Moda argentina: diez años a punta de cacerolazos

“Que se vayan todos”. 

Cacerola en mano, durante la última crisis en 2001, los argentinos salieron a desahogarse, con la bronca enredada en la garganta, pidiendo un cambio de panorama. La impotencia y las ganas de instaurar algo nuevo llegó a todas las esferas artísticas, incluyendo la del diseño de indumentaria.

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Fue precisamente en ese año que se realizó la primera edición del BAFWeek (Buenos Aires Fashion Week) un acto cultural y comercial donde se descorchó la botella y la música sonó a buen volumen para presentar a aquellos diseñadores que hoy son consagrados. 

La necesidad de romper todo, de incendiarlo y comenzar de cero se dio no solo entre las estructuras más robustas del país, sino también en la escena y los circuitos de la moda. Fue un momento justo en donde todo parecía haber colapsado. Fue ese, sin embargo, el momento preciso, el empujón necesario, la cachetada merecida que invitó a muchos a desarrollar lo que tanto anhelaban: tener un proyecto propio.

Así fue.

Hijos de sus propias ideas y necesidades, maestros en sus propias disciplinas y quehaceres, Martín Churba y Jessica Trosman le darían el starter a una máquina deslumbrante y bien aceitada que sería bautizada como la nueva moda argentina. Camila Milessi y Emiliano Blanco (Köstume), Cora Groppo, Vero Ivaldi, entre otros, fueron los primeros en patear la lonchera, en revolcar las cobijas y desgarrar sin remordimientos los paradigmas de los años 70 y 80, para dar a luz a una nueva raza de diseñadores: distintos e innovadores.

Las siluetas pasaron a ser descontracturadas, los géneros se resignificaron y las piezas se convirtieron en funcionales y dinámicas. Dentro del mundo y sobre todo en Latinoamérica, Argentina comenzaba a hacerse sonar en una sintonía diferente. Y la semana de la moda fue la vitrina para que ese show de tela, diamantina, clase y fiesta sucediera.

Hoy, después de mucho vagabundeo, de ciertos desmadres arrítmicos, el BAFWeek logró que las propuestas de las empresas del fashion mainstream y las de autor, pudieran sentarse juntas, conversar y tomarse un mate o un vodka sin hielo hasta terminar tendidas, una al lado de la otra, en el dancefloor. Las últimas, las de autor, han encontrado refugio económico en el mecenazgo de las marcas y el apoyo del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, sobre todo en estos últimos tres años, con el ciclo «Ciudad de Moda». Este último surgió para darles lugar a los nuevos diseñadores y, a la vez, potenciarlos para seguir sumando actores al gran mercado de la moda que es uno de los más poderosos de la capital argentina. 

Diez años después de que se le quitara por primera vez el corcho a la botella y las primeras modelos salieran a las pasarelas del BAFWeek, el beat que se marca en la feria de moda es otro, uno en el que el nuevo diseño desemboca en una mirada crítica a las tendencias que dicta la gran industria de la moda mundial y lleva adelante sus propios conceptos.

Aunque cada uno de los exponentes tiene su identidad definida, sí se encuentran patrones en común. Suelen tener menos de 40 años y con amplia formación académica, en su mayoría de la Universidad de Buenos Aires o de Palermo. Muchos se interesan por la sastrería con recortes y pliegues, los materiales de calidad y la confección perfecta que —casi— todos cumplen. En esta última edición, estuvieron presentes Daniela Sartori, Andrea Urquizu, la dupla Li Torres y Juan Hernández Daels.

Otra cacerola suena cuando la moda salta de la pasarela a la acera.

Una vez llevado al local, a la vitrina, lo difícil radica en encontrar ese equilibrio en el desarrollo de una prenda que esté entre el diseño puro y la pieza comercial. A nivel local, los diseñadores juegan duras batallas contra las prohibiciones en las importaciones de telas, en la búsqueda de personas que conozcan el oficio de coser y bordar y, a la vez, de recursos humanos que se encarguen del marketing. Fijar un precio que les signifique un plus digno para su trabajo puede ser algo así como bailar con la más fea. La crisis inflacionaria que hay en Argentina es desafiante y lleva a los creadores a buscar nuevas alternativas, tal como hicieron aquellos que fundaron esta etapa del nuevo diseño, que convive, comulga y come del mismo plato con sus otras dimensiones de la realidad para cobrar un sentido. 

Florencia Vergniaud. Periodista. Escribe para el suplemento «Mujer» del diario Clarín, y en su propia revista digital, Reina Pepiada.

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