Pabellón Ramíres

Oculto entre algunas de las avenidas menos glamurosas de la Ciudad de México, ubicado en una de esas casas concebidas como palacios a principios del siglo pasado, y que con las décadas se ha convertido en un mausoleo dedicado a las leyendas urbanas, está Neter. Nacido como casa de campo, convertido en lupanar para raves, después en jardín de fiestas para niños, el espacio de Neter, lejos de ser un cubo blanco, es un fiel reflejo de la ciudad. El grupo de artistas que ahí trabaja refleja también las culturas, lugares y acciones que los rodean.

Neter, más que ser un colectivo, es una iniciativa sin fines de lucro dirigida por diez artistas emergentes, que a lo largo de una década ha buscado espacios tanto físicos como intelectuales para hacer visibles sus áreas de cohesión. Es un espacio que exhibe las coyunturas en su práctica artística y en su afición por la cultura de consumo masivo que ha definido a México durante los últimos veinte años. Telenovelas, videoclips, comics, grafitti, punk… la tendencia de aceptar un legado cultural marcado por la proliferación de formas heterogéneas que tiene Neter, se vuelve evidente en su decisión de no remozar el interior de la casa (fuera de lo que me imagino fue una limpieza muy necesaria). Mientras Axel Velázquez, coordinador de Neter, nos da el tour de las viejas estancias, casi puedo escuchar a los fantasmas rave, fiesteando entre luces neón y vomitando sobre las paredes negras como si todavía fuera el 2002. Los grafittis más recientes se entrelazan con la vieja yesería sobre un sillón donde una chica plácidamente mueve una mano tatuada sobre su cuaderno de dibujo, dándole vida a un monstruo antropomorfo post-Nickelodeon.

Videos by VICE

Actualmente, Neter exhibe el Pabellón Ramíres, que surge del interés del artista Ramiro Chaves por los pabellones elaborados por México en el marco de distintos encuentros internacionales, particularmente aquel diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez en Sevilla en 1992. Es de dicho pabellón –y de la particular ortografía del apellido de Ramiro– que surge el título de la exposición. La tradición de los pabellones se remonta al sigo XIX, en que estos eventos fungían como cónclaves internacionales en los que las ciudades más cosmopolitas podían asombrarse ante los desarrollos tecnológicos que acontecían en alguna otra parte del mundo. Este ejercicio de congregación y diálogo se ve reflejado en la disposición del Pabellón Ramíres, que emplea la dinámica de trabajo de Neter así como su espacio para reunir y exhibir la obra de once artistas.

Los pabellones eran construidos específicamente para un determinado evento, eran una imposición por parte de los arquitectos comisionados para construirlo. Este trabajo es más bien una negociación con las determinaciones arquitectónicas. Las obras ocupan un espacio en la construcción anexa a la casa principal buscando redefinirla como lugar de exhibición pero sin ignorar que dicho lugar ya existía antes. De tal forma, una serpiente de papel (¿o es un dragón? Yo quiero pensar que es un dragón), obra de Jimena Schlaepfer, atraviesa una serie de muros mientras la intervención de Jesus Caba tapiza una habitación con una tipografía diseñada por él. Sobre las paredes aún alcanzan a verse los viejos espectaculares que un antiguo cuidador pegó en un intento de hacer al lugar más amigable para las fiestas infantiles. En vez de removerlos, permiten que la cara a medio arrancar de Nichole Kidman le sonría al lago creado por Axel Vázquez en el interior de otra estancia. Tal como ha hecho Neter durante diez años, el Pabellón Ramíres trabaja de la mano con su espacio para convertirlo en algo más.

Una de las obras más memorables es la enorme equis construida a partir de acero y agua que, literalmente, refleja el interés de Ramiro Chaves por explorar las apariciones de esta forma dentro del contexto mexicano. No sé ustedes, pero yo estoy predispuesto a que me agraden las cosas con agua; sobre todo en mayo. Más allá de eso, la obra se apoya de una investigación accesible al público en la sala de documentación que recoge letras equis de todas partes, desde el corte de planta para el pabellón mexicano instalado en Sevilla en 1929 hasta el logo de la cerveza XX. Al igual que el resto del Pabellón, la escultura de Ramiro Chaves es mitad creación y mitad apropiación. Es un ejercicio creativo que emplea las oportunidades ofrecidas por las circunstancias. ¿Por qué querrías un cubo blanco cuando puedes trabajar con un ex hoyo ravero?

Neter está conformado por Ramiro Chaves, Jimena Schlaepfer, Marcos Castro, Greta Gamboa, Alejandro García, Cynthia Yee, Alex Bolio, Mariana Magdaleno, Carlos Olvera y Christian Castañeda. Se ubica en el número 11 de la Calle 6, en la colonia San Pedro de los Pinos.

Thank for your puchase!
You have successfully purchased.