Olvídate de Ray Bradbury y de su fama y gloria en el hemisferio occidental. Me parece muy bien que se ponga poético imaginando sedosos campos de hierba que se mece al viento, y sus libros son gratos de leer, por supuesto, pero sus personajes no emiten sensación alguna de peligro. ¿Dónde están la irreverencia y la perversidad, dónde los polvos salvajes? Bradbury no escribe ciencia-ficción, escribe fantasía. Para niños en edad escolar. Cuando la ciudad de Chicago declaró hace un par de años que el 15 de abril sería oficialmente el Día de Ray Bradbury, ¿por qué no hubo saqueos y tumultos en las calles? Debería haber sido así porque, en primer lugar, Bradbury es californiano, y en segundo lugar porque no es Frederik Pohl.
Pohl, que cuenta hoy 89 años de edad, fue uno de los escritores más jóvenes de la Edad Dorada de la ciencia-ficción, y el único que en la actualidad sigue vivo. Padece una serie de achaques (por ejemplo, su mano derecha está paralizada en forma de garra, pero no entremos en detalles; la condición mortal es deprimente), y le cuesta horrores ir de un lado al otro de su vivienda, una amplia casa a las afueras de Chicago en la que pudimos ver una despensa enorme llena de latas de melocotón, un millón de libros y otro millón de figuritas de animales. Aun así, el hombre sigue deambulando por el mundo: ya ha estado varias veces en todos los continentes menos la Antártida, “lo cual obliga a expresar dudas sobre mi inteligencia”, dice él. “Pudiendo vivir en cualquier lugar de mundo, he pasado mi vida en el norte de los Estados Unidos. Aquí hace frío, algo que odio. Podría haber estado viviendo en Bermudas todo este tiempo”.
Vice: ¿Cuándo decidió que quería escribir?
Frederik Pohl:
Pues parece que de algún modo lo intuía. Escribió su primera historia completa de ciencia-ficción en octavo curso de inglés, cuando el profesor no le miraba, y no pasó mucho tiempo antes de que abandonara completamente los estudios.
Hoy en día, una reunión de adolescentes interesados en mundos imaginarios equivale a una partida de Dragones y Mazmorras con acompañamiento de pizza y cervezas. La posibilidad de que alguno llegue a tocar pelo es menor que la de sacar el 13 en un dado de doce caras 86 veces seguidas. Pero ustedes—Isaac Asimov, Cyril Kornbluth, Dirk Wylie, Don Wollheim y otros—, ustedes eran unos machotes.
Oh, venga ya.
Era habitual que utilizaran seudónimos. ¿Recuerda alguno divertido?
Pues es menos divertido que el nombre de Cyril Kornbluth. Usted tenía más de diez seudónimos, y durante sus primeros diez años de trayectoria no apareció nada bajo su nombre auténtico.
¿Cuándo empezó a darse cuenta de que sí lo era?
También decidió hacerse agente profesional y representar a los Futurians.
¿Como qué?
A los 21 años comenzó con la publicación de Astonishing Stories y Super Science Stories. ¿Cómo sucedió?
Mientras todo esto sucedía, Pohl había descubierto la Young Communist League. Miembro convencido y proselitista por espacio de cuatro años, persuadió a varios Futurians de que también se unieran. Pero hacia 1939, cuando la YCL cambió eslóganes combativos y vacíos como “Cuarentena al agresor” y “Muerte a los nazis” por el de “Mantened América fuera de la guerra imperialista”, las cosas ya se habían puesto demasiado… reales. Como Pohl escribió en 1978 en su autobiografía , “Fue como despertar de un placentero sueño de una patada en el estómago”. Comezó a espaciar su asistencia a los mítines y, con el tiempo, se desvinculó por completo del movimiento.
En 1943, con 24 años de edad, su primer matrimonio se había prácticamente desintegrado (Pohl ha estado casado cinco veces, tres de las cuales considera ahora “citas de fin de semana prolongadas”), decidiendo él que alistarse en el ejército era más sencillo que intentar conquistar a la chica que por entonces le gustaba. Por una curiosa coincidencia, empezó su servicio como observador meteorológico junto a su amigo, el iconoclasta de la ciencia-ficción Jack Williamson, y terminó escribiendo propaganda para el ejército en una base en las faldas del Vesubio, el volcán que arrasó Pompeya (Pohl está estos días acabando el borrador de una novela futurista en la que las ruinas de Pompeya se explotan como parque temático).
De vuelta a la vida civil, Pohl decidió ganarse un dinero rápido trabajando de redactor de textos publicitarios, pero no pudo permanecer mucho tiempo alejado de los mundos paralelos. Tras la World Convention celebrada en Filadelfia en 1947, Lester del Rey y él fundaron un nuevo grupo de escritores de ciencia-ficción, el Hydra Club, con Pohl haciendo de agente.
Inventó un sistema para conseguir historias de los autores; ofrecerles adelantos de su propio bolsillo (hoy, en tiempos en que los grupos tienen que pagar por tocar, nadie haría algo así). Sus incentivos a la escritura le dieron a Pohl un buen montón de relatos que ofrecer a los editores, y como resultado se le puede considerar el responsable de lograr que se publicara el primer libro de Isaac Asimov, , así como la antología . De hecho, dice él, la mitad de las historias que las principales revistas de ciencia-ficción publicaron en los 50 tuvieron su origen en su agencia. Usted no sólo era un agente de los de capa y espada. También un escritor dotado de una energía maníaca.
Encyclopedia Britannica Usted ha escrito libros sobre política [Practical Politics, 1971], ecología [Our Angry Earth, en colaboración con Isaac Asimov], los vikingos en Norteamérica [The Viking Settlements of North America, 1972], el príncipe Henry Sinclair [Prince Henry Sinclair: His Expedition to the New World in 1398, 1995], y los placeres de ir a los sitios donde la ciencia se explica o se lleva a cabo [Chasing Science, 2002]. Todo esto además de las docenas de novelas e historias breves en las que ha hecho algunas sorprendentes predicciones. Como en El Encuentro [Heechee Rendezvous, 1984], en la que unos terroristas se hacen con el control del inconsciente colectivo y lo utilizan como arma psicológica, controlando a las masas inculcando el miedo en sus mentes. Después un barco llega a puerto y libera esporas de ántrax. Y más tarde una aeronave se estrella contra un edificio y lo hace saltar por los aires. Suena mucho como el pasado año 2001.
Pero usted estuvo involucrado en la World Future Society, que intentaba dar con un modo de predecir el futuro.
No sólo es usted una bola de cristal, también es un romántico. ¿Por qué es casi el único que incluye historias de amor en su novelas de ciencia-ficción?
¿Qué diferencia hay entre la ciencia-ficción y la fantasía?
Hablemos de números por un momento. Pohl ha ganado al menos 16 galardones de prestigio por sus obras, y eso incluye seis premios Hugo y tres Nebula. Ha editado o coescrito relatos con todos lo grandes de la ciencia-ficción—Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Jack Williamson, Lester del Rey, L. Sprague de Camp, Robert Heinlein, Cyril Kornbluth, Donald Wolheim, Harry Dockweiler (también conocido como Dirk Wylie) y representado a muchos de ellos como agente literario, la mayoría siendo él todavía adolescente.
Y nunca ha dejado de escribir. , aparecido el pasado mes de agosto y escrito a dúo con Arthur C. Clarke, es el último libro que Clarke escribiera antes de fallecer. No es moco de pavo.
Pohl siempre ha sido un hombre con empuje, incluso cuando no está detrás de su escritorio. Tras arder su casa a principios de los 60, se hizo bombero voluntario. Su familia le suplicó que dejara esa actividad y les apoyara, y así fue cómo Pohl aceptó el primer trabajo que le ofrecieron, que no fue otro que recoger muestras de orina de caballos de carreras. Poco después, concretamente en 1962, Pohl arrojó luz sobre las técnicas de criogénica. También se convirtió en experto en adivinación.
¿Qué le sucedió en los 70 a nivel político?
Su esposa, Betty Anne Hull, se presentó en 1996 por el campo demócrata a las elecciones para acceder a la Cámara de Representantes, perdiendo ante el entonces presidente, un republicano. Betty, ¿qué nos puede explicar al respecto?
Betty Anne Hull: Mientras Pohl romantizaba la política y se apuntaba a hacer cosas que la mayoría de personas consideraría tontas o peligrosas, Bradbury, por entonces un adolescente, decidió que era pacifista y que no le iban a reclutar. Afortunadamente para él, el examen físico del ejército determinó que sin sus gafas estaba más ciego que Helen Keller, declarándole por tanto no apto para el servicio. De hecho, su acto político más valiente, sin discusión, lo llevó a cabo sobre el papel. Einsenhower había ganado las elecciones de 1951. Decepcionado, Bradbury compró una página entera de publicidad en el para publicar un texto en el que acusaba a los republicanos y a la fiebre anticomunista del senador McCarthy. “He visto demasiado miedo en un país que no tiene derecho a tenerlo”, escribió. “No quiero más mentiras, más prejuicios, más difamaciones. No quiero habladurías ni rumores. No quiero cartas ni llamadas anónimas de ningún campo ni de nadie”. Vaya, colega. Eso es dejar las cosas claras.
Pohl iba unos cuantos pasos por delante: dejó su trabajo de editor de meses antes de que Bradbury publicara su primer relato en esa revista. Más tarde ambos tendrían relaciones con el mismo editor, Bradbury vendiéndole historias como autor y Pohl haciéndolo como agente. ¿Se cruzó a menudo su camino con el de Ray Bradbury?
Usted explicó en una reseña de la biografía de Bradbury que un distinguido académico soviético especialista en ciencia-ficción vino a verle, y cuando usted se ofreció a llevarle a cualquier sitio al que quisiera ir, él dijo que quería ver “la casa donde creció el autor de ciencia-ficción más famoso del mundo, el señor Ray Bradbury”. ¡Uff!
Se muestra usted muy frío al respecto. ¿No se sintió ofendido?
¿Recuerda qué libro era?
Pohl ayudó a conformar el universo de la ciencia-ficción en el que Bradbury habita y del que sin embargo despotrica. Siempre atento a pillar cualquier migaja en el mundo de los escritores autónomos, Bradbury sempre se ha negado a que le calificaran de escritor de obras de ciencia-ficción, preocupado por que eso pudiera lastrar su carrera. Cuando la casa publicó sus , se sintió consternado al ver la etiqueta “Ciencia-Ficción” grabada en la portada. Para , Bradbury le dijo a su agente que le pidiera a la casa que omitiera la etiqueta. Pohl, por el contrario, no es hombre que oponga una sola queja.
Nadie recuerda a los primeros. Los segundos copan toda la atención. Tuve que llamar a diez librerías de Nueva York para encontrar un ejemplar de El Último Teorema. El único que tenían.
Betty Anne Hull: Es triste. Y no tiene sentido.
Me fastidia que la gente todavía no parezca saber quién es Frederik Pohl.
Pohl, que cuenta hoy 89 años de edad, fue uno de los escritores más jóvenes de la Edad Dorada de la ciencia-ficción, y el único que en la actualidad sigue vivo. Padece una serie de achaques (por ejemplo, su mano derecha está paralizada en forma de garra, pero no entremos en detalles; la condición mortal es deprimente), y le cuesta horrores ir de un lado al otro de su vivienda, una amplia casa a las afueras de Chicago en la que pudimos ver una despensa enorme llena de latas de melocotón, un millón de libros y otro millón de figuritas de animales. Aun así, el hombre sigue deambulando por el mundo: ya ha estado varias veces en todos los continentes menos la Antártida, “lo cual obliga a expresar dudas sobre mi inteligencia”, dice él. “Pudiendo vivir en cualquier lugar de mundo, he pasado mi vida en el norte de los Estados Unidos. Aquí hace frío, algo que odio. Podría haber estado viviendo en Bermudas todo este tiempo”.
Vice: ¿Cuándo decidió que quería escribir?
Frederik Pohl:
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Hoy en día, una reunión de adolescentes interesados en mundos imaginarios equivale a una partida de Dragones y Mazmorras con acompañamiento de pizza y cervezas. La posibilidad de que alguno llegue a tocar pelo es menor que la de sacar el 13 en un dado de doce caras 86 veces seguidas. Pero ustedes—Isaac Asimov, Cyril Kornbluth, Dirk Wylie, Don Wollheim y otros—, ustedes eran unos machotes.
Oh, venga ya.
Era habitual que utilizaran seudónimos. ¿Recuerda alguno divertido?
Pues es menos divertido que el nombre de Cyril Kornbluth. Usted tenía más de diez seudónimos, y durante sus primeros diez años de trayectoria no apareció nada bajo su nombre auténtico.
¿Cuándo empezó a darse cuenta de que sí lo era?
También decidió hacerse agente profesional y representar a los Futurians.
¿Como qué?
A los 21 años comenzó con la publicación de Astonishing Stories y Super Science Stories. ¿Cómo sucedió?
Mientras todo esto sucedía, Pohl había descubierto la Young Communist League. Miembro convencido y proselitista por espacio de cuatro años, persuadió a varios Futurians de que también se unieran. Pero hacia 1939, cuando la YCL cambió eslóganes combativos y vacíos como “Cuarentena al agresor” y “Muerte a los nazis” por el de “Mantened América fuera de la guerra imperialista”, las cosas ya se habían puesto demasiado… reales. Como Pohl escribió en 1978 en su autobiografía , “Fue como despertar de un placentero sueño de una patada en el estómago”. Comezó a espaciar su asistencia a los mítines y, con el tiempo, se desvinculó por completo del movimiento.
En 1943, con 24 años de edad, su primer matrimonio se había prácticamente desintegrado (Pohl ha estado casado cinco veces, tres de las cuales considera ahora “citas de fin de semana prolongadas”), decidiendo él que alistarse en el ejército era más sencillo que intentar conquistar a la chica que por entonces le gustaba. Por una curiosa coincidencia, empezó su servicio como observador meteorológico junto a su amigo, el iconoclasta de la ciencia-ficción Jack Williamson, y terminó escribiendo propaganda para el ejército en una base en las faldas del Vesubio, el volcán que arrasó Pompeya (Pohl está estos días acabando el borrador de una novela futurista en la que las ruinas de Pompeya se explotan como parque temático).
De vuelta a la vida civil, Pohl decidió ganarse un dinero rápido trabajando de redactor de textos publicitarios, pero no pudo permanecer mucho tiempo alejado de los mundos paralelos. Tras la World Convention celebrada en Filadelfia en 1947, Lester del Rey y él fundaron un nuevo grupo de escritores de ciencia-ficción, el Hydra Club, con Pohl haciendo de agente.
Inventó un sistema para conseguir historias de los autores; ofrecerles adelantos de su propio bolsillo (hoy, en tiempos en que los grupos tienen que pagar por tocar, nadie haría algo así). Sus incentivos a la escritura le dieron a Pohl un buen montón de relatos que ofrecer a los editores, y como resultado se le puede considerar el responsable de lograr que se publicara el primer libro de Isaac Asimov, , así como la antología . De hecho, dice él, la mitad de las historias que las principales revistas de ciencia-ficción publicaron en los 50 tuvieron su origen en su agencia. Usted no sólo era un agente de los de capa y espada. También un escritor dotado de una energía maníaca.
Encyclopedia Britannica Usted ha escrito libros sobre política [Practical Politics, 1971], ecología [Our Angry Earth, en colaboración con Isaac Asimov], los vikingos en Norteamérica [The Viking Settlements of North America, 1972], el príncipe Henry Sinclair [Prince Henry Sinclair: His Expedition to the New World in 1398, 1995], y los placeres de ir a los sitios donde la ciencia se explica o se lleva a cabo [Chasing Science, 2002]. Todo esto además de las docenas de novelas e historias breves en las que ha hecho algunas sorprendentes predicciones. Como en El Encuentro [Heechee Rendezvous, 1984], en la que unos terroristas se hacen con el control del inconsciente colectivo y lo utilizan como arma psicológica, controlando a las masas inculcando el miedo en sus mentes. Después un barco llega a puerto y libera esporas de ántrax. Y más tarde una aeronave se estrella contra un edificio y lo hace saltar por los aires. Suena mucho como el pasado año 2001.
Pero usted estuvo involucrado en la World Future Society, que intentaba dar con un modo de predecir el futuro.
No sólo es usted una bola de cristal, también es un romántico. ¿Por qué es casi el único que incluye historias de amor en su novelas de ciencia-ficción?
¿Qué diferencia hay entre la ciencia-ficción y la fantasía?
Hablemos de números por un momento. Pohl ha ganado al menos 16 galardones de prestigio por sus obras, y eso incluye seis premios Hugo y tres Nebula. Ha editado o coescrito relatos con todos lo grandes de la ciencia-ficción—Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Jack Williamson, Lester del Rey, L. Sprague de Camp, Robert Heinlein, Cyril Kornbluth, Donald Wolheim, Harry Dockweiler (también conocido como Dirk Wylie) y representado a muchos de ellos como agente literario, la mayoría siendo él todavía adolescente.
Y nunca ha dejado de escribir. , aparecido el pasado mes de agosto y escrito a dúo con Arthur C. Clarke, es el último libro que Clarke escribiera antes de fallecer. No es moco de pavo.
Pohl siempre ha sido un hombre con empuje, incluso cuando no está detrás de su escritorio. Tras arder su casa a principios de los 60, se hizo bombero voluntario. Su familia le suplicó que dejara esa actividad y les apoyara, y así fue cómo Pohl aceptó el primer trabajo que le ofrecieron, que no fue otro que recoger muestras de orina de caballos de carreras. Poco después, concretamente en 1962, Pohl arrojó luz sobre las técnicas de criogénica. También se convirtió en experto en adivinación.
¿Qué le sucedió en los 70 a nivel político?
Su esposa, Betty Anne Hull, se presentó en 1996 por el campo demócrata a las elecciones para acceder a la Cámara de Representantes, perdiendo ante el entonces presidente, un republicano. Betty, ¿qué nos puede explicar al respecto?
Betty Anne Hull: Mientras Pohl romantizaba la política y se apuntaba a hacer cosas que la mayoría de personas consideraría tontas o peligrosas, Bradbury, por entonces un adolescente, decidió que era pacifista y que no le iban a reclutar. Afortunadamente para él, el examen físico del ejército determinó que sin sus gafas estaba más ciego que Helen Keller, declarándole por tanto no apto para el servicio. De hecho, su acto político más valiente, sin discusión, lo llevó a cabo sobre el papel. Einsenhower había ganado las elecciones de 1951. Decepcionado, Bradbury compró una página entera de publicidad en el para publicar un texto en el que acusaba a los republicanos y a la fiebre anticomunista del senador McCarthy. “He visto demasiado miedo en un país que no tiene derecho a tenerlo”, escribió. “No quiero más mentiras, más prejuicios, más difamaciones. No quiero habladurías ni rumores. No quiero cartas ni llamadas anónimas de ningún campo ni de nadie”. Vaya, colega. Eso es dejar las cosas claras.
Pohl iba unos cuantos pasos por delante: dejó su trabajo de editor de meses antes de que Bradbury publicara su primer relato en esa revista. Más tarde ambos tendrían relaciones con el mismo editor, Bradbury vendiéndole historias como autor y Pohl haciéndolo como agente. ¿Se cruzó a menudo su camino con el de Ray Bradbury?
Usted explicó en una reseña de la biografía de Bradbury que un distinguido académico soviético especialista en ciencia-ficción vino a verle, y cuando usted se ofreció a llevarle a cualquier sitio al que quisiera ir, él dijo que quería ver “la casa donde creció el autor de ciencia-ficción más famoso del mundo, el señor Ray Bradbury”. ¡Uff!
Se muestra usted muy frío al respecto. ¿No se sintió ofendido?
¿Recuerda qué libro era?
Pohl ayudó a conformar el universo de la ciencia-ficción en el que Bradbury habita y del que sin embargo despotrica. Siempre atento a pillar cualquier migaja en el mundo de los escritores autónomos, Bradbury sempre se ha negado a que le calificaran de escritor de obras de ciencia-ficción, preocupado por que eso pudiera lastrar su carrera. Cuando la casa publicó sus , se sintió consternado al ver la etiqueta “Ciencia-Ficción” grabada en la portada. Para , Bradbury le dijo a su agente que le pidiera a la casa que omitiera la etiqueta. Pohl, por el contrario, no es hombre que oponga una sola queja.
Nadie recuerda a los primeros. Los segundos copan toda la atención. Tuve que llamar a diez librerías de Nueva York para encontrar un ejemplar de El Último Teorema. El único que tenían.
Betty Anne Hull: Es triste. Y no tiene sentido.
Me fastidia que la gente todavía no parezca saber quién es Frederik Pohl.
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