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Vincent Moon, un explorador musical de visita en España

Esta semana estará en Madrid y en Barcelona presentando sus nuevos vídeos de la serie ATP y también hablará de su vida nómada, del cine, de las nuevas tecnologías y de la música. Nos pusimos en contacto con él para que nos hablara un poco más de sus...

Juanjo Villalba

Juanjo Villalba

En Vice nos encanta Vincent Moon, el cineasta francés conocido por su proyecto Take Away Shows (Conciertos para llevar) creado para el blog francés La Blogotheque, una serie de grabaciones en vídeo de músicos tocando en riguroso directo, registradas en lugares poco habituales y que se colgaban en la web de forma gratuita. Durante los cuatro años que estuvo en ese proyecto, Moon rodó más de 200 vídeos con gente como REM, Arcade Fire, Surfjan Stevens, Tom Jones, Sigur Ros y muchos más. Fue en aquellos años, entre 2006 y 2009, cuando dio forma a su estilo, caracterizado por una especie de extraña intimidad con el músico, sin ensayos previos y con tomas muy largas y, en muchos casos, únicas. Todo con el objetivo de capturar la música y el arte de los músicos en su forma más pura y directa.

El estilo de Moon no tardó en crear escuela y el New York Times lo bendijo al declarar “Vincent Moon ha reinventado el vídeo musical”. Ya durante los años de La Blogotheque, Moon comenzó a trabajar para el festival ATP en el Reino Unido. Aquellas grabaciones acabaron formando parte del documental All Tomorrow’s Parties (2009), que codirigió con Jonathan Caouette y que tuvo unas críticas inmejorables. También en colaboración con este festival, creó una serie de vídeos experimentales y gonzo que salieron bajo el nombre de From ATP.

Desde 2008, Vincent Moon lleva un estilo de vida nómada. No tiene una casa, viaja solo con una mochila y vuela de un país a otro sin comprar nunca billete de vuelta. Tira de amigos para dormir, trabaja siempre con equipos locales y se dedica a ir en busca de la música más pura.

En mayo de 2011, Moon lanzó la Collection Petites Planètes, un sello de música y películas nómadas en el que recopila grabaciones de personas, cultura, música, religiones y rituales del siglo XXI. Como todo el trabajo de Moon, todo lo que saca Petites Planètes tiene licencia Creative Commons y se financia casi exclusivamente mediante donaciones a través de su página web.

Mañana día 4 a las ocho de la tarde estará en la Cineteca de Madrid para presentar sus nuevos vídeos de la serie ATP y hablar de su vida nómada, del cine, de las nuevas tecnologías y de la música. Al día siguiente estará en Barcelona, concretamente en Hangar, a la misma hora.

Nos pusimos en contacto con él para que nos hablara un poco más de sus proyectos y de su forma de trabajar.

VICE: Hola Vincent, ¿cómo estás? ¿Te apetece responderme a unas preguntas?

Vincent Moon: Hola Juanjo. La verdad es que el vino chileno corre ahora mismo por mis venas así que perfecto.

¿De dónde vienes? ¿Qué has estado haciendo en los últimos tiempos?

Me he tomado vacaciones desde diciembre. Estuve en Vietnam y Laos en busca de la música para entrar en trance que tradicionalmente se ha tocado en esos países. Antes de eso estuve en el sur del Cáucaso buscando música relacionada con la vendimia. Todo para mi colección Petites Planètes, mi sello de música rara y antigua a través del cual publico vídeos y álbumes digitales gratuitamente en internet bajo licencia Creative Commons.

Siempre trabajas con equipo local, viajas solo con tu cámara. ¿Por qué?

Esto me da más libertad y me permite improvisar mucho más a la hora de realizar las grabaciones. Muchas veces simplemente me planto en un sitio del que no sé nada en absoluto y conforme pasan los días decido qué tipo de vídeo me gustaría hacer dependiendo de la situación social, la musicalidad del lugar, la probabilidad de grabar algo que nunca antes se había registrado de su cultura… En lo que yo hago no tiene mucho sentido volver a hacer algo cuando alguien ya lo ha hecho. El hecho de trabajar solo o con gente local amateur, nunca profesionales, me hace mucho más fácil dejarme llevar.

Pero si todo tu trabajo se distribuye mediante Creative Commons y no tienes el patrocinio de una marca o un estudio, ¿cómo te lo montas con el tema de la pasta?

Básicamente trato de vivir con lo menos posible y recibo el apoyo de gente maravillosa de todo el mundo.

Recuerdo el vídeo que hiciste para los Take Away Shows con Enrique Morente. Aunque estaba viendo un vídeo, tuve la sensación de desplazarme dentro de una fotografía. No sé, como dentro de un momento mágico. ¿Es eso lo que pretendías expresar o no he entendido nada de nada?

Nunca intento transmitir nada específico. No existe un significado en mis vídeos. Ni siquiera sé lo que va a pasar cuando los estoy rodando, me dejo llevar. A veces yo mismo reviso mi trabajo e intento entender qué es lo que hay detrás de mis propios vídeos. Creo que lo ideal es que al terminar un vídeo yo quede en el mismo lugar que el espectador, sin saber mucho más que este.

Tú retratas la música de una forma básica y directa. ¿Qué opinas de la gente que gasta millones para hacer un videoclip?

Me fascina. Te dejo a ti que interpretes esa fascinación.

Me extrañó leer no recuerdo dónde que no ves mucho cine, ¿por qué?

No, eso no es verdad. Es cierto que durante mucho tiempo no he podido ver cine debido a mis continuos viajes y a que siempre estoy rodando. Hacer 50 vídeos al año consume bastante tiempo, créeme, pero antes de llevar esta vida estaba todo el tiempo viendo películas. Trabajé en una tienda de DVD en París durante un tiempo y siempre pedía a las distribuidoras las pelis más oscuras y raras para poderlas ver yo. Al final nunca las vendimos. Ahora intento ver películas más a menudo a pesar de mi trabajo. También estoy investigando bastante en profundidad las representaciones etnográficas experimentales, como por ejemplo el trabajo del antropólogo Robert Gardner.

Tu labor de recorrer el mundo en busca de músicos me recuerda a lo que hizo Alan Lomax durante el siglo XX. ¿Te ves como un documentador de un determinado momento de la música?

Bueno, las cosas son muy diferentes hoy en día y no solo porque todo el mundo, incluso en la aldea más remota del mundo, tiene un teléfono móvil con el que puede grabar las viejas canciones de su abuelo. Lo que a mí me interesa de verdad es cómo conseguir capturar algo pero conservando su esencia. Una grabación es como la lápida de cualquier actuación en directo, como dijo Hakim Bey de forma brillante. Tenemos que intentar combatir este peligro a la hora de registrar las culturas populares que sobreviven en el mundo. Este mundo es muy diferente del de Lomax.

De todos los vídeos musicales que has hecho, ¿cuáles son tus favoritos?

En realidad solo he hecho 3 o 4 vídeos musicales en el sentido que se suele entender por “vídeo musical”. Yo no calificaría los vídeos que hago con músicos como vídeos musicales, sino como una interpretación de música en directo captada gracias al cine. No pretendo que esos vídeos pertenezcan a ningún género, son experimentos muy personales y durante años he tenido la suerte de que muchos músicos se hayan prestado a colaborar conmigo. Dejando esto claro, quizá mi trabajo en Chechenia sobre el sufismo es lo que más me gusta, porque aporta un punto de vista diferente de una región del mundo tremendamente desconocida.

Háblame del proyecto que vienes a presentar, From ATP.

Se trata de una colaboración de 6 películas con un rollo bastante gonzo (en Vice os van a encantar), que retratan la música rock, experimental, noise… También salen todas las drogas imaginables. Cada una de las pelis dura unos 30 minutos y muestra cómo es la vida durante los 3 días de duración del festival inglés ATP.

¿Cuál es el objetivo de irlo presentando por el mundo? ¿Cómo está siendo la experiencia?

Las proyecciones están provocando reacciones muy muy diferentes, cosa que me encanta. A veces la acogida es muy mala, como me pasó en Indonesia, donde me preguntaron si lo que quería mostrar era lo asqueroso que es el mundo ya que hay músicos buenísimos obligados a tocar en la calle. Pero en otros casos va muy bien, como cuando en Perú proyectamos 33 películas de música tradicional peruana en un edificio abandonado del centro de Lima frente a un público formado por 200 limeños que fliparon con la impresionante riqueza musical de su propio país.

Gracias Vincent, a ver cómo va en España.

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