sutilezas. De hecho el error más flagrante de la película, está en la resolución. En Mud el director se deja llevar por el remolino de tramas que ha ido plantando durante la película y la escena final resulta un tanto fuera de tono. Toda la poética visual queda hundida en una tormenta de acción a modo de thriller que nos distancia completamente de la ficción. Los paisajes, las carreteras, los comercios, los arroyos y los árboles se deshacen en la lógica y las manías más ciegas de un cine comercial con mal gusto.

Mud es mucho más ágil, más rápida, más veloz que las anteriores. Quedan lejos esos planos estáticos, pausados y duraderos de las dos primeras películas, una calma que, unida al horror de la trama, nos metía de lleno en los pensamientos de los personajes. En Mud, como espectadores, simplemente sobrevolamos el sufrimiento de los personajes, sin conseguir anclarnos a ellos.

Finalmente, toda esa magia del mito americano que se nos muestra al inicio de la película queda, oscurecida por una especie de película de acción digna de Steven Seagal. Joder, ¿qué quiere decir toda esa escena de la casa del río? ¿Estás de broma Jeff? ¿Un jodido francotirador? Maldita sea. Con este cambio de tono, con esta corrupción que sufre la cinta a medida que avanza, quizás lo que en el fondo nos quiere decir Jeff Nichols es que de pequeños la vida es algo suave y agradable y con la edad vemos que realmente es un conjunto de eventos cutres y patosos que nos empujan hacia la muerte más absoluta.

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