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'Café y cigarro, muñeco de barro': comprobé si el refranero español es cierto

Analizamos varios refranes españoles sobre comida y los probamos.
chica sentada en el baño cafetera italiana
Todas las fotografías por la autora

El refranero español está plagado de dichos populares hechos a base de referencias gastronómicas. “Para hacer una tortilla hay que romper varios huevos”, “Tinto con jamón es buena inyección” o “Chocolate frío, échalo al río”. Son frases que, a simple vista, pueden parecer totalmente lógicas.

Existen tantos refranes sobre comida que incluso hay gente que los recopila en webs y los cataloga en función de cada manjar. Me flipa la cantidad de dichos dedicados al ajo, a los huevos o al pan. Algunos los conocemos todos, otros nos suenan de algo. Hay refranes que no los había oído en mi vida y creo que tampoco me sacarán de ningún apuro.

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Supuestamente, el origen de estas frases se fundamenta en la observación y en la sabiduría popular, pero no sé yo hasta que punto alguien se ha dedicado a comprobar empíricamente si son ciertas o no.

Eso es lo que estaba dispuesta a hacer yo: poner patas arriba los dichos culinarios españoles, dudar de aquello que hemos dado por cierto durante tantos años y discernir entre lo que funciona de verdad y lo que no. Empecé por las más míticas.

Café y cigarro, muñeco de barro

chica bebiendo café y fumando

Bebo café a diario, podríamos decir que es el motor de mis mañanas, pero no soy fumadora. Para poder comprobar este refrán hice una excepción. Después de servirme mi taza obligada de café de cafetera italiana, bajé a fumar con un compañero al que gorroneé un cigarro. Al subir en el ascensor ya notaba que algo estaba pasando en mi interior. Si ya según varios estudios el café provoca de por sí un efecto laxante, el hecho de mezclarlo con la nicotina provocó un cóctel molotov en mi sistema digestivo. Ya os podéis imaginar dónde acabó el primero de mis experimentos.

Ajo, cebolla y limón, y déjate de inyección

La gente estaba empezando a enfermar masivamente en la redacción. Se notaba en el ambiente. Uno estornudaba, la otra tosía y la de más allá hacía muecas de dolor cada vez que tragaba saliva. Estaba a punto de poner a prueba la sabiduría popular y desayunar la medicina perfecta para no caer enferma. Hice un cóctel a base de ajo, cebolla y limón para poner a prueba mi sistema inmunológico ante aquel ataque feroz.

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Tragarme todo eso de golpe fue una experiencia más desagradable que la vez que cociné con semen y me lo comí caliente y hasta finales de semana no caí enferma… quizás aguanté más que otros compañeros, pero ahora mismo estoy con una tos perruna que no me la quito de encima, por lo que el refrán debería ser: “Mejor la inyección a la cebolla el ajo y el limón”.

Comida fría y bebida caliente no hacen buen vientre

espaguetis y te

En esta ocasión elegí unos espaguetis sin salsa que había guardado en la nevera desde la noche anterior y que habían quedado amoldados y pegados al recipiente en el que los había guardado. Para acompañarlos, y como bebida caliente, opté por un té con limón. Mientras esperaba a que se diluyera el contenido del sobrecito, saqué la foto para inmortalizar el momento. Acostumbrada a tener el estómago revuelto como en los anteriores experimentos, esta vez, a parte de notar que la pasta sabía a serrín, aquello no le supuso ningún altercado a mi organismo. Podemos decir que otro de los refranes acababa de ser desmentido.

Leche y fruta, cagarruta

Desayuné, tal y como manda la oración, un vaso de leche y un par de piezas de fruta, por este orden. Odio la leche blanca. Recuerdo que de pequeña llegaba a tomarla recién ordeñada de la vaca, pero ahora no puedo con ella. Me tapé la nariz y me la tomé de golpe. Luego comí una manzana y una naranja. Dicen que si se hace al revés no provoca ningún efecto sobre el organismo, por lo que descarté realizar el experimento del refrán antagonista, “Fruta y leche, que aproveche”. No sé si fue porque me lo tomé todo muy rápido para no notar el sabor o bien por el mejunje que se creó en mi estómago, pero pude comprobar que sí, que esta segunda frase hecha también funciona.

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Después de comer miel, nada sabe bien

chica comiendo miel

Mis papilas gustativas no están nada acostumbradas al dulce en general. Los pasteles, postres y demás me empalagan y es algo que no soporto. Soy rarita, lo sé, pero seguro que hay más gente como yo y que mi sentido del gusto se puede considerar estándar. Le pegué un buen achuchón al bote de miel e intenté saborearlo como pude. Después preparé una cata de varios ingredientes que sí me gustan, como el plátano, el pan o el aguacate.

No acabo de entender muy bien el refrán, hay vinagretas en las que se mezcla la miel con otros ingredientes. Por mi propia experiencia, os puedo decir que si añades un toque de miel a la pizza, por ejemplo, queda dabuten, por lo que siempre la he concebido como un valor añadido. En cuanto probé la miel sola y a continuación los ingredientes seleccionados comprobé que estaba en lo cierto. Otro refrán quedaba cuestionado por mi experimento.

Quien cena y se va a acostar, mala noche quiere pasar

Dicen los médicos que lo ideal es esperar dos horas después de cenar antes de meterse en la cama. Yo no esperé ni cinco minutos. De hecho hasta tomé el postre en la cama ya que eran casi las doce de la noche cuando me puse a cenar. Llegué tarde a casa y entre que me puse a descongelar el pescado e hice cuatro cosas, me dieron las tantas. Cené un caldo de pollo con galets, una pasta de sopa tradicional de Catalunya, merluza y un yogur, todo regado con un buen vaso de vino blanco.

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Al amanecer me di cuenta de que tuve una noche normal, no noté ningún cambio respecto a otras noches. Si bien es verdad que nunca suelo hacer cenas copiosas —normalmente ceno una crema de verduras y poca cosa más— me aseguré de hacer una comida de tres platos para llenarme más de lo de costumbre. Puede que la certeza de esta frase dependa de cada estómago y que haya gente que no se resienta tanto como otra. El mío pasó la prueba de fuego por lo que, de nuevo, pongo en duda la oración.

A la hora del sudado, el agua fría a un lado

chica bicicleta estática gimnasio fitness

Estuve pensando cuál era la mejor manera de poner en práctica esta sentencia y llegué a la conclusión de que la manera más eficaz de conseguir un buen sudado no era llevar el anorak puesto en la oficina o poner la calefacción a tope. Así que por la tarde me vine arriba y me fui al gimnasio un par de horas hasta que logré entrar en calor. Llevaba conmigo un termo con agua caliente e iba bebiéndola a sorbos. No fue algo demasiado agradable y después de hacerlo debo advertir de la peligrosidad de hacer esto: llegó un punto en el que estaba medio mareada por el golpe de calor y di por acabada la prueba.

Los duelos con pan son menos

barra de pan

Había tenido un día de aquellos que es mejor no despertar. Creo sinceramente que cuando algo va mal hay un efecto de aleteo de mariposa que jode todo lo demás. Me hubiese gustado tener un helado en el congelador de esos de nueces de macadamia, o una tableta de chocolate negro para devorarla entera como en una secuencia de Bridget Jones. Pero no soy de esas. Entonces pensé en aquel refrán culinario que tantas veces había escuchado a mi abuela. Salí a comprar una barra de pan de aquellas que cuando están calientes son buenísimas pero cuando se enfrían parecen chicle. Me la empecé a comer hasta que no pude más. Aquella fue mi cena. Estaba tan llena que sentía que tenía un tapón en mi barriga. Al menos no me sentí tan vacía, por lo que creo que en esta ocasión el dicho funcionó.

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El que se acuesta con hambre sueña con viandas

Al día siguiente, y después de haber cenado la noche anterior casi una barra entera de pan, decidí preparar una cena más light a base de caldo depurativo hecho con apio y puerros. Media hora después de habérmelo tomado me quedé con hambre, pero estaba tan cansada que me fui a la cama de cabeza. Soñé que llegaba cinco minutos tarde a la oficina y que entraba en pánico porque todo el mundo estaba ya trabajando menos yo. Me entró tanta angustia que llegué casi veinte minutos antes por no llegar tarde. Las viandas ni verlas en mis sueños. Otro de los refranes que no se cumplió.

El vino alegra el ojo, limpia el diente y sana el vientre

chica con botella de vino

Estaba esperando a que llegase el final del experimento para encontrarme con este refrán. Siempre se agradece un buen vaso de vino. O una botella entera. Me confieso amante del vino, pero como me pasa con algunas parejas que he tenido soy fatal para elegirlo. Me da igual uno de estos baratos de un euro que el más exquisito de todos. Así que realicé una prueba low cost. El vino era tan fuerte que en nada y menos casi me estalló la cabeza. Mis ojos al día siguiente eran más bien los de un panda con insomnio, mi boca estaba más seca que cualquier desierto sin oasis y mi vientre era un piromusical sin descanso. El último de los refranes también había quedado en entredicho.

Balance final

De los diez refranes analizados, cuatro fueron corroborados y el resto quedaron desmentidos, subjetivamente, por mi análisis sensorial. Después de ver los resultados estoy realmente preocupada por la certeza del refranero español. Aunque es bien sabido que hay excepciones que confirman la regla me planteé si por extensión había otras frases hechas, no culinarias, que también eran erróneas. ¿Por qué hemos vivido engañadas durante siglos? ¿Qué pasará a partir de ahora? ¿Quién actualizará ese saber popular con nuevos refranes más en consonancia con los nuevos tiempos?

Sigue a Alba Carreres en @AlbaCarreres.

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