DIGNITAS

Llovía un chingo y estaba casi empapado cuando
entré a uno de esos restaurantes que rellenan tu taza de algo parecido a café,
las veces que la santa paciencia de la mesera lo permita.

Me llevaron a una mesa y me ofrecieron
los especiales que había para cenar, a lo que amablemente le contesté que solo
café. No estaba dispuesto a probar las abominaciones engendradas dentro de esa
cocina. Solo estaba ahí por la lluvia.

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En la mesa de enseguida había una pareja,
la chica con cabello ridículamente voluminoso, Tina Turner en un día muy
húmedo, y un tipo con un mullet esponjado estilo Tigres del Norte. Discutían
acaloradamente sobre el derecho que cada persona debería tener para terminar
con su vida.

Edward Downes, Comandante del Imperio Británico y Caballero, trabajó alrededor de
cuarenta años en la orquesta filarmónica de la BBC, primero invitado, después
como el director y finalmente como director emérito. Siempre se sintió en casa
con las óperas de Verdi.

Él, de 85 años
y su esposa Joan de 74, decidieron quitarse la vida el día 10 de Julio del
presenta año, en la clínica Dignitas, en Suiza.

Downes estaba
prácticamente ciego, y junto con su esposa, padecían de enfermedades terminales
no especificadas por la familia, requisitos necesarios para que Dignitas asista
con el suicidio en cuestión.

El año pasado,
alrededor de 100 turistas murieron en los departamentos alquilados a Dignitas
en Zurich, dando origen a lo que esta siendo conocido como turismo de suicido.

Después de
varias consultas, debidamente separadas por un período de tiempo,  con médicos independientes, todos los
cuales deben determinar la existencia de una enfermedad terminal, se produce
algún tipo de prueba irrefutable de que el paciente desea terminar con su vida:
documento firmado por testigos independientes o video si el cliente es incapaz
de firmar con su puño y letra. También, Dignitas debe de comprobar que no
recibirá ningún beneficio con la muerte de la persona en cuestión.

El último
requisito de Dignitas, fue recordarles a Edward y a Joan que les
proporcionarían una dosis de sustancias que terminarían con su vida. Y
posteriormente darles tiempo para detener el proceso.

No lo hicieron.

Ricky y
bad-hair-day Tina Turner entran en una discusión más acalorada. Tina empieza a
insultar a Ricky, y Ricky la llama cobarde.

Dejé el dinero
de mi café sobre la mesa. Escribí la dirección web de la empresa helvética en
una servilleta y al levantarme de mi mesa, la dejé sobre la de ellos.

La lluvia
todavía no se detenía.

T.

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