La crisis del agro vuelve a hacer parte de la llamada «agenda pública» y ahora el lío es mucho más enredado, cuando estamos a un mes de elecciones. Mucho se habla del tema y del consecuente malestar campesino, pero de tanta tinta y cacerola que se le ha gastado ya es más bien poco lo que logramos comprender al respecto. Ahora que el país se prepara para el paro nacional agrario al que se ha convocado para el próximo lunes, en VICE quisimos comprender, de una vez por todas, qué carajos es lo que está pasando.
Compartimos nuestro intento con ustedes.
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Y aquí les va…
¿Y qué carajos es lo que está pasando?
• El año pasado el sector cafetero reventó: La caída de la producción, los bajos precios nacionales e internacionales, el alto costo de los insumos, las importaciones, las deudas, entre otra larga lista de cosas, llevó a los campesinos a manifestarse.
• Llegaron a algunos acuerdos con el gobierno, pero la cosa ya había empezado. Otras regiones del país que venían acumulando años de insatisfacciones empezaron a reaccionar también. Ejemplo: el Catatumbo, que se volvería un nuevo epicentro de la pelea.
• Desde 2009, los campesinos habían alertado al gobierno nacional y departamental sobre la crisis humanitaria que se vive en el Catatumbo. Entre 1999 y 2004, durante el auge del paramilitarismo, allí hubo 1.200 campesinos asesinados, 114 mil desplazados y más de 600 desaparecidos.
• Esto, inevitablemente, resultó en el quebrantamiento absoluto de las juntas locales de acción comunal, las cooperativas y en fin, todo el tejido social que estaba organizado.
• Luego de esto, se vinieron las fumigaciones y las erradicaciones de los cultivos de coca sin que hubiera una política pública establecida para manejar esta situación, de la que además vivían centenares de campesinos.
• A raíz de toda esta crisis, en 2010, los campesinos crearon un refugio humanitario en la zona y comenzaron a negociar con el gobierno. Negociaciones que, tres años después, se vieron frustradas por obvias razones: incumplimiento.
• Fue entonces cuando en agosto de 2013 los campesinos armaron el gran paro que muchos recordamos, inicialmente en Tibú (Norte de Santander). Asistieron en principio dos mil personas, luego cinco mil y para el tercer día, los campesinos ya tenían paralizado a Ecopetrol, a los palmeros y a todo el flujo vehicular de una parte importante del departamento.
• Este es un caso, pero el problema iba reventado en varios puntos del país. A partir de este paro, se reiniciaron las negociaciones con el gobierno. Fueron cinco intentos y 53 días de paro. En total, 17 mil los campesinos salieron a manifestarse, dejando como resultado el asesinato de cuatro, la detención de cinco y 200 heridos.
• Durante estas negociaciones, los campesinos pidieron algunas cosas puntuales, como declarar la Zona de Reserva Campesina del Catatumbo, la sustitución gradual de cultivos ilícitos, trabajar el tema de la minería (con la que no están de acuerdo) y claro: inversión y garantías.
• Así pues, en agosto de 2013, el gobierno y los campesinos firmaron el Acuerdo Social por el Catatumbo y el paro se levantó. El Presidente adquirió diversos compromisos con organizaciones de varias regiones del país y todos se fueron contentos de regreso a sus parcelas.
Pero… ¿qué fue lo que se pactó en este «acuerdo social»?
• Para empezar, se pactaron 186 puntos en varias zonas del país. El gobierno de Juan Manuel Santos se comprometió a garantizar que los campesinos pudieran vivir de sus cosechas, entre otras, a través de la venta de sus productos a buen precio, la regulación sensata de los precios de los insumos, la gasolina o los peajes, y, en algunos casos, ya que no los iban a dejar cultivar arbustos de coca, a por lo menos ofrecerles otra alternativa de subsistencia.
• Por su parte, las organizaciones le pidieron al gobierno que les permitiera ser propietarios de la tierra que cultivan y, además, le solicitaron que se les permitiera opinar y decidir sobre si desean o no convertir sus territorios en megaminas o embalses hidroeléctricos.
• Así mismo, el movimiento pidió representación en las juntas directivas y entidades del Estado y, de paso, que este destinara más recursos para el desarrollo del agro. Y por último, que el gobierno contribuyera a estructurar las llamadas «Zonas de Reserva Campesina», algo que todo el mundo pronuncia así no lo entienda, y que no significa otra cosa que darles herramientas legales a determinados territorios para que sean más autónomos y no les pasen por encima como siempre.
Y entonces, ¿por qué están alborotados de nuevo los campesinos?
• Aunque el gobierno dice haber cumplido 70 de los 180 puntos que se acordaron en el Acuerdo Social por el Catatumbo, los campesinos insisten en que los pactos no se cumplieron.
• Durante las negociaciones del año pasado, hubo más de 20 mesas, cada una de las cuales llegó a acuerdos particulares con el gobierno. Por ejemplo, una de las mesas, Dignidades Campesinas, tenía una gran preocupación por el tema de los subsidios y los precios de los insumos; la MIA (Mesa de Interlocución y Acuerdo), buscaba una reivindicación importante en lo que concierne al territorio y a la economía campesina; el CNA (Coordinador Nacional Agrario) insistió en los temas de territorialidad y minero-energéticos; la Organización Nacional Indígena de Colombia abogaba por los territorios ancestrales, y así sucesivamente…
• Como el tema resulta complejo, por no decir enredado hasta para el mismo movimiento campesino, uno de los fines de la cumbre que se celebró el pasado sábado 14 de marzo en Bogotá fue el de reunir a los diferentes grupos que recibieron «apoyo» del gobierno para hacer un balance general de las distintas mesas y producir así un pliego unitario que represente todos los intereses. Intereses que, por demás, también incluyen a los de los grupos indígenas y negros de Colombia.
• Indígenas, campesinos y negros buscaron ponerse de acuerdo pues en algunos territorios tienen sus diferencias por la forma de manejarlo. Durante la Cumbre la idea fue encontrar los puntos en común.
• Por lo pronto, todos marcharon hasta la Plaza de Bolívar. Con el encuentro que sostuvieron con el gobierno nacional, comienza el tira y afloje al tiempo que el pueblo canta: «Paro nacional».
¿Qué dice el Gobierno?
• Que de los 186 puntos hay de largo, mediano y corto plazo, y que los 70 que se han cumplido es porque se podían cumplir más rápido. Por ejemplo: créditos para insumos, presupuesto como nunca antes (5.2 billones según el Ministerio de Hacienda), bajar aranceles, refinanciar deudas y trabajar en las salvaguardias que buscan ponen límites al comercio internacional.
• Dicen que han permanecido en comunicación continúa con el sector papero, de lácteos y el arrocero, quienes han recibido estos beneficios. También explican que a los cafeteros les ha ido muy bien y que por lo tanto ya no necesitan todos los recursos que habían pensado.
• El presidente Santos declaró que otro paro agrario sería tenaz para Colombia y que no existe justificación para que haya una segunda parte.
¿Y ahora qué?
• De la Cumbre Agraria de marzo salió un pliego unitario de los ahí presentes. Quieren que se tomen medidas para afrontar la crisis de la producción agropecuaria (lo de los precios, subsidios, insumos, etc). Tener acceso a la propiedad de la tierra. Que reconozcan la territorialidad campesina (vuelve lo de las Zonas de Reserva Campesina). Y que las comunidades, los pequeños mineros y tradicionales hagan parte de la formulación de la política minera.
• Los campesinos dieron plazo hasta la primera semana de mayo para ver cambios, pero el paro ya está citado el 28 de Abril. Las dignidades, que no participaron oficialmente de la Cumbre Agraria, ya se pegaron a la vuelta.
• El gobierno ha intentado frenar la iniciativa por varios caminos. El ministro de Agricultura, Rúben Darío Lizarralde, presentó un informe de lo que se ha cumplido. Señaló que ya está en marcha una comisión para analizar lo del precio de los insumos; que se prohibió la importación de lactosueros de la Comunidad Andina y del Mercosur que habían invadido el mercado nacional; que se establecieron limitaciones (conocidas como como salvaguardias) para la importación de papá, fríjol, cebolla, arveja, tomate, entre otros; que están trabajando para frenar el contrabando, pero que eso depende de la Policía Fiscal y Aduanera; que se le dio más tiempo a los deudores. En fin, que las cosas están caminando.
• Las organizaciones campesinas dicen que, pese al compromiso, los insumos incluso han subido; que el contrabando sigue siendo un problema; que por ejemplo a los cafeteros les deben subsidios del Programa de Protección de Ingreso Cafetero (PIC) del año pasado y del primer mes de este; que los precios de compra están muy malos; que los creditos en general están enredados y que las medidas para los deudores solo cubre a algunos, particularmente a los que tienen créditos vencidos. En fin que la cosa no anda.
• El gobierno y los empresarios rechazan el paro. Los empresarios hablan de las pérdidas económicas que esto significa. El ministro Lizarralde dice que esto no es un paro agrario sino político y que está relacionado con las próximas elecciones presidenciales.
• Los campesinos siguen convocando a su gente para el 28 de abril y dicen que el gobierno no reacciona. Están llamando a todas las asociaciones campesinas, a todos los cabildos indígenas, comunidades negras, mineros artesanales o pequeños, transportadores y a todo el que se quiera solidarizar, a participar en el paro.
En fin, el gobierno seguro intentará seguir convenciendo a los campesinos hasta el último minuto, al tiempo que se iniciará una pelea mediática para ver hacia donde se carga la opinión pública. Los campesinos buscarán lograr solidaridad en las ciudades, vendrán a Bogotá y el campo volverá a ocupar la atención del país. La Habana estará pendiente y, nuevamente, lo que nunca se ha solucionado paralizará el país.
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