Alegre, mujeriego, cábula, platicador, refinado y hombre de letras, Gustavo Adolfo López Mateos es otro de nuestros hijillos de puta consentidos en la carrera política de México.
López Mateos, básicamente, sabía hablar, no importa a qué biógrafo te acerques, no importa la fuente o la perspectiva, todos concluyen lo mismo: Adolfo Lopez Mateos era un gran orador. Este don le abrió cantidad de puertas, cantidad de umbrales y, probablemente, cantidad de piernas…o rectos, vayan ustedes a saber.
Videos by VICE
Desde sus comienzos en el servicio público como agente del Ministerio Público en Tlanepantla, un municipio del estado de México, demostró tener verbo y pluma para el discurso, de esto hicieron uso distintos políticos, como Miguel Alemán en su campaña presidencial en 1931o el general Carlos Riva Palacio, entonces presidente del PNR (hoy PRI), hasta que Adolfo, con el sudor de la lengua, llegó a ser Senador.
«Hoy hago entrega total de mi vida a México»
La leyenda de hombre poeta seductor fue avanzando al rítmo de su carrera política y para el año 1958, Gustavo se convirtió en presidente de la República Mexicana.
No tan por abajo del agua, durante su gobierno se realizaron varias persecuciones políticas, asesinatos y encarcelamientos a periodistas, todo esto fue el aderezo con el que le dio de comer al pueblo de México. Libre pensador o no, fue un hombre del sistema, obediente de las reglas del partido en el gobierno y, a diferencia de sus bonitos discursos (que inclusive fueron grabados en disco), un hombre que distaba mucho de habitar el parnaso de la justicia y el bienestar popular.
«»En México no hay presos politicos, sino delincuentes comunes».
También creó el libro de texto gatruito.
Más
de VICE
-

Photo by TheStewartofNY/FilmMagic -

-

Photo by Paras Griffin/Getty Images for iHeartRadio -

Beats Solo 4 – Credit: Beats