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medioambiente

El testigo estelar del caso de contaminación del Amazonas confiesa haber mentido

El testigo, un ex juez ecuatoriano, aseguró que los abogados de los residentes del Amazonas que fueron contaminados por Chevron le pagaron para que escribiera subrepticiamente el veredicto del tribunal — ahora, sin embargo, asegura que mintió.
27.10.15
Imagen por Dolores Ochoa/AP

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En marzo del año pasado, el gigante petrolífero radicado en California Chevron celebró una victoria tan formidable como épica. Después de casi 20 años de litigios en el amazonas ecuatoriano, la compañía fue exonerada de un delito de contaminación ambiental. El juez federal neoyorquino, Lewis Kaplan, decretó que la llamada sentencia del Lago Agrio interpuesta contra Chevron, había sido obtenida mediante fraude y coerción.

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La sentencia en cuestión había sido proclamada por el Tribunal Supremo del pequeño país andino y había castigado a Chevron con una multa de 9.500 millones de dólares por un delito de polución medioambiental.

En su decisión, fundada en las violaciones de la Ley contra los Delitos de Malversación, Estafa y Corrupción (RICO en sus siglas inglesas), el juez decretó que el abogado de los demandantes, Steven Donzinger, había incurrido en varios delitos. Se le acusaba de fraude postal, de extorsión y de sobornar a varios funcionarios para ganar el juicio contra Texaco. Se da la circunstancia de que Chevron había comprado Texaco en 2001.

El peso del caso había recaído durante mucho tiempo en el testigo estrella de Chevron, el ex juez ecuatoriano Alberto Guerra. Guerra ha admitido ahora que habría recibido astronómicas cantidades de dinero y otra clase de beneficios por colaborar con Chevron.

Guerra, de hecho, ha confesado en Nueva York que había llegado a un acuerdo fraudulento con los demandantes y con el juez instructor del caso, Nicolás Zambrano. Las tres partes pactaron entonces que Guerra redactaría el veredicto, que Zambrano lo firmaría como si fuera suyo y que ambos se embolsarían alrededor de 500.000 dólares, una mordida que sería provista por los demandantes.

En la sentencia del juez Kaplan a la luz de la ley RICO, el magistrado declaró que "las evidencias llevan a una sola conclusión: que Guerra había confesado el soborno y que había dicho la verdad sobre quien escribió la sentencia".

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Sin embargo ayer fue presentado un testimonio ante el Tribunal Internacional de Arbitraje por parte del gobierno de Ecuador, al que VICE News ha tenido acceso en exclusiva. En este, Guerra admite ahora que no hay pruebas para corroborar que existiera un soborno ni que fuera él quien redactó la sentencia. Guerra también ha confesado que muchas partes de su testimonio jurado que Kaplan había utilizado para impedir que Chevron cumpliera con la sentencia, habían sido exageradas. Y que, además, en muchos casos, ni siquiera eran ciertas.

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Para todos aquellos que han seguido el caso de cerca, como el grupo de protección del medioambiente Amazon Watch, las inesperadas confesiones de Guerra podrían significar el final de la batalla para Chevron. A fin de cuentas, ahora que su testigo estrella ha admitido haber mentido cuando prestaba declaración bajo juramento, el caso se les complica.

En este contexto, el hecho de que no existan evidencias de las denuncias que Chevron interpuso para desacreditar la sentencia ecuatoriana, complica todavía más las posibilidades del gigante petrolífero.

"Esto es como el hundimiento del Titanic para Chevron", ha proclamado Paul Paz y Miño, portavoz del Comité de Supervisión de Amazon Watch. "Guerra fue un testigo sin credibilidad desde el primer día. Y ahora ha reconocido bajo juramento que mintió sistemáticamente sobre todo el caso y sobre los principales cargos presentados entonces. O sea, que tanto el soborno como el redactado fraudulento del veredicto han sido ahora probados por el mismo testigo que los sacó a colación".

Sí, señoría. Mentí.'

Donzinger y su equipo legal han negado sistemáticamente que hubieran incurrido en negligencia alguna durante el caso Lago Agrio. Y han aprovechado para amenazar con interponer otra demanda contra Chevron por fraude y obstrucción de la justicia. Según Donzinger, las confesiones de Guerra son la prueba definitiva de que Chevron no tiene problema alguno en incurrir en conducta criminal "saboteando procedimientos legales en Ecuador y Estados Unidos". Donzinger considera que el objetivo del gigante petrolífero no es otro que responsabilizar criminalmente a la compañía.

"Chevron ha sido ahora vapuleada por el testimonio fraudulento de su principal testigo". Así lo ha expresado Donzinger en respuesta a las transcripciones publicadas por el Tribunal Internacional. "La última versión del testimonio de Guerra prueba ahora que Chevron pagó a su testigo estrella cantidades astronómicas para que este presentara evidencias falsas. Y lo que es peor: su objetivo no era otra que culpabilizar a las mismas víctimas ecuatorianas del envenenamiento producido por la corporación misma".

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Sin embargo, a ojos de Chevron, el juicio de 13 días, del que hay miles de páginas de confesiones, ha vuelto a demostrar que la compañía, cuyo valor estimado es de 200 mil millones de dólares, es inocente y que no ha incurrido en negligencia alguna.

"Las transcripciones son la prueba de que Chevron demostró la autenticidad de su caso ante el Tribunal de Arbitraje Internacional, ha declarado Morgan Crinklaw, portavoz de Chevron "Tanto el testigo como el testimonio de los especialistas confirman que el veredicto del juicio de Ecuador contra Chevron fue escrito fraudulentamente por Steve Donzinger y su equipo, y que, en virtud de ello, el único responsable al que se le puede exigir la compensación es al mismo gobierno ecuatoriano".

Cuando se le preguntó sobre Guerra, Crinklaw aludió al juez Kaplan, quien escribió en su veredicto que "Guerra ha actuado de manera engañosa y ha violado la ley en multitud de ocasiones […], sin embargo ello no significa necesariamente que deba de ser ignorado completamente".

En 2009, Chevron apeló al arbitraje internacional contra el gobierno de Ecuador, en virtud del acuerdo de inversión bilateral suscrito entre Estados Unidos y el país andino.

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Cuando el caso sea resuelto se determinará si la sentencia de 9.500 millones de dólares interpuesta contra Cheveron en 2011 es legítima. Sin embargo, es muy probable que las declaraciones proclamadas durante las vistas terminen por influir en el caso pendiente ante la ley RICO. Y es muy probable también, que, a consecuencia de ello, también afectarán al hecho más que probable de que los demandantes de Lago Agrio se lleven una tacada de los miles de millones que les adeuda Chevron.

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El interrogatorio de Guerra se alargó durante dos días, en el marco de una vista de dos semanas celebrada en Washington DC entre abril y mayo de este año. En respuesta a las preguntas directas de Eric Bloom, el abogado que representa a la República de Ecuador, el asediado Guerra se refiere a un tira y afloja entre él y la compañía. Según Guerra el conflicto entre ambos se habría alargado durante años.

Guerra admite que acudió a Chevron por primera vez en 2009, después de que Zambrano hubiese sido nombrado como juez instructor del caso. Y confiesa que volvió a acudir a Chevron en 2010. Si bien reconoce que Zambrano no estaba al corriente de sus encuentros con la firma estadounidense, Guerra también admite que propuso a la compañía "que acelerase el procedimiento" en 2009 para "encargarse del borrador del veredicto" en 2010. Guerra le contó a Chevron que ambas ofertas habrían sido autorizadas por Zambrano.

Guerra también usó la baza de la negociación y denunció las presuntas contraofertas que habría recibido de los demandantes para poder sacarle más dinero a Chevron.

"¿Recuerda de qué manera intentó negociar a su favor con los representantes de Chevron?", preguntó el juez Bloom a Guerra en alusión a los encuentros anteriores a las sesiones del mes de abril en el tribunal de arbitraje.

"Debo confesar que exageré un poco [algunas cosas], sí", declaró Guerra. Es como cuando buscas trabajo y te preguntan por cuál es tu experiencia. Y tú, que, de hecho, no tienes experiencia alguna, dices que sí, que bueno, que tienes diez años de experiencia. Digamos que es una situación equiparable a esa".

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"Entonces una de las maneras con las que intentó sacar partido de su posición fue mentir deliberadamente a los representantes de Chevron. Usted les contó que los demandantes le habían ofrecido 300.000 dólares, ¿no es cierto?", preguntó Bloom.

"Sí, señoría. Mentí", respondió Guerra. "Lo reconozco".

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Guerra said that these attempts to broker a deal with Chevron were not fruitful, but that after the final ruling was issued, in 2012, the company approached him ahead of the RICO case. His understanding of the meeting, Guerra said, was for Chevron "to request my cooperation for me to be the liaison with Mr. Zambrano."

During their meeting, which took place in a hotel in Quito, the company's star witness remembers Chevron representatives pointing him towards a pile of cash and asking for his cooperation.

"One of them took me by the arm and said, 'Look, look, look what's down there. We have $20,000 there,'" Guerra explained in his testimony before the tribunal. "Specifically, one of them was the one that led me to take a look at it. It was inside a safe."

In testimony before the tribunal, Guerra admitted that at this point he tried to get more money from Chevron. "At some point, I said, well, why don't you add some zeroes to that amount, and then later on I said, 'I think it could be 50,000.'"

After lunch, he said, Chevron representatives accompanied him to his house and that "an American man who was a computer technician" reviewed his computer, where Guerra claimed he had kept a draft of the final judgment that he had ghostwritten for Zambrano.

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"At the end, when the technical person said that he did not find the draft Judgment … amongst other things, then at around 5:00 or 6:00pm, they told me, look, we have $18,000 to give you for this. We were unable to find the document," Guerra explained. "Had we been able to find it, we would have been able to offer you a larger amount."

In January of 2013, Chevron moved Guerra to the United States, a fact that neither he nor the company disputes. Citing safety concerns in his home country, the company paid for immigration lawyers for him and his family, and currently pays him a monthly salary of $12,000 for housing and living expenses.

During the 14-month period between September 2012 and November 213, both parties confirm that Guerra has had at least 53 meetings with Chevron representatives.

Prior to the RICO case, Donziger and his legal team sought to have Guerra's testimony stricken from the record, arguing that, "Even if Guerra were an upstanding citizen, his testimony would be so tainted by Chevron's payments and benefits that it would need to be thrown out."

"I don't know whether or not this will cost him his $12,000 a month," said Paz y Miño, referring to the payment currently made by Chevron to Guerra. "But I wouldn't be surprised if it did — why should they continue paying him if he's not going to continue lying for them anymore?"

A Chevron lawyer told the court that " attested that Guerra has risked his life to "facilitate the truth" in the Lago Agrio case, the country's foreign minister, Ricardo Patiño, believes that his concessions confirm what the government has long suspected to be true, and further affirms the compromised nature of his testimony.

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"He became a partial witness in exchange for money, and this testimony became the basis that a North American judge used to determine there was corruption in this case," Patiño said. "It is unbelievable, really unbelievable than an ex-judge would accept resources directly from Chevron to speak in favor of the company, and to denounce the Ecuadorean justice system that he himself was part of."

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Guerra confesó que sus intentos por cerrar un trato con Chevron no surtieron el efecto deseado. Pero que, sin embargo, después de que fuera emitido el veredicto, en 2012, la compañía se dirigió a él en relación a la sentencia RICO. Tal y cómo él entendió su encuentro, contó Guerra, lo que sucedió fue que desde Chevron "me pidieron que cooperara y que hiciese de intermediario con el señor Zambrano".

Durante su reunión, que se celebró en un hotel de Quito, el testigo estrella del gigante petrolífero recuerda cómo los representantes de Chevron le pidieron que colaborara y acto seguido le mostraron un fajo de billetes.

"Uno de ellos me agarró del brazo y me dijo: 'Mira, mira, mira lo que hay ahí. Tenemos 20.000 dólares allí'", declaró Guerra en su testimonio ante el tribunal. "En realidad, fue uno de ellos en particular el que me llevó a echar un vistazo. El dinero estaba dentro de una caja fuerte".

En su declaración ante el tribunal, Guerra confesó que, llegado a este punto, intentó sacar más dinero de Chevron. "En un momento dado les dije, 'De acuerdo, ¿Y por qué no añadís algunos ceros más a esa cifra?' Y más tarde les dije 'Creo que podrían ser 50.000'".

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Después de almorzar, explicó Guerra, los representantes de Chevron le acompañaron hasta su casa. Y contó también que "un señor estadounidense que era técnico informático" estuvo inspeccionando su computadora. Guerra asegura que era allí, en su computadora, donde había guardado el borrador final de la sentencia que había escrito para Zambrano.

"El informático aseguró, entre otras cosas, que no había rastro del borrador de la sentencia. Entonces, alrededor de las 5 o las 6 de la tarde me dijeron. 'Mira, Podemos ofrecerte 18.000 dólares por esto. No hemos sido capaces de encontrar el documento", explica Guerra. "Si lo hubiésemos encontrado te hubiésemos ofrecido una suma mayor".

En enero de 2013 Chevron trasladó a Guerra a los Estados Unidos, un hecho que ni él ni la corporación petrolífera cuestionan. Chevron se avino a costearle al ex juez a todo un equipo de abogados especializados en inmigración para él y para su familia. El traslado se justificó por considerarse que el testigo no estaba seguro en su país. Actualmente Chevron le paga un salario mensual de 12 mil dólares para que pueda pagar su casa y sus gastos.

Entre septiembre de 2012 y noviembre de 2013, Guerra se habría reunido 53 veces con los representantes de Chevron, una cifra corroborada por ambas partes.

Antes de que saliera a la luz el caso RICO, Donzinger y su equipo legal intentaron eliminar el testimonio de Guerra de los registros documentales del caso. Su justificación "que incluso en el caso de que Guerra hubiese sido un ciudadano honorable, su testimonio habría resultado tan desacreditado por los pagos y los beneficios que recibió de Chevron que ni siquiera hubiese sido considerado".

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"No sé todo esto tiene o no un valor de 12.000 dólares al mes", razona Paz y Miño en relación al sueldo que Chevron le ingresa mensualmente a Guerra. "Pero no me sorprendería en absoluto que lo tuviera — de otro modo, ¿por qué deberían de molestarse en seguirle pagando si él ha decidido no seguir mintiendo en su nombre?".

Uno de los abogados de Chevron declaró ante el tribunal que Guerra ha puesto su vida en peligro para "facilitar el camino a la verdad" en el caso Lago Agrio. Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores de Ecuador, Ricardo Patiño, está convencido que las sumas cobradas son la prueba de lo que el gobierno viene sospechando desde hace años. Y afirma, también, que el testimonio de Guerra ha sido elaborado de mutuo acuerdo con la compañía petrolífera.

"Guerra se convirtió en un testigo parcial en el momento en que aceptó cobrar dinero. Y lo peor de todo es que su testimonio fue la piedra angular en que se basó un juez estadounidense para determinar que estamos ante un caso de corrupción", explica Patiño. "Me parece increíble, completamente increíble que un ex juez acepte el dinero de Cheveron para hablar positivamente de la compañía y para denunciar al sistema judicial ecuatoriano del que él mismo formaba parte".

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Una de las denuncias más importantes sostenidas por Chevron en el caso RICO es la acusación, confirmada por Guerra, de que el abogado ecuatoriano Pablo Fajardo, que trabajaba con Steven Donzinger, le habría entregado a Zambrano el borrador con el veredicto final del caso del Lago Agrio. Se trataría del mismo documento que Guerra habría revisado y editado para Zambrano, antes de que el juez en funciones lo emitiera. Guerra alega que recibió de los demandantes un salario de 1.000 dólares mensuales, por este y otros servicios.

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Guerra ha confesado bajo declaración jurada ante un tribunal que nunca ha sido capaz de reunir las evidencias que justificaran esos pagos. Igualmente, los analistas periciales de ambas partes también han convenido que el borrador del veredicto nunca fue localizado ni en la computadora de Donziger ni en la de Guerra.

Las transcripciones, que salieron ayer a la luz, contienen miles de páginas de diálogo entre decenas de expertos especialistas convocados tanto por Chevron como por el gobierno de Ecuador. Mientras los tribunales de Segunda Instancia de Nueva York contemplan ahora la situación, las partes esperan, además, la sentencia definitiva del Tribunal de Arbitraje Internacional, que podría ser emitida en cualquier momento.

Mientras tanto, Amazon Watch ha declarado que pretende convocar al departamento de Investigación Criminal de Estados Unidos para que examine el comportamiento de Chevron. Desde Amazon Watch están convencidos de que las acciones de Chevron desvirtúan y manipulan el sistema judicial estadounidense. Y no son los únicos convencidos de que las transcripciones podrían tener consecuencias muy graves.

"Nuestra intención es presentarnos ante los Tribunales de Segunda Instancia de Nueva York para poner en conocimiento del mismo todas las novedades", ha explicado Deepak Gupta, el abogado de apelación de Steven Donziger. Además de lo que él describe como "una abrumadora evidencia de polución en el terreno", Gupta cree también que los miembros del tribunal "han visto numerosísimas evidencias que refutan todas las denuncias de corrupción en contra de Chevron".

"Existe una nefasta y muy probable posibilidad de que el tribunal de arbitraje rechace los hallazgos de Kaplan", añade.

La ministra de Medioambiente de Ecuador, Lorena Tapia, confía que el veredicto se escuche mucho más allá de los límites de su pequeño país.

"Este ya no es solo un caso ecuatoriano — este caso representa a cualquier país donde pueda suceder lo mismo. Tenemos una responsabilidad que va más allá de nuestros propios intereses", ha dicho Tapia.

"Sabemos que el camino no será fácil. Pero estamos convencidos de nuestros argumentos. Y, bajo ningún concepto, vamos a renunciar a hacer todo lo posible para conseguir que la compañía petrolífera responda", añadió.

Sigue a Eva Hershaw en Twitter : @beets4eva