CÓMIC – ROGUE TROOPER VOL. 4


Se tiende, en general, a calificar Rogue Trooper de tebeo antibelicista, de cómic que se sirve de una base aventurera para poner el dedo en la llaga del sinsentido de la guerra, el sufrimiento del inocente, la deshumanización del soldado y toda la bienintencionada pesca habitual, pero aunque esto tenga su parte de verdad tiene también algo de subterfugio: el hecho de que el protagonista sea un soldado genéticamente modificado, un descamisado y expeditivo pitufo azul cobalto al que se dio vida en un laboratorio con el único propósito de que diera candela al ejército contrario, determina quiérase o no que en su desarrollo habrá bombas, sopapos y fuego a discreción, violencia a tutiplén por tierra, mar y aire de similar calibre al que daba cuerpo y sentido a Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997) o Soldier (Paul Anderson, 1998), dos films con un subtexto antiguerras más o menos claro pero que no tendrían razón de ser sin esa violencia que condenan.

Hablando claro: Rogue Trooper, el cómic, no es una biografía de Gandhi, y Rogue Trooper, el personaje, se dedica con pundonor profesional a insertar plomo por la vía rápida a los norteños que la merecen, que son todos y hablan con deje germánico, mientras sigue la pista planeta arriba y planeta abajo del traidor general sureño que provocó la muerte de sus compañeros G.I.’s y por poco la suya. Encontrar a esa sabandija traicionera y diezmar al enemigo es lo que le interesa a él, no precisamente evangelizar la paz y el amor universal, y leer cómo se las arregla para hacerlo es lo que me importa a mí, y no porque sea yo un militarista a ultranza sino porque entiendo que un tipo azul enfrentándose en un planeta yermo a un ejército superior en número y recursos es estimulante y es divertido. ¿Pasa algo?

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No sólo yo opino así. Durante años el Trooper fue el segundo personaje más popular de la casa británica 2000 AD, sólo por detrás del matasietes del Juez Dredd (una serie, la suya, más cínica, con más humor negro, pero igualmente de transfondo más complejo de lo que parece a simple vista). Decayó algo el interés tras la conclusión de la saga del general traidor, que son los hechos que se narran en Hasta Los Confines de Tierra Nu, el volumen que llegó recientemente a las librerías y me ha dado la excusa para escribir este texto tan o tan poco edificante, según se mire. Con este tomo, el cuarto, se cierra la primera parte de las andanzas del Rogue Trooper. Hubieran podido quedar ahí del mismo modo que el Quijote hubiera podido concluir cuando Cervantes le hizo volver a su pueblo apaleado y con el rabo entre las piernas. El soldado, en su caso triunfante y reivindicado a ojos del alto mando que le consideraba un desertor, regresaría más adelante porque el personaje daba juego, los lectores lo reclamaban y de su ausencia se resentirían las ventas de la revista, pero que quede claro, ¡eh! que si alguien decide hacerse con estos cuatro primeros volúmenes se va a encontrar una obra redonda por autoconclusiva y de una violencia con todo el subtexto que quieran pero sin escatimarla, por favor.

JESÚS BROTONS

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