Bruce Lee y el dilema de las artes marciales que no ganan peleas de calle
Bruce Lee

Bruce Lee y el dilema de las artes marciales que no ganan peleas de calle

La indignación que generó la golpiza de un maestro de Tai Chi a manos de un peleador de MMA da la razón al énfasis que en su momento puso Bruce Lee para que las artes marciales tuvieran aplicación en el mundo real.
7.6.17

Este artículo fue publicado originalmente en VICE Sports, nuestra plataforma dedicada a los deportes.

"Desesperanza organizada" es la frase que Bruce Lee solía utilizar para describir muchas de las prácticas preponderantes dentro del mundo de las artes marciales.

Lee contaba con un arsenal completo de este tipo de coloridas críticas y nunca tuvo pena de utilizarlas: "El desastre clásico", "el nado sobre tierra seca", "los robots con patrones". Aplicaba estos términos para argumentar contra las cosas en las que veía que las artes marciales se estancaban y para ilustrar su opinión en torno al número de practicantes que perdían su tiempo aprendiendo rutinas y coreografías, o como él las llamaba "técnicas artificiales… practicadas como rituales para simular un combate real".

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Por su popularidad duradera como ícono global resulta fácil olvidar que la perspectiva crítica de Bruce Lee no fue bien recibida por una gran parte de la comunidad de las artes marciales, particularmente antes de su éxito en la pantalla grande. De hecho, sus puntos de vista críticos le ganaron un par de desafíos subidos de tono y le crearon la reputación de "disidente maleducado". No obstante, aunque sus cándidas opiniones fueron casi siempre polémicas, éstas no carecían de precedente histórico.

Por ejemplo, más de 150 años antes, el emperador chino Jia Qing promulgó un mandato imperial donde incluyó su preocupación por los patrones de pelea de ese entonces: "Ahora el Wuyi [artes marciales] son movimientos decorativos… Solo utilizados para exhibiciones y espectáculos, y no para un uso práctico". En la década de los 30, el historiador chino de artes marciales Tang Hao impulsó una reforma dentro de la cultura e incitó a los practicantes a "enfatizar lo práctico y renunciar a los adornos".

El emperador, el dragón y el investigador argumentaban sobre la misma causa: el ornamento y el folclor ganaban una presencia cada vez mayor sobre la técnica del mundo real, el componente marcial de las artes marciales solo se alejaría más y más de las realidades del combate.

Con esta preocupación en mente, Lee bautizó su método "pelea callejera científica", y promovió un panorama marcial basado en hechos, impulsado por investigaciones y análisis, y también liberado de la mitología y la hipérbole romántica tan arraigada en este campo. Al citar "la pelea callejera", Lee enfatizaba la aplicación práctica dentro del contexto marcial más impredecible, en donde "el combate no está fijo, sino básicamente 'vivo'".

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Más de cuatro décadas después de su fallecimiento, la identidad reformista de Lee sigue siendo increíblemente relevante para la historia de la cultura marcial, al igual que las tensiones perennes que aún habitan en el panorama de las artes marciales del siglo XXI.

Bruce Lee en las calles de Oakland en 1965. Foto cortesía de Barney Scollan

Campo de estudio

Para cuando abordó un barco de vapor en la primavera de 1959 para dejar Hong Kong e ir a San Francisco, Bruce Lee poseía una noción matizada de las artes marciales basada en experiencia tangible e inmediata. Aunque apenas tenía 18 años, su inmersión en el robusto ámbito de la cultura de pelea de Hong Kong en la década del cincuenta le inculcó una concepción de pelea predicada con base en encuentros "vivos" en las calles más que en entrenamientos de salón.

La escena callejera de las artes marciales en Hong Kong estaba basada en las muchas escuelas de kung fu que aparecieron en la colonia británica tras la victoria comunista en China en 1949, e involucraba a practicantes adolescentes en retos a manos descubiertas. Cuando la policía local comenzó a catalogar a estos practicantes como jóvenes pandilleros, los jóvenes llevaron la acción a las azoteas, donde podían realizar sus peleas sin ser molestados por autoridades o por otros adultos.

Durante su adolescencia, Bruce no solo participó en estas peleas, sino que tuvo un asiento de privilegio para verlas con regularidad y valorar lo que era verdaderamente viable. Su maestro, el hoy glorificado Ip Man, maestro del Wing Chun, alentó a sus estudiantes a buscar una aplicación en el mundo real, más allá de conservarlo solo en el salón de clases. Tal como lo explica el amigo y compañero de clase de Bruce, Hawkings Cheung, "Ip Man dijo, 'No me crean a mí… Salgan y peleen. Pónganlo a prueba'". El tiempo que pasó Bruce en esta cultura de combate conformaría una base fundacional en la forma en que abordó las artes marciales durante el resto de su vida.

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Cuando Bruce llegó a Estados Unidos en la primavera de 1959, las artes marciales asiáticas iniciaban la propagación de su popularidad en occidente, y una parte importante de ese interés se basaba en una visión romántica del mundo oriental. Muchos jóvenes estadounidenses las percibían como las artes de combate secretas de una cultura mística y exótica. Aunque algunos explotaban ese estereotipo, Bruce lo condenaba: "El 80% de lo que están enseñando en China es un sinsentido. Aquí, en Estados Unidos, es el 90%". No es sorpresa que esta condena no fuera compartida por la mayoría de la comunidad de las artes marciales, particularmente porque procedían de un joven foráneo y bocón, pues era así como veían a Bruce.

Poco tiempo después de que inició la escuela en Seattle, Bruce tuvo su primer reto luego de una demostración pública en la que sugirió que el kung fu era un sistema de combate más rico que el karate. Esto antagonizó con el karateca local, Yoiche Nakachi, que era diez años mayor que Bruce, que había practicado el karate desde su niñez en Japón, y que era conocido por sus victorias en peleas callejeras por toda la ciudad. Cuando Bruce finalmente aceptó el desafío, acabó con Yoiche en 11 segundos, noqueándolo hasta la inconsciencia y dejándolo con una fractura en el cráneo. En lugar de que amainaran las críticas a Bruce Lee, estas crecieron.

"¿Funciona?"

A partir de 1962, Bruce comenzó a gravitar en Oakland, California, para colaborar con James Lee y su innovador grupo de colegas de las artes marciales. James tenía una reputación férrea de sus años de juventud como peleador callejero en Oakland, y operaba un interesante ambiente de entrenamiento desde su garaje, donde su énfasis era en la técnica que sería inmediatamente aplicable a encuentros en el mundo real.

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Bruce, James y otros notables de las artes marciales en el área de la Bahía (incluyendo a Ed Parker, Wally Jay, Ralph Castro y Al Novak), crearon un laboratorio único de las artes marciales en Oakland, donde practicaban durante el día y luego sostenían sesiones muy energéticas de lluvia de ideas que se extendían hasta la noche. En este ambiente progresista de las artes marciales, emergieron dos puntos de énfasis principales: viabilidad e innovación.

"¿Funciona?", era la sencilla prueba de fuego con que se revisaba cada técnica, y la probaban con un análisis metódico bajo varios escenarios. Si la pelea callejera era "viva" y coreografiada, Bruce argumentaba, ¿por qué habría de prepararse para eso? "No hay forma de que una persona te pelee en la calle con un patrón fijo. Muchos practicantes simplemente ensayan rutinas sistemáticas y simulacros".

En Oakland, la innovación era vista como el antídoto para los retrasos de la rutina fija. En una época en que muchos maestros llevaban a sus estudiantes hacia un solo sistema, el campamento de Oakland abrazaba con entusiasmo la idea de mezclar los estilos y tomar cosas de la experiencia colectiva del grupo. Además de expansivo, ese enfoque era analítico: veían viejas películas de boxeo, discutían el trabajo de pie de los esgrimistas, debatían las circunstancias de los peleadores callejeros del pasado. En el proceso, Bruce Lee comenzó a visualizar un nuevo sistema.

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En el Torneo Long Beach inaugural en 1964, Bruce dio una demostración contestataria a una audiencia internacional de artistas marciales, en la que despotricó en contra de la muy practicada postura de caballo a la que calificó de impráctica, pues da "estabilidad pero no movilidad". Bruce también abogó por un enfoque individualista en el que el estudiante tenía prioridad sobre el sistema. La respuesta fue dividida. Algunos consideraban a Bruce como un visionario, mientras que otros no lo bajaban de ser alguien bocón y problemático. "Un poco arrogante", lo describió un participante en Long Beach.

Aunque Bruce alentaba las tensiones hacia un nuevo desafío de combate, todo se mantuvo en paz en Oakland mientras se convertían en pioneros de un futuro moderno en las artes marciales. Desde su garaje en el lado este de la ciudad, James Lee tenía su propio negocio de libros de artes marciales y diseñaba equipo de entrenamiento personalizado. En su siguiente aparición en Long Beach, Bruce exhibió equipo de entrenamiento innovador como una manera de sostener lo mismo sparring de full-contact y competencias de artes marciales. Ese era un marcado contraste con las competencias de contacto ligero y basadas en puntos que eran típicas de esa época.

Un amenazante peleador callejero en su juventud, James Lee personificaba las características de la gente de cuello azul en Oakland. A nivel conceptual, fue un innovador muy creativo de las artes marciales en Estados Unidos (Foto cortesía de Greglon Lee)

Teniendo en mente todos estos hábitos y puntos de vista, Bruce comenzó a incorporar la frase "pelea callejera científica" a sus demostraciones públicas que cada vez eran más vehementes. Inevitablemente, sus opiniones siguieron agravando las grandes diferencias que tenía con los practicantes del Barrio Chino de San Francisco, donde un veterano maestro del Kung Fu lo consideraba "un disidente con malas maneras". Durante una demostración frente a una enorme audiencia en el Barrio Chino en 1964, Bruce criticó a los maestros de la cultura local de artes marciales y los calificó de "tigres viejos sin dientes". Lógicamente, a eso siguió un reto para pelear.

El combate que ocurrió en Oakland entre Bruce Lee y el joven prodigio practicante del Barrio Chino, Wong Jack Man, es probablemente la más famosa pelea de artes marciales en la historia moderna. Bruce se quedó corto de sus propias expectativas luego de batallar para vencer de forma decisiva a su rival con la misma facilidad con la que lo había hecho en Seattle unos años antes. Ganó la pelea pero de una forma menos dominante.

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Lejos de quedarse a lamerse las heridas de una victoria poco satisfactoria, Bruce vio el incidente como un catalista para la evolución, y su sistema personalizado de Jeet Kune Do pronto comenzó a tomar forma tangible. Bruce sintetizó sus muchas influencias en un enfoque que mantuvo los principios de viabilidad e innovación de Oakland con un énfasis simple y directo. Y mientras Jeet Kune Do era la culminación de más de una década de investigación y aplicación por parte de Bruce, no era fija en estructura, aunque intentaba estar en constante evolución.

Medio siglo después, estos mismos principios siguen siendo ampliamente relevantes en el escenario de las artes marciales modernas.

El video no miente

Los videos recientes que se han hecho virales en los que se muestra a peleadores de MMA despachando rápido a practicantes de Kung Fu en peleas organizadas, son un buen ejemplo de la desconexión que Bruce Lee y otros reformistas intentaban mostrar a través de sus puntos de vista más críticos.

En una pelea en Malasia, el video muestra a un prácticamente de Wing Chun siendo derribado rápidamente, vapuleado y asfixiado en menos de 30 segundos por un rival con orientación hacia las MMA. Viendo la actividad previa a la pelea, no es difícil notar que el peleador de Kung Fu estaba más interesado en presumir posiciones como en un tipo de fantasía "Donnie Yen como Ip Man", que en realmente enfrentar el verdadero combate que tenía ante sí.

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Si hay algún mérito en el video más allá del simple espectáculo, es el solo hecho de que muchos practicantes siguen ajenos a la dura realidad de las artes del combate a las que le han entregado tanto tiempo y energía. Bruce se referiría a estos practicantes como "nadadores en tierra firme", y argumentaría que, para ser un peleador, necesitas aclimatarte al combate real, de la misma forma en la que un nadador necesita entender la realidad de tener el agua en el cuello.

Por supuesto, ningún video ha ejemplificado más claramente estos problemas que la exhibición en China en la que el peleador de MMA, Xu Xiadong, vence rápidamente al practicante de Tai Chi y con supuestos poderes místicos, Wei Lei. El incidente se convirtió en noticia internacional, y desató un fresco debate, como Xu esperaba, sobre la validez de las artes marciales en el mundo real.

La confrontación nació de una guerra de palabras en la que Xul calificó los supuestos poderes mágicos de Wei Lei como fraudulentos. Cuando el alegato escaló a una pelea real entre los dos, Xu fácilmente dominó a Wei en alrededor de 10 segundos.

Hablando en términos históricos, las peleas de este tipo no son nuevas. El historiador de las artes marciales, Ben Judkins, publicó un relato en su sitio Kung Fu Tea que describía un enfrentamiento de estilos diferentes en el que un practicante de Tai Chi perdió una pelea de exhibición de alto perfil en China en 1928. Antes de la época de la masificación del Internet, los primeros días de la UFC en los noventa también ofrecieron bastantes encuentros desiguales como para nuestra consideración. En la época de YouTube, esos escenarios ya no son reveladores, pues este tipo de videos sobre peleas salen a menudo y en abundancia.

Con todo esto en mente, ha sido el epílogo de la victoria de Xu Xiaodong sobre Wei Lei, más que la pelea misma, lo que resulta más revelador, y lo que dice bastante sobre la añeja renuencia que tiene la comunidad de las artes marciales para deslindarse de la mitología y abrazar la evolución hacia una realidad que esté basada en hechos.

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Tras esa victoria, Xu ha sido condenado públicamente por numerosas agencias chinas, incluyendo la Asociación China de Boxeo, y la agencia oficial de noticias, Xinhua. La Asociación China de Wu Shu declaró que la pelea "viola la moral de las artes marciales" (a pesar del hecho de que ambos peleadores participaron voluntariamente y de que el combate se realizó con un réferi). También parece que las autoridades gubernamentales han bajado el blog de Xu y han censurado los artículos relacionados con el combate. Colectivamente, la reacción al incidente dentro de China ha sido tan dura que ha provocado que Xu tenga que esconderse y emitir un comunicado: "He combatido contra el fraude, pero ahora me tienen en la mira".

Todo lo que ha pasado después del incidente resuena como una especie de venganza en la que hay que matar al mensajero, y que nos lleva a una especie de concepción de la tierra plana en las artes marciales. Al igual que Bruce Lee, Xu fácilmente podría ser considerado un "disidente con malas maneras" por sus declaraciones duras y ásperas. Pero la ofensividad de sus "malas maneras" no eclipsa el mérito de su desacuerdo, y esa venganza es una trama vieja dentro de la historias de las artes marciales, una que también afectó a Bruce Lee y a otros que se atrevieron a abrir la cortina de par en par.

Tang Hao fue el padre de la historia de las artes marciales modernas. Aunque su trabajo prevalece, muchos de los mitos que intentó derrumbar siguen presentes casi un siglo después.

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Desacuerdo original

Muchos artistas marciales están poco o nada familiarizados con el trabajo y la carrera de Tang Hao, aunque los historiadores y los académicos dentro del área siguen enamorados con él. Y con justa razón, pues Tang Hao fue el padre de la investigación sobre las artes marciales modernas y de la historia basada en hechos.

Su trabajo se remonta a la década de los veinte, cuando en una explosión en cuanto a publicación de libros, las artes marciales chinas seguían desprovistas de un enfoque histórico serio. Abogado de profesión y practicante experimentado de las artes marciales, Tang Hao escribió numerosos libros y artículos en que consideraba mucha de la historia prevaleciente alrededor de las artes marciales chinas como simple folclor.

En 1920, publicó Estudio del Shaolin y el Wudang, en que abordaba la disparidad entre los hechos y el folclor en la historia de las artes marciales chinas, poniendo en la mira, según Ben Judkins, "a tantas vacas sagradas como fuera posible". Desechó mucha de la mitología relacionada con el Templo Shaolin, y criticó mucho del misticismo con que se dotaba a las artes marciales en su tiempo.

Al establecer límites claros entre la mitología y los hechos, el trabajo de Tang Hao no fue recibido con interés o gratitud por la comunidad china de las artes marciales, sino con hostilidad y rabia; y tal como un amigo suyo escribiría en un obituario, "algunos practicantes despiadados y autoproclamados del Wudang y el Shaolin hicieron un plan para atacar a Tang Hao y golpearlo". Esto solo fue evitado cuando un respetable tercero intervino a su favor. A pesar de estas tensiones, durante el resto de su carrera, Tang Hao seguiría escribiendo y promoviendo una historia de las artes marciales chinas basada en evidencias.

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Casi un siglo después, su obra se sostiene, aunque es probable que a Tang Hao le resultara desalentador ver a tantos practicantes en la actualidad que se siguen apegando a la mitología en pleno siglo XXI, como por ejemplo que las artes de combate asiáticas se originaron en el Templo Shaolin. La leyenda dice que el casi mítico Bodhidharma le pasó una serie de ejercicios de combate a los monjes Shaolin para vigorizar su estado físico, en el siglo V A.C. Hay bastante evidencia que prueba lo contrario (en la cual los historiadores apuntan a una confluencia de factores dentro de China que vieron el surgimiento de los estilos de combate sin armas alrededor del siglo XVI). Aun así, la leyenda de Bodhidharma persiste en 2017, a pesar de que sería el equivalente a un atleta olímpico moderno diciendo que Zeus y los dioses del Olimpo son los fundadores de los Juegos Olímpicos.

Los historiadores de las artes marciales ven el hilo conductor en los afanes reformistas de Tang Hao y Bruce Lee. Tal como escribe el historiador Brian Kennedy, "muchos sistemas chinos de artes marciales se han vuelto, según las famosas palabras de Bruce Lee, 'confinados y distorsionados' por muchos rituales diversos, títulos diversos, teorías con poco o nulo sustento en la realidad, falso linaje, y resonancias pseudoreligiosas… Tang Hao, en la misma línea que Bruce Lee, quería que a las artes marciales se les quitara todo eso".

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En este sentido, tanto Tang Hao como Bruce Lee también habrían sido críticos de los supuestos poderes mágicos de Wei Lei, y habrían estado familiarizados con el tratamiento que Xu Xiaodong recibió después del combate.

Seishiro Okazaki (fila de abajo, al centro) fotografiado aquí durante un seminario avanzado de jujitsu en su casa de Hawai, el 22 de febrero de 1948. Las clases de Okazaki tuvieron mucha asistencia, y con los años enseñaría a miles de soldados estadounidenses en la YMCA de Honolulu. (Foto cortesía de Bernice Jay).

Escenario de prueba marcial

El debate que ha seguido a la derrota de Wei Lei ha involucrado perspectivas que son tan variadas y amplias como las artes marciales mismas. Salud y acondicionamiento son razones populares y legítimas por las que una gran variedad de personas buscan las artes marciales en el siglo XXI. Pero cuando se trata de este combate en China, no hay forma de evadir el punto central en cuanto a la viabilidad de las artes marciales. Tal como Bruce y sus colegas en Oakland se preguntaron: "¿Funcionan?"

Como muchos han señalado correctamente, la derrota de un practicante no es concluyente para descartar por completo el valor de cualquier sistema. Pero si el problema en cuestión es el componente marcial de las artes marciales, entonces no hay otro terreno para probar las artes marciales chinas que dentro del ring. Y en este sentido, también hay un precedente histórico positivo al cual recurrir.

En 1922, el peleador británico de peso pesado, Carl "Ko" Morris llegó a las islas hawaianas, y lanzó una invitación abierta a los practicantes asiáticos de las artes marciales para probarse con él en el ring. Morris tenía una reputación de ser abiertamente condescendiente hacia las artes de combate asiáticas, y su desafío de inmediato fue considerado un insulto para la gran comunidad inmigrante japonesa en las islas.

En ese momento, Hawai se estaba convirtiendo en el primer epicentro internacional de las artes marciales. Cimentado sobre las tendencias migratorias que generaban las oportunidades económicas en las islas, una gran variedad de estilos asiáticos de combate llegaron a las islas y rápidamente comenzaron a interactuar entre ellos.

"Hawai fue el primer gran centro de experimentación para las artes marciales asiáticas", explica el ecléctico maestro de las artes marciales, Dan Inosanto. "Es donde los chinos entrenaban a los japoneses, los japoneses a los chinos, los chinos a los filipinos, y los hawaianos mismos también se involucraban en esas artes". (Con esto en mente, es lógico que uno de los primeros sistemas modernos de artes marciales mixtas, el kajukenbo, naciera en las islas hawaianas).

El primer peleador japonés en tomar el reto de Morris fue noqueado en el primer round. Sin embargo, la comunidad japonesa de las artes marciales no concedió esto como evidencia de nada. Más bien, recurrieron a un artista marcial local que representaba la naturaleza multifacética de la cultura de combate hawaiana.

Seishiro Okazaki provenía de un extenso linaje de samurais japoneses. Como muchos otros en esa época, emigró a Hawai cuando era joven en búsqueda de oportunidades de trabajo en los cañaverales de las islas. Ahí, a los 19 años, comenzó a estudiar jujitsu como una forma de cultivar su salud física. Pasó los siguientes 12 años de su vida no solo practicando jujitsu (del cual dominó tres estilos diferentes), sino también cualquier otro tipo de artes marciales que encontrara en las islas: kung fu con un maestro chino de 78 años en Kohala, karate con alguien de Okinawa, pelea con cuchillos filipina, lucha occidental, y el Iua, arte marcial nativa hawaiana.

Al tomar el reto, Okazaki se preparó para la pelea investigando y probando técnicas que pudieran ser aplicadas contra un boxeador del tamaño y habilidades de Morris. Observó peleas de boxeo entre militares estadounidenses en la isla, y buscó diseñar una estrategia que pudiera ser eficaz contra la técnica pugilística. Tras semanas de investigación, Okazaki desarrolló una postura de pelea especialmente baja, en el razonamiento de que los boxeadores tenían poca práctica golpeando hacia abajo.

Seishiro Okazaki (sentado) fotografiado junto al estudiante Wally Jay, quien se convertiría en uno de los colegas más cercanos a Bruce Lee en Oakland. (Foto cortesía de Bernice Jay)

El 19 de mayo de 1922, Okazaki se encontró con Morris para una pelea salvaje. Pronto en el primer round, Okazaki juzgó mal el alcance de Morris y le rompieron la nariz. Pero regresó en el combate y pudo sacar dos veces a Morris del ring. Al ver que el boxeador dejaba su jab estirado mucho tiempo, Okazaki se agachó y derribó a su oponente en un movimiento que pareció romper el brazo de Morris. Humilde en la victoria, Okazaki visitó a Morris en el hospital. Después, Morris estudiaría jujitsu en la clase de Okazaki durante el resto de su permanencia en Hawai.

El reto de Xu Xiaodong a la comunidad de las artes marciales tradicionales chinas no es diferente al que Morris le lanzó a los japoneses en Hawai 90 años antes. Más que censurar los puntos de vista de Xu o poner excusas vacías para la derrota de Wu Lei, la comunidad de las artes marciales chinas debería estar ansiosa por encontrar un nuevo peleador que pueda estar a la altura del reto. Algunos se han ofrecido, pero el estado chino parece contento con reprimir públicamente a Xu.

Seishiro Okazaki no venció a Carl Morris con historias mitológicas o trucos mágicos. Le ganó con la investigación, con el diseño analítico, y la ejecución durante el combate. Eso era, esencialmente, lo que Bruce Lee llamaba "pelea callejera científica". Es tan relevante hoy como lo era entonces.

Este artículo contiene información que es un extracto del libro Striking Distance: Bruce Lee and the Dawn of Martial Arts in America.